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Hace unos días me comentaba un amigo, también ambientólogo, que la figura en la empresa del responsable de medio ambiente comenzaba a ver diluida sus atribuciones clásicas entre otras menos relacionadas con la materia, a lo que le respondía que si bien era cierto lo que decía para grandes empresas, para el resto de organizaciones esa dilución había existido desde los primeros momentos en los que se comenzó a gestionar el medio ambiente en la empresa.

Me explico: habitualmente los profesionales que tienen atribuidas las competencias de medio ambiente en las PYMEs comparten esa responsabilidad desde sus inicios con otras como la gestión de la calidad o la Prevención de Riesgos Laborales. Por otro lado, en el caso de grandes empresas es normal que los departamentos que inicialmente comenzaron gestionando las cuestiones medioambientales hayan ampliado su campo de acción a la responsabilidad social empresarial (o corporativa).

Ese hecho me hace pensar que es probable que la tendencia marcada por las grandes empresas provoque una reacción en el mismo sentido en las PYMEs, lo que resulta en un modelo de gestión con un escenario en el que los profesionales del área de medio ambiente deberán trabajar en un campo todavía más amplio. Consecuentemente, se dibuja un panorama en el que los ambientólogos competimos para un mismo perfil profesional con todavía más titulaciones que en la actualidad. En contra de otras opiniones yo no lo veo como una amenaza, sino más bien como una gran oportunidad: en primer lugar, sería necesario continuar el proceso de adaptación de la carrera universitaria –en lo que a gestión ambiental se refiere- a los nuevos modelos empresariales y en segundo lugar supone un reto para crecer profesionalmente.

La reflexión anterior me lleva a la cuestión sobre la que quería llamar la atención: la formación recibida es primordial y el trampolín de salida para los profesionales del nuevo sector, pero lo que puede marcar la diferencia competitiva con otros titulados va a ser la capacidad personal que tengamos cada uno para gestionar ese nuevo perfil. Siguiendo esta concatenación de razonamientos pienso ahora en lo mucho que me gustan las posibilidades abiertas y que van más allá de asegurar la aplicación de la legislación medioambiental o del mantenimiento de Sistemas de Gestión Medioambiental: En las PYMEs hay mucho por hacer y tienen la ventaja de contar con el ejemplo de empresas de mayor tamaño, por el contrario tienen menor acceso a la financiación de las acciones. En cuanto a las grandes empresas es un reto muy interesante estar a la vanguardia y gestionar su gran tamaño.

¿Te has planteado crear un voluntariado en tu empresa (o colaborar para potenciar el existente)? ¿Qué tal un concurso de dibujo para los hijos de tus compañeros? ¿Y un concurso de disfraces para carnaval o de tarjetas de felicitación para navidad?, si estás orgulloso de tu planta de producción ¿te has planteado planificar visitas para tus clientes, vecinos, proveedores, grupos escolares, etc.? Las posibilidades son tan amplias como el propio campo de la rse.

Evidentemente no estoy diciendo que sea un camino sencillo, ya que detrás de cada acción hay mucho trabajo: implicación de la dirección, diseño, retorno de la inversión, implantación, evaluación de resultados, implicación de otros departamentos, del personal... pero desde luego es muy motivador.

Fuente: www.comunicarsostenibilidad.com

 
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