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noticiasactualidadSu bajo coste y su capacidad de disminuir el punto de congelación del agua hacen de la sal común (cloruro sódico) la sustancia más económica y efectiva en la lucha contra la acumulación de nieve y las resbaladizas y peligrosas placas de hielo en carreteras y centros urbanos. Sin embargo, un vertido masivo e indiscriminado conlleva negativas consecuencias ecológicas, económicas y sanitarias. Su uso se puede reducir con otras sustancias alternativas que la sustituyen o se combinan con ella, pero sobre todo, con una utilización selectiva y organizada.

 

En Canadá, Alemania, Finlandia, Suecia o Austria, la utilización de la sal se ha reducido o eliminado, en algunos casos, incluso con multas. En Berlín, los ciudadanos, que deben encargarse por sí mismos de mantener a raya la nieve de sus aceras o portales, pueden recibir sanciones de hasta diez mil euros si emplean para ello la sal. En Madrid los responsables de esta comunidad buscan otras alternativas a la sal común, después de su uso generalizado en los últimos temporales sufridos.

Y es que los impactos sobre el suelo, el agua y algunas especies especialmente sensibles son variados, como apuntaba un informe realizado en el año 2000 por el Ministerio de Medio Ambiente canadiense: daños graves en plantas y árboles hasta a 200 metros de las carreteras tratadas con sal, disminución de la vida salvaje al contar con menos recursos naturales, incremento de la toxicidad en sangre y tejidos de diversos animales que ingieren el agua salada o aumento de accidentes provocados por animales como ciervos, alces o pájaros que invaden las carreteras al ser atraídos por la sal.

Numerosos expertos explican además que, en concentraciones elevadas, la sal puede incrementar la acidez del agua y provocar efectos similares a los de la lluvia ácida. Algunos estudios han señalado también a especies muy sensibles, como el pino blanco o algunas clases de anfibios. Se han observado especies aisladas al considerar una barrera infranqueable las carreteras saladas, o una reducción en su capacidad de reproducción, como la salamandra moteada.

Los expertos también recuerdan otros efectos en los ecosistemas, como inhibición de la capacidad de absorber agua en plantas y árboles, salinización del suelo y del agua superficial o subterránea (acuíferos) o transformación de las propiedades de ciertos minerales.

Las consecuencias económicas también son importantes. El cloruro sódico tiene propiedades corrosivas. Si se utiliza en grandes cantidades en las carreteras acelera el proceso de oxidación de la chapa y los bajos de los automóviles. Por ello, sus usuarios tienen que pagar más por su mantenimiento o por la instalación de sistemas anticorrosión. Por otra parte, la conjunción de la sal, el hielo y el paso de las máquinas quitanieves puede provocar baches y agujeros que estropean el aglomerado de calles y carreteras.

En el aspecto sanitario, los daños a la vegetación pueden perjudicar la calidad del agua utilizada para su uso urbano, ya que se reduce la capacidad natural de absorber elementos contaminantes. En cuanto a la sal en sí misma cuando llega al agua de consumo, algunos expertos aseguran que el principal problema es el cambio de sabor, aunque un informe del Consejo de Investigación Nacional (NRC) de EE.UU. advertía de los riesgos del aumento de la salinidad en el agua para las personas hipertensas.

En cualquier caso, los científicos reclaman más investigaciones para evaluar mejor los posibles impactos negativos del uso de estas sustancias antinieve y poder desarrollar sistemas más eficaces y menos dañinos.

Alternativas a la sal

La cantidad de sal vertida se puede reducir si se utiliza de manera selectiva y meditada. Los países con más nevadas y una mayor conciencia ambiental sustituyen el cloruro sódico por salmuera (sal disuelta en agua) mezclada con arena, de forma que los neumáticos se agarran más al suelo.

Además, conviene recordar que la sal empieza a perder su efectividad con temperaturas inferiores a cinco grados bajo cero. Por ello se utilizan también mezclas, como sal con cloruro potásico o salmuera con cloruro cálcico. En los aeropuertos se emplea urea, para evitar la corrosión de los aviones, pero tampoco es aconsejable extender su uso a zonas naturales porque su poder nutriente puede dar problemas de eutrofización.

Estudios realizados en EE.UU. señalan al acetato de calcio-magnesio como la alternativa con menos consecuencias negativas. Es un material sólido que se disuelve en agua y que además de ser relativamente inocuo para plantas y animales, no corroe el metal ni daña las carreteras. Otra sustancia de prestaciones similares es el acetato de potasio, base de anticongelantes comerciales libres de cloro.

Sin embargo, el coste de estos productos puede ser 20 veces superior al de la sal, una cuestión que limita su utilización generalizada. Sus defensores argumentan que los nuevos métodos de producción rebajan cada vez más sus precios. Además, sostienen que son válidos para utilizarse de forma puntual y siempre en la cantidad recomendada en la etiqueta, ya que no por utilizar más se acaba antes con la nieve. Y si la nevada es muy abundante y no queda más remedio, se puede combinar la sal con estos productos, de manera que se reduzca su cantidad.

La efectividad de todas estas sustancias, incluida la sal, desciende también cuando la acumulación de nieve es muy grande. Por ello, antes de verterlas, es preferible la acción de las máquinas quitanieves y de las palas para allanar el terreno.

Las carreteras y aceras en los países más avanzados con problemas de nieve tienen en cuenta estos eventos meteorológicos adversos. Una solución son los pavimentos más rugosos que evitan de manera parcial la formación de placas de hielo. También han desarrollado dispositivos de acción que utilizan de forma más eficiente los sistemas y las sustancias antinieve.

La innovación tecnológica es otra gran ayuda. Ingenieros de la universidad estadounidense de Buffalo daban a conocer un programa informático, al que han llamado "SnowMan" (hombre de nieve), para prevenir la acumulación de nieve y la formación de ventisqueros en las carreteras. El programa utiliza los datos meteorológicos y la mecánica de fluidos para mejorar el diseño de las carreteras y la colocación de vallas para mitigar este problema.

 
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