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oopinionLa mayor utilización del agua en España corresponde a la agricultura (cerca de un 68%). Sin embargo, hay otros dos usos clave de este recurso: la refrigeración en las centrales térmicas y nucleares (17%) y el suministro urbano (15%).

La mayor utilización del agua en España corresponde a la agricultura (cerca de un 68%). Sin embargo, hay otros dos usos clave de este recurso: la refrigeración en las centrales térmicas y nucleares (17%) y el suministro urbano (15%).

 

El agua consumida en las ciudades es mucho menor que la empleada para producir los alimentos (que también serán ingeridos de forma mayoritaria en las urbes). Aún así, la enorme importancia para la población de disponer de agua potable en las casas y de tratar de forma correcta las aguas residuales convierten estos servicios urbanos en capitales. Y sobre ellos trata uno de los grupos de trabajo del próximo Conama 10, en este caso, coordinado por la Asociación Española de Abastecimientos de Agua y Saneamiento (AEAS).

 

“En las dos últimas décadas se ha avanzado mucho y, aparte de cubrir ya la depuración de agua de más del 80% de la población del país, España es pionera en desalación y destaca en la regeneración de aguas residuales”, comenta Fernando Porta, miembro del Consejo de Dirección de AEAS y coordinador de este grupo de trabajo del décimo Congreso Nacional del Medio Ambiente, que se celebrará en Madrid del 22 al 26 de noviembre. Como explica, tanto la reutilización de aguas depuradas como la desalación de agua de mar son consideradas fuentes alternativas, pero esto podría cambiar en el futuro. “El agua desalada supone ya un 3-4% del suministro urbano, esto ya no es un recurso alternativo”.

 

Justamente, este grupo de trabajo trata de profundizar en los retos de futuro de los servicios de agua urbana, en especial, de los relacionados con el cambio climático y del cumplimiento de las normativas europeas. “Es muy importante la Directiva Marco del Agua, una normativa que toca las tres claves de la sostenibilidad: la ambiental, la económica y la social”, incide Porta, que considera igual de crucial el proteger la calidad ambiental de este recurso como avanzar en políticas de tarificación que incentiven su uso de forma sostenible o de participación activa de los ciudadanos.

 

La posible disminución de este recurso en forma de lluvia por el calentamiento terrestre plantea la necesidad de buscar nuevos aportes de la reutilización, la desalación o incluso, en determinados casos, los trasvases. No obstante, según el representante de AEAS, los problemas de suministro a los que ya se han tenido que enfrentar poblaciones españolas en el pasado a veces han estado causados también por una mala gestión de los recursos disponibles. “Hay que gestionar bien la demanda, hay que concienciar al consumidor para que no despilfarre, a la vez que se reducen las pérdidas físicas”, indica el coordinador de este grupo, que también considera necesario alcanzar un pacto político y social. “Hay que evitar que los problemas del agua deriven en una cuestión política, los criterios deben ser los de eficiencia y no los políticos”.

 

En el año 2008 los españoles consumimos de media unos 130 litros por habitante y día, según los datos de la AEAS. “Estamos en la zona media europea en consumo, aunque siempre son delicadas las comparativas entre países”, destaca Porta, que cree que un factor esencial en la forma de disminuir el despilfarro del recurso está en la tarificación progresiva de su precio. Frente a los 1,50 euros/m³ que pagó de media un español en el año 2009 por el agua, un francés debió abonar casi 3 euros y un danés más de 4 euros. “Aquí todavía no se paga lo que vale el agua”, destaca este experto, que considera esencial repercutir los costes de las obras de abastecimiento para las zonas urbanas.

 

Innovación, participación social o actuaciones en el alcantarillado para evitar descargar agua no depurada cuando aumenta mucho el caudal por la lluvia, son algunas de las acciones a tener en cuenta para mejorar la sostenibilidad de estos servicios urbanos. Otro campo en el que actuar es el de la eficiencia energética, de hecho, en el Conama habrá una sesión de trabajo específica sobre este asunto coordinado por la Fundación Ecología y Desarrollo. El agua urbana está mucho más ligada a la energía de lo que se piensa y esto puede aumentar con el uso de agua desalada, que supone un gasto energético de unos 4kWh/m³. Como incide el coordinador del grupo de Conama 10, algunas mejoras podrían suponer importantes ahorros de energía e incluso se puede utilizar los propios caudales fluyentes de agua  de las plantas de tratamiento como fuentes alternativas con las que producir energía.

 
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