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La rentabilidad financiera ha dejado de ser el único criterio por el que se guía el inversor a la hora de depositar su dinero en un producto u otro. Así, éste ha comenzado a fijarse en otros extra-financieros, como el impacto social, medioambiental o de Buen Gobierno. La conjunción de estos dos criterios es lo que se conoce como Inversión Socialmente Responsable (ISR), fenómeno que creció a un ritmo del 61 por ciento a nivel mundial durante 2014, según un informe de la Global Sustainable Investment Alliance (GSIA).

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"Antes, la ISR era algo comercial. Ahora, ha pasado de ser un producto a convertirse en una estrategia". Así explica David García -responsable de Market Intelligence y Productos de ISR de Santander Asset Management y vicepresidente del Foro de la Inversión Socialmente Responsable en España, SpainSIF- la evolución que este concepto ha experimentado.

Para comprender este fenómeno, es importante diferenciarlo de los productos financieros solidarios, que destinan una parte de la comisión a fines sociales, lo cual está relacionado con políticas de RSE. "No podemos decir que la ISR mejore la rentabilidad, sino que es, al menos, tan eficiente como la inversión tradicional", cuenta García, quien afirma que con esta estrategia "se optimiza la inversión".

Además, un producto ISR –que debe ir señalado como tal– puede invertir en cualquier categoría de inversión, llega a todos los tipos de activo y se puede contratar de la misma forma que cualquier otro.

En este sentido, el estudio Global Sustainable Investment Review 2014 de la GSIA revela que un 63,7 por ciento del total de los activos ISR están en Europa, lo que demuestra la importancia que esta tendencia tiene para el mercado financiero y, por tanto, para nuestras empresas.

Pero, ¿cómo revierte esto en las compañías? Si bien no hay cifras que relacionen directamente la capacidad para captar fondos de una compañía con las políticas destinadas a mejorar la sociedad o el medioambiente, lo cierto es que, obviar los aspectos éticos, cierra puertas –al menos, en términos de crédito–.

 

Cómo afecta a las empresas

En este movimiento se incluye, por ejemplo, el banco Triodos Bank, que a día de hoy opera en Holanda, Bélgica, Reino Unido, España y Alemania. Así, el modelo de banca ética que defiende transforma las aportaciones de capital en creación de valor, lo que contribuye al desarrollo de una sociedad saludable.

Parece que todos estos nuevos fenómenos atienden a un cambio de mentalidad general en el que se imbrica también el emprendimiento social. Y de éste precisamente surge La Bolsa Social, una plataforma de equity crowdfunding que sólo financia nuevas empresas que produzcan un impacto positivo en la sociedad y el medio ambiente.

Casualmente o no, lo cierto es que, además, La Bolsa Social ha sido la primera plataforma –y, hasta el momento, única– autorizada por la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV).

Asimismo, y aunque estemos hablando de dos conceptos distintos, la creciente importancia que las compañías dan a las actividades de Responsabilidad Social Empresarial podría ser también considerada una consecuencia de esta transformación. En este sentido, Tomas López Fernebrand, vicepresidente de Amadeus, cuenta que "la sostenibilidad como estrategia es cada vez más valorada". Además, explica que hay más presión externa por parte de inversores, accionistas, reguladores y clientes, para que se estructuren estas políticas de empresa.

Así, parece claro que la transformación que ya se percibe en todos los niveles de actividad ha llegado también al mundo financiero.

 

Fuente: El SuperLunes de El Economista, página 47.

 

 
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