Monografías y Artículos de Medioambiente.

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oopinionLa Naturaleza nos brinda cantidad de plantas saludables que nos ayudan a sentirnos mejor en nuestra vida cotidiana. No hay que ser un experto en fitoterapia para poder contar con las bonanzas del romero o el hinojo. Son numerosas las hierbas de las que tradicionalmente se ha servido la sabiduría popular. Para retomarlas, tampoco se necesita un jardín. Con unos cuantos tiestos suele ser suficiente.

De hecho, muchas hierbas prosperan en medio de cierta negligencia y, cuanta menos agua reciben, más fuertes son sus compuestos medicinales. En la mayoría de casos, no hay necesidad de fertilizar y es muy fácil prepararlas para infusiones o tinturas.

Romero

Muy recomendable para disponer de una buena memoria. Los eruditos del pasado lo llevaban como corona para estimular su cerebro con el aroma. En 1998, un estudio realizado por la Universidad de Miami probó que 40 adultos expuestos durante tres minutos al aroma de romero mostraron mayor agudeza mental y resolvieron los problemas de matemáticas más rápidamente que antes de la sesión de aromaterapia.

A esta planta mediterránea le gusta el sol y la tierra bien drenada. Si los inviernos son muy fríos, es preferible plantar el romero en una maceta y colocarla en el interior, aunque también está probado que es bastante resistente a las bajas temperaturas del norte de España. Lo más sencillo es iniciar su cultivo con una pequeña planta o un esqueje.

Para crear nuestra propia aromaterapia,  sólo hay que hervir despacio una taza de hojas de romero en dos litros de agua y dejar que el olor se disperse por la casa cuando necesitamos concentrarnos en una tarea intelectual. También se puede hacer infusión añadiendo una o dos cucharaditas de romero a una taza de agua hirviendo. Se deja reposar durante cinco minutos, se cuela, se agrega un chorrito de jugo de limón y a disfrutar. Por supuesto, el romero también puede ser condimento de guisos y asados.

Hinojo

Se trata de un calmante digestivo y no es una coincidencia que los restaurantes indios coloquen en la mesa pequeños recipientes de semillas de hinojo para masticar después de la cena. Su ingrediente activo es el anetol, que relaja los músculos del estómago y facilita la digestión. Ya los antiguos romanos alabaron sus propiedades curativas, como el científico Plinio el Viejo, que enumeró 22 usos médicos del hinojo.

Su cultivo es fácil a partir de las propias semillas y alcanza hasta 2 metros de altura. Le encanta el sol y el suelo seco y rico. Las semillas se plantan a principios de abril y se cubren ligeramente con tierra.

Cuando la planta ha crecido se recogen las semillas de las flores. Se pueden machacar con un mortero, utilizar frescas o secas y añadir dos cucharaditas a una taza de agua hirviendo. Se deja reposar durante diez minutos, se cuela y se toma después de cada comida para mejorar la digestión. Si no se quieren comer directamente, también se pueden espolvorear semillas de hinojo en la masa pan y galletas. Y por supuesto, el bulbo de hinojo, que también contiene los aceites antiespasmódicos, es delicioso agregado a guisos y sopas.

Menta

La menta es otra planta popular que facilita la digestión y alivia los espasmos estomacales. Los estimulantes del sistema nervioso que contiene, como el mentol, estimulan la energía de manera más suave que la cafeína. Otros contribuyen a la agilidad mental al preservar la acetilcolina, un neurotransmisor esencial para la memoria y el aprendizaje. La menta también estimula el flujo sanguíneo, de ahí su reputación para elevar la sensualidad.

Se puede cultivar a partir de semillas, pero resulta más fácil hacerlo a partir de una pequeña planta. Crece profusamente en casi todo tipo de condiciones, aunque prefiere la tierra húmeda y fresca. Para evitar que invada todo el terreno, se recomienda plantarla en una jardinera.

Las hojas se pueden masticar directamente, añadir a las ensaladas, espolvorear picadas sobre los platos de pasta o destinarlas a infusiones.


Aloe Vera

Eficaz para calmar cortes y quemaduras. Los antiguos egipcios, griegos y romanos ya alababan la capacidad del aloe vera para curar heridas y aliviar la picazón en la piel. Actualmente también se usa para el tratamiento de las ampollas del herpes, heridas y quemaduras. Su eficacia se debe a las sustancias que bloquean la producción de prostaglandinas que promueven la inflamación. En estudios de laboratorio, la planta se ha demostrado que inhibe las histaminas (fuente de picazón). También contiene bradykininase, que alivia el dolor y reduce el enrojecimiento y la inflamación.

Para cultivarlo hay que hacerse con primera planta que, al final de su primer año dispondrá de cinco o seis pequeñas plántulas que se convertirán en nuevas plantas al separarlas de la planta madre y replantarlas. El aloe no necesita mucha agua ni cuidados. Eso sí, prefiere el clima cálido y crece mejor si se traslada al interior antes cuando la temperatura cae por debajo de 40 grados.

Dentro de cada hoja de aloe se encuentra el gel transparente que funciona como un bálsamo. Un tiesto en la ventana de la cocina resulta conveniente para tener a mano el alivio a posibles quemaduras o cortes. Sólo hay arrancar una hoja, abrirla y esparcir el gel en la zona afectada. También se puede mezclar una cucharada de gel de aloe con un par de gotas de aceite de lavanda para una solución especialmente aromática.

Lavanda

Se recomienda para aliviar el insomnio. En un estudio de 1995, investigadores británicos comprobaron que la fragancia de la lavanda esparcida por las habitaciones en asilos de ancianos funcionaba igual de bien que los medicamentos para dormir. Los pacientes no sólo caían dormidos más rápidamente, sino que además dormían con mayor tranquilidad. "La lavanda tiene un efecto sedante sobre el sistema nervioso central y libera la tensión muscular", afirma el herborista inglés McIntyre, autor de El jardín de plantas medicinales y otros diez libros relacionados con hierbas.

Al igual que el romero, la lavanda es una planta mediterránea. Le gusta el sol y el suelo seco y rocoso que le obligarán a luchar un poco. Es lenta para germinar, por lo que en lugar de plantar la semilla, lo mejor es adquirir una planta o un esqueje e introducirlo en tierra ligera para que enraíce. Se debe plantar al aire libre y puede crecer bien en una maceta o en el suelo. Hay que regarla bien hasta que se consolide y durante el calor del verano, pero sin exagerar porque a la lavanda no le van bien las raíces empapadas, si bien algunos tipos crecen bien en climas lluviosos.

Florece cada primavera y cuando las flores se abren, se cortan con sus tallos, se atan en manojos pequeños y se cuelgan boca abajo en un lugar seco y apartado de la luz solar directa. Dependiendo de la temperatura y la humedad, las flores se secan en dos a cuatro semanas. Una vez secas, se introducen en bolsitas de muselina y se colocan dentro de la funda de la almohada.

También se puede preparar una infusión con una cucharadita o dos de flores frescas en una taza de agua hirviendo. Se deja reposar durante diez minutos, se cuela y se beber antes de dormir. Para hacer una tintura, agregar aproximadamente 200 gramos de flores de lavanda seca a cuatro quintas partes de un litro de glicerol (un alcohol de jarabe también llamado "glicerina" y disponible en las tiendas naturistas) y una quinta parte de un litro de agua. También puede utilizarse una taza de brandy o vodka y tres tazas de agua. Se macera durante dos semanas y se toman 2 ó 3 cucharaditas al acostarse.

Fuente: Portal del medioambiente

 
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