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Recientemente el Perú obtuvo una nueva área protegida de costa, cuando el Ministerio del Ambiente, por Resolución Ministerial 251 del 16 de Diciembre del 2010, creó la zona reservada de Península de Illescas en la Región de Piura, 1,200 kms. al Norte de Lima, sumando 37,452.58 hectáreas (374.52 kilómetros cuadrados) y aproximadamente 75 kms. de longitud de costa, de un riquísimo territorio de geografía incomparable, compuesta de playas y bahías de aguas azules calmas y grandes extensiones de acantilados cercados por enormes macizos de montañas con alturas de hasta 480 metros sobre el nivel del mar y con profundas quebradas ricas en bosques de algarrobo (prosopissp) el mas fecundo y en menor stock el sapote (capparis scabrida) y aromo (acacia huarango)

Este excepcional logro para el Perú que incrementa la longitud de las áreas protegidas de costa en 49% y medido en superficie 14%, fue el resultado de un silencioso cuan perseverante trabajo de la organización civil Ecoplayas, que desde 1999 investigo la zona en el marco de su proyecto “Salvando la Costa” con el objetivo de ampliar la frontera de áreas protegidas de costa del Perú y el 6 de Julio del 2007 propuso al Estado el correspondiente expediente técnico para convertir a Illescas en área protegida. Estas en el país apenas significaban el 5% en longitud costera y el 0.25% en superficie del territorio nacional.

La importancia de la Península de Illescas es capital, para el país y el mundo, debido a su influencia geográfica climática. En el mar peruano existe la corriente fría de Humboldt, que viene desde la Antártida y es causante de la enorme riqueza de recursos hidrobiologicos que lo convierte en uno de los mares mas ricos del globo; esta corriente colisiona frente a las costas de la península de Illescas, con la corriente cálida del Norte y se desvían hacia el Oeste. Esto crea un ecosistema especial, donde pese a ser una latitud de clima cálido propio del Norte peruano con temperaturas ambiente de hasta 38º, se pueden encontrar especies como el pingüino de Humboldt (spheniscus humboldti), en estado de extinción que es propio de mares fríos.

En este benéfico mar se avistan especies migratorias de cetáceos como la ballena jorobada (megaptera novaeangliae) y endémicas como los delfines (capensis y tursiops truncatus), la nutria marina (lutra felina) en extinción, lobos marinos finos (arctocephalus australis) con loberas residentes en los acantilados costeros, que interactúan con hábitats en la cercana isla Lobo de Tierra y Lobos de Afuera. A sus costas arriban hasta cuatro especies de tortugas marinas procedentes de las Islas Galápagos y centroamérica buscando nutrientes en su alimentación, necesarias para su reproducción; estas especies migratorias en extinción, son la dorso de cuero (dermochelyz cortacea), la verde (chelonia mydas), la carey (eretmochelyz) y pico de loro (lepidochelyz olivácea).

El territorio continental de la península presenta una variedad inigualable de especies como los flamencos o parihuana andina (phoenicopterus chilensis) que pueden observarse en gran cantidad en sus playas y humedales próximos y el cóndor andino (vultur gryphus), ave de vuelo alto de mayor envergadura del mundo, que reside largas temporadas en sus alturas montañosas costeras y los acantilados para nutrirse con la carroña de los lobos marinos y sus placentas, abandonando su hábitat en los Andes nevados a grandes alturas sobre el nivel del mar.

Las playas de la península, son zonas de descanso de variadas aves migratorias procedentes del Norte del continente y Alaska, como el chorlito y los playeros. Asimismo los bosques ralos de algarrobos, resistente árbol de profundas raíces para nutrirse del agua subterránea y otras variedades vegetales, sirven de alimento a una fauna pintoresca y sorprendente como cabras y burros en completo estado silvestre, que beben el agua de manantiales escondidos entre las quebradas que conforman los macizos montañosos. Estos mamíferos son reproducción de especies huidas hace siglos del cautiverio en las granjas, que conformaron manadas que sobreviven naturalmente.

Este misterioso territorio es rico también en arqueología preinca, pues aquí se desarrollo la cultura Chusis (1,000 años a.c.) y la nación Sechura (400 años a.c.) culturas con propio dialecto y cuyos vestigios se encuentran prácticamente inexplorados entre las quebradas, las montañas y la franja costera. Estas culturas se confrontaron con la gran expansión del imperio inca que finalmente los absorbe, influyendo en su decadencia los fenómenos climáticos que son aquí muy intensos por el fenómeno de la “corriente del niño” que cíclicamente azota el Norte peruano. El Niño trastorna con su corriente cálida que cada cierto tiempo penetra profundamente hacia el Sur provocando lluvias torrenciales y enormes inundaciones en estos parajes secos de muy bajo índice pluvial. La península próxima al gran desierto de Sechura, el mas grande de la costa peruana, se convierte por estos trastornos climáticos, en enormes lagunas que modifican eventualmente de una forma radical su geografía y ecosistemas, exigiendo a las especies su máxima adaptación.

Este territorio es propiedad de la comunidad campesina de San Martin de Sechura, antigua comunidad descendientes de los chusis y los sechura, que recibió la propiedad en la época de la colonia por real cedula del Rey de España en 1,550, los comuneros dedicados al comercio, la agricultura, pesca y pastoreo, fueron un determinante apoyo para convertir el territorio en área protegida, objetivo que apoyaron decisivamente, con el fin de compartir su riqueza con todos los peruanos y poder realizar emprendimientos sostenibles como el ecoturismo, que constituyan una fuente de trabajo.

Los usos actuales del área son compatibles con una reserva, es un lugar deshabitado sin poblaciones y con baja intervención humana; donde se realiza pesca artesanal y deportiva de orilla y bote, por gente proveniente de Lambayeque al Sur y la caleta de Puerto Rico y Sechura al Norte. Existe también una empresa exportadora dedicada a la maricultura de conchas de abanico (argopecten purpuratus) que actúa amigablemente con el ecosistema y se encuentra certificada en sus procesos con ISO9001, IFS y FOS europeos, Vecino al Norte cerrando el ingreso a la península se encuentra el puerto de Bayovar, lugar donde la empresa paraestatal Petroperu embarca el petróleo del oleoducto Nor Peruano que viene desde la selva amazónica y recientemente se construyó muy cerca a aquel, el puerto de los fosfatos de Bayovar, explotación minera localizada al Este en el desierto que transporta también sus minerales por oleoducto.

Las amenazas mas importantes proceden de las numerosas concesiones otorgadas para prospección minera y petrolera, de la pesca depredativa de altura que incursiona sus naves ilegalmente en las 5 millas de exclusión para pesca artesanal, la pesca con chinchorro mecanizado o grandes redes de cerco que esta expresamente prohibida y finalmente la explotación ilegal de leña de algarrobo, todo esto ahora sujeto a control y normativa de una zona reservada.

Las oportunidades para esta nueva reserva son muy atractivas, el control del territorio asegura que sus costas marinas se convertirán en bancos de reproducción hidrobiología con un gran efecto positivo eco socio económico, su biodiversidad que incluye varias especies en extinción serán protegidas efectivamente y puede convertirse por su fauna, bellos paisajes y vestigios arqueológicos en un polo de desarrollo ecoturistico, al igual que ocurre actualmente con la Reserva Nacional de Paracas a 250 Kms. al Sur de Lima, que recibe anualmente mas de 100,000 turistas de naturaleza. Illescas por su variedad de aves puede convertirse en un lugar privilegiado para observadores de aves y hasta puede investigarse la factibilidad de un posible coto de caza de cabras, pues su aumento desmedido de población puede perjudicar los stocks de algarrobos y vegetación de la zona.

En conclusión es la Península de Illescas la segunda reserva marino costera del Perú, llamada por su significancia a convertirse en un punto de gran atracción natural para una población de casi 18 millones de habitantes que residen en la costa y un turismo receptivo que el 2011 debe llegar a los 2 millones de visitantes y asegura por su toma de control y manejo por el Estado, lugares que continuarán imperecederos tal como los hizo la naturaleza, para el disfrute y libertad de todas las especies de vida.

Puedes encontrar más información en el siguiente enlace.

Autor: Roberto Cañamero G. - Graduado en ciencias sociales, activista de ecología marino costera, colaborador consultivo de la Reserva Nacional de Paracas, directivo de Ecoplayas y miembro de la Red Internacional Proplayas.

 
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