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oopinionLa pérdida de biodiversidad marina avanza a un ritmo sin precedentes. Casi 80 por ciento de los recursos pesqueros mundiales son explotados a pleno o en exceso, o directamente están agotados, según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).


Además, científicos marinos sugieren que, de continuar esta tendencia, todas las pesquerías habrán colapsado o desaparecido para el año 2048.

 

Las medidas implementadas para manejar los recursos marinos han fracasado rotundamente. No sólo han sumido a los océanos en una situación ambiental crítica, sino que también se han cobrado víctimas socioeconómicas entre los pueblos y las economías del mundo.

Ocho por ciento de la población mundial subsiste directa o indirectamente gracias a la industria pesquera, y alrededor de 1.000 millones de habitantes de los países más pobres dependen del pescado como principal fuente de proteínas animales.

La Comisión Europea, rama ejecutiva de la Unión Europea (UE), reconoce que 88 por ciento de las reservas de que se tienen datos son explotadas por encima de los niveles sostenibles.

Mientras, la demanda de pescado continúa en aumento, sin que haya un final a la vista, y el mayor desafío que debemos enfrentar es cómo equilibrar nuestro creciente apetito con el manejo adecuado de los océanos que nos abastecen.

La UE tiene una responsabilidad ante sus pescadores, sus ciudadanos y las generaciones futuras, de revertir su tendencia a la explotación excesiva y al mal manejo de nuestros recursos.

Resulta esencial adoptar un enfoque exhaustivo para revertir la marea y centrarse en el estado de los océanos y pesquerías de Europa y el mundo, abordando los factores que contribuyen a la destrucción de los ecosistemas marinos, que incluyen sobrepesca, destrucción de hábitat, contaminación y cambio climático.

La simple solución a la sobrepesca es pescar menos y más responsablemente, y empezar a concretar cambios ahora. Reduciendo hoy las capturas y cumpliendo el compromiso de la UE de lograr el "máximo rendimiento sustentable" para 2015, las reservas pesqueras tendrán la posibilidad de recuperarse, aumentando hasta 80 por ciento las oportunidades pesqueras de mañana.

Lamentablemente, no es sólo cuestión de reducir las cuotas, sino también de limitar la capacidad de las flotas, siendo selectivos con los equipos, poniendo freno a la pesca ilegal, desarrollando planes de manejo sólidos desde el punto de vista científico, y creando santuarios marinos donde las poblaciones amenazadas puedan resurgir y volver a prosperar.

Un lugar lógico para empezar es frenar las prácticas pesqueras que implican una alta captura accidental, así como de descartes, y que destruyen los entornos marinos. Cada año se desechan 7,3 millones de toneladas de capturas en el mundo, cantidad cercana a todo el consumo anual de productos marinos en África. En Europa, la noticia es igual de mala. Hace poco, informes perturbadores (aunque no sorprendentes) revelaron que más de la cuarta parte (algunos estiman que la mitad) de las capturas del Mar del Norte son devueltas a las aguas, muertas o agonizantes.

Por lo tanto, mejorar la selectividad de las artes de pesca, usando mallas de tamaños más grandes para permitir que escapen los ejemplares más jóvenes, es un componente crucial de cualquier plan de manejo. También juega un rol importante en impedir la destrucción de hábitat.

Deberían eliminarse, por ejemplo, las redes de arrastre, que destruyen lechos marinos enteros en busca de unas pocas especies.

Mientras, la pesca ilegal se sigue practicando. Durante expediciones marítimas anuales, Oceana observó y reportó que numerosas embarcaciones todavía usaban las destructivas redes flotantes, prohibidas en 2002 por la UE.

Los estados miembro del bloque a veces también sobrepasan las cuotas, como ocurrió con Francia en 2007, cuando pescó 5.192,60 toneladas por encima de su cuota anual de atún de aleta azul. A menos que implementemos de manera más estricta las normas existentes, los objetivos de un manejo sustentable simplemente no se podrán cumplir. Y lo peor es que los propios subsidios de la UE a veces financian, sin saberlo, actividades ilegales.

En cuanto a las flotas europeas que pescan ilegalmente fuera de aguas del bloque, además del obvio impacto perjudicial que esto tiene sobre los ecosistemas marinos incapaces de manejar la presión adicional, también impiden que los países en desarrollo se beneficien de la abundancia de sus propios mares.

Para hacer que las existencias vuelvan a niveles aceptables es fundamental desarrollar una red de áreas marinas protegidas, particularmente en hábitat esenciales.

Además de los beneficios ambientales, los estudios han demostrado que estas áreas, que permiten la regeneración de hábitat y la reproducción de las especies, también son económicamente redituables a mediano y largo plazo.

Se ha comprobado que las áreas marinas protegidas causan una propagación de biomasa en las aguas circundantes a medida que aumentan las poblaciones protegidas, incrementando así el tamaño y el volumen de las capturas en las cercanías.

El Convenio de las Naciones Unidas sobre la Diversidad Biológica requiere proteger un mínimo de 10 por ciento de los océanos para 2012, pero los países no están cumpliendo estos objetivos. De hecho, la última reunión de las partes del Convenio en Nagoya, Japón, lamentablemente postergó el objetivo de 2012 para 2020. Actualmente, menos de uno por ciento de los océanos están protegidos de alguna manera, aunque apenas 0,1 por ciento lo están totalmente.

Mientras, apenas cuatro por ciento de la superficie oceánica mundial se considera "a salvo" de todo impacto humano.

La industria pesquera, los ecosistemas marinos y el sustento de millones de personas están inextricablemente ligados, y por lo tanto deben considerarse en los planes de manejo. Por desgracia, las medidas actuales simplemente no están a la altura de la tarea y a menudo ignoran los consejos científicos, cuando los hay.

En 2010, 48 por ciento de las recomendaciones científicas sobre capturas totales permitidas para las reservas pesqueras de la UE, y recientes decisiones ministeriales sobre oportunidades de pesca para 2011 ignoraron 35 por ciento de las recomendaciones.

Por supuesto, nada de esto importa si no se aplican regulaciones, cuotas y capturas totales permitidas. Uno de los mayores defectos del sistema actual es que demasiados países y buques infrigen impunemente las normas. Esto no puede seguir ocurriendo.

Finalmente, otro factor que afecta el estado de los océanos es el cambio climático. El aumento de las temperaturas afecta la abundancia y la distribución de las especies, y amenazan a los vibrantes arrecifes, mediante un fenómeno conocido como "decoloración de corales".

En el interín, a medida que se emite más dióxido de carbono hacia la atmósfera, los océanos, que actúan como filtros para el planeta, absorben demasiado de ese gas, creando un fenómeno conocido como acidificación oceánica. Esto vuelve más difícil que muchos organismos construyan sus valvas y esqueletos de carbonato de calcio, e impide que los arrecifes coralinos crezcan de modo apropiado.

Lograr que los océanos recuperen su gloria de otrora es una tarea abrumadora. La lista de malas noticias parece infinita, pero las soluciones reales existen. Es por eso que no debemos cruzarnos de brazos: el momento para hacer estos cambios es ahora.

* Ricardo Aguilar es director científico de Oceana, la mayor organización internacional de conservación dedicada exclusivamente a los océanos.

 

Fuente: portal del medioambiente

 
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