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monografasUna paloma come patatas con chile y coge tal diarrea que muere aplastada por un coche. Podría ser la sinopsis de una película muy extraña, pero se trata de una de las historias reunidas en El reino salvaje (La Cúpula), un tebeo de Kevin Huizenga que reflexiona sobre el impacto del hombre en la naturaleza.

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"Quise dar forma a la ansiedad deforme de la vida moderna. He utilizado aspectos de documentales, anuncios de televisión y cómics autobiográficos para hacer una mezcla divertida y, al mismo tiempo, aterradora", explica Huizenga (Harvey, Estados Unidos, 1977).

"En un sentido muy irónico, quería hacer algo parecido a los libros de Naturales que hay en los colegios. La crisis del mundo salvaje es como la niebla de los documentales de naturaleza: pueden resultar agradables e interesantes, pero a menudo tuercen la mirada hacia la enorme presión que la actividad humana pone sobre los ecosistemas", añade.

El ciclo natural de la vida

El libro incluye veinte historias cortas, autoeditadas por Huizenga, que luego fueron recopiladas en el número 4 de Or Else, aplaudido "comic-book" que el autor ha publicado desde 2004 en la editorial canadiense Drawn & Quarterly.

"Este cómic es una mezcla de todas las cosas que podemos ver un día cualquiera en plena calle. Puedes olvidarlas y seguir adelante o pueden perseguirte durante años y años. Es como cuando ves a un león que se come a una gacela, algo asombroso y banal, una parte más del ciclo natural de la vida animal", afirma Huizenga, que en estas viñetas concede protagonismo absoluto a su personaje Glenn Ganges.

"Lo dibujé por primera vez en El reino salvaje (historieta que da nombre al cómic); eso fue hace diez años. ¡Es increíble cómo pasa el tiempo! Necesitaba un personaje genérico y usé los nombres de dos ciudades que tienen la misma salida en la autopista. La señal reza: 'Glenn Ganges'", recuerda el ilustrador.

Una reflexión sobre la estupidez del ser humano

En último término, el cómic se transforma en una reflexión bastante surrealista sobre la estupidez del ser humano, incapaz de regular su forma de vida para hacerla más compatible con las necesidades del planeta. "No es una crítica en el sentido de un argumento estructurado, sino más bien la expresión de una sensación", apunta Huizenga.

"Mis objetivos cambian de un libro al siguiente; a veces trato de crear una trama que muestre la evolución de los personajes, pero aquí pretendía hacer una 'no-historia', una colección de cosas que se sumaban a ciertas emociones personales", señala el dibujante, que en su nueva obra juega con las estructuras tradicionales del cómic.

"Trato de ser muy sencillo y accesible, pero quiero que el lector se sorprenda con lo inesperado. Puede que este sea mi libro más extraño. Estaba experimentado, intentando hacer algo que, honestamente, no estaba muy seguro de que pudiera llegar a entenderse", confiesa.

Admirador declarado de Chris Ware, Huizenga reconoce la influencia que este autor ha ejercido en sus formas gráficas y narrativas. "Empecé a leer sus historietas en el instituto y son responsables de buena parte de mi forma de pensar. En este libro me acerco mucho más a Ware que en el resto de mis trabajos, incluyendo el tratamiento de la ironía", opina.

Una vez terminado el cuarto volumen de su tebeo Ganges, que debería publicarse antes de fin de año, Huizenga se ha puesto a trabajar en la reedición del cómic Gloriana. "Lo publiqué originalmente en 2004, y ahora lo voy a relanzar con una nueva portada", anuncia.


Fuente: rtve.es

 
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