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A pesar de que cada vez es más habitual encontrar grupos organizados de estudiantes de visita en los espacios naturales, granjas escuela, museos de ciencias, aulas de naturaleza, o participando en campañas de reforestación, la presencia de la educación ambiental en los programas formativos de los institutos granadinos aún se encuentra muy por debajo de lo que sería deseable y de las indicaciones del sistema educativo. Así lo revela un estudio realizado por el especialista en Ciencias Ambientales Joseba Bermejo.

Solo uno de cada cuatro institutos cumple con los requisitos de materias transversales que la legislación marca para la educación ambiental, que recomienda que esté presente en todos los ámbitos educacionales, como ocurre con conceptos como igualdad entre razas y géneros, o materias como la educación sexual y vial. Además, solo en la mitad de los institutos granadinos la educación ambiental forma parte de los programas. Son dos de las conclusiones que aporta un estudio elaborado por la Asociación Española de Educación Ambiental (AEEA) que ha encuestado a los responsables de los centros de enseñanza secundaria.

El presidente de esta asociación, Federico Velázquez de Castro, afirma que «las conclusiones de este trabajo muestran una mejora en relación a los años anteriores, aunque todavía queda mucho por avanzar, y aunque prácticamente todos realizan actividades ecológicas, como excursiones y visitas a espacios naturales, éstas solo alcanzan su verdadero sentido pedagógico cuando son programadas -con definición de objetivos, contenidos, tiempo y evaluación- y se relacionan con las demás materias. Pero, la realidad es que en muchos casos están más orientadas al ocio que a la formación».

El trabajo realizado por el especialista en Ciencias Ambientales, Joseba Bermejo Cabrejas, indica que la implicación de algunos sectores del profesorado en esta materia es mínima, ya sea por la falta de medios o porque supone un añadido importante a sus ya sobrecargadas jornadas de trabajo, a lo que se añade que «en un 90% de los centros no se contempla la formación específica del profesorado en educación ambiental», afirma el estudio, que recoge que en todos los centros están de acuerdo en que la edad de los profesores y el personal no docente condiciona la actitud ante los temas ambientales, excepto en aquellos que imparten disciplinas científicas que sí entienden el medio ambiente como parte de su materia.

 

Fuera de horas

La investigación de la AEEA recoge que «el 25% de los institutos explica que una parte sustancial de su profesorado está cerca de la jubilación y que por ello su participación en este tipo de actividades es más limitada. El 75% restante admite que hay profesores implicados y otros que se desmarcan un poco. La gran mayoría afirma que las actividades que se desarrollan dependen mucho de la predisposición de los profesores para trabajar en esa área fuera de sus horas lectivas», afirman las conclusiones del estudio, que señala también que son pocos los medios que se destinan a este fin, a pesar de ser una materia transversal y debería estar presente en todos los ámbitos del centro y no solo en los laboratorios o ecoaulas. Los investigadores también indican que hay muchos profesores que sí mantienen un gran interés en trasmitir a sus alumnos conceptos y valores ambientales, con actuaciones y trabajos que en muchos casos van más allá de sus obligaciones laborales.

 

Seguimiento

Los planes y programas de la administración autonómica a disposición de los centros para incrementar el respeto y el conocimiento por el medio ambiente de los alumnos andaluces, como el llamado ALDEA, no tienen el seguimiento esperado. «Hemos encontrado que el 30% de los institutos no conoce el programa, y del 70% restante sólo el 54% participa en alguna de sus modalidades (Ecoescuelas, Kioto Educa, Repacacicla, Crece con tu árbol, etc.) Además, es significativo que no exista vinculación entre los centros, perdiendo la posibilidad de compartir experiencias y recursos», afirma el presidente de la Asociación Española de Educación Ambiental.

Otro de los problemas es que las familias no se implican en la educación ambiental. Solo el 5% de los padres participa en actividades educativas ambientales. El responsable de un centro indicaba en la encuesta que la actitud de los alumnos, dentro del instituto, se puede considerar sostenible, pero una vez fuera, «la actitud cambia por completo».

Los alumnos, en un porcentaje altísimo, un 95%, participan y disfrutan de las actividades de carácter medioambiental, pero se pone en duda que sea por un verdadero interés o porque, en ocasiones, implica no asistir a otras clases o pasar la jornada fuera del centro.

 

Fuente: Ideal Granada

 

 
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