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El proyecto de ley de evaluación ambiental aprobado el pasado viernes en Consejo de Ministros supone una reducción en la calidad de dichas evaluaciones y favorece la mercantilización de la biodiversidad. El mayor temor consiste en que la creación de los bancos de conservación, incluidos en la reforma, permitan una especie de monopoly de la Naturaleza, un mercado financiero de activos medioambientales.

Este proyecto de ley da varios pasos atrás en materia de prevención ambiental. No soluciona los problemas de evaluación ambiental presentes en la ley aún en vigor, ni mejora la calidad de los actualmente insuficientes informes de impacto ambiental. Además, el recorte de plazos afectará a la calidad de las evaluaciones ambientales y a las posibilidades de participación pública y se merma el carácter objetivo y determinante de la evaluación de proyectos. La creación de decenas de miles de puestos de trabajo a raíz de esta reforma, tal y como se ha anunciado, podría ser a costa de la aprobación de proyectos de gran impacto, algo que en ningún caso debería ser una solución al desempleo.

Para Ecologistas en Acción, uno de estos retrocesos más peligrosos del proyecto es el de los bancos de conservación que el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente define eufemísticamente como un "mecanismo para evitar la pérdida neta de biodiversidad a través de medidas de compensación basado en el mercado".

Son más bien mercados financieros de activos medioambientales, que no aportan nada bueno a la conservación y mejora de la biodiversidad y, por el contrario, son un caldo de cultivo idóneo para la especulación y la pérdida de control legal sobre los recursos naturales más sensibles.

Con los bancos de conservación el Ministerio permitirá que proyectos que no debían ser viables por su elevado impacto ambiental, y que por eso requieren de medidas compensatorias, se puedan desarrollar comprando unos créditos valorados en función de mejoras ambientales que se lleven a cabo. La supuesta mejora ambiental adquirida no aportaría nada a la biodiversidad, pone precio en el mercado a labores de conservación y recuperación, algunas de ellas "teóricas", que tendrían que hacerse en todo caso. Y las convierte en moneda de cambio para daños ambientales graves. El efecto neto sobre la biodiversidad, en el mejor de los casos, sería nulo, cuando no negativo, ya que nada garantiza que la mejora vaya a funcionar o sea realmente equivalente al daño a compensar.

El mecanismo por el que se crean y negocian los créditos del llamado banco de conservación no es un mercado de títulos sobre activos ambientales otorgados a titulares de terrenos, los cuales se transmitirían en régimen de libre mercado y podrían ser negociables por terceras partes en mercados secundarios. Se crearía así un mercado que a último queda en manos de lo que decidan los mercados y, por lo tanto, de los intereses puramente económicos y especulativos.

Para Ecologistas en Acción es inadmisible que las leyes del mercado, cuyo fin último es la consecución de beneficios económicos, sean las que regulen a partir de ahora la conservación de muchos espacios naturales en los que se pretende construir proyectos que requieran la utilización de los Bancos de Conservación. La biodiversidad no tiene nada que ganar con los bancos de conservación y sí mucho qué perder.

 

Fuente: modificado de Ecologistas en Acción.

 

 
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