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Una nueva ley francesa dispondrá que toda la vajilla desechable sea fabricada en un 50% con materiales biológicos que puedan formar compost en los hogares para enero de 2020. El porcentaje aumentará al 60% para enero de 2025. La medida es una extensión de la Ley francesa de Transición Energética para el Crecimiento Verde, una norma de largo alcance adoptada el año pasado con el objetivo de mitigar el impacto del cambio climático.

Con la alarmante cifra de 150 vasos desechados cada segundo en el país para un total de 4.730 millones al año, solo el 1% es reciclado, en gran parte debido a que están hechos de una combinación de polipropileno y poliestireno.

Obviamente no faltan las voces discordantes. Pack2Go Europe, una asociación industrial que representa a los fabricantes de envases de alimentos en Europa, afirmó que la medida viola la ley europea sobre el libre movimiento de bienes. La asociación ha solicitado a la Comisión Europea el bloqueo de la normativa francesa y está en consultas con abogados para tomar acciones legales contra el país.

“Un envase que cumpla con los estrictos requisitos de higiene alimenticia y que además pueda ser compostado de forma doméstica… eso ahora mismo no existe”, dijo Eamon Bates, secretario general de Pack2Go Europe. “Nuestros miembros no están en contra de los bioplásticos o nuevos productos. Pero la industria sí se opone a que estos sean impuestos para ciertas aplicaciones, especialmente cuando un análisis del ciclo de vida muestra que no hay base ambiental para hacerlo”, afirmó.

 

Guerra también a las bolsas de plástico

La nueva ley francesa es obra de Ségolène Royal, ministra de Ecología, Desarrollo Sustentable y Energía. Su plan de “Crecimiento Verde” busca recortar el vertido de residuos a la mitad para 2025 y reducir las emisiones de gases invernadero en 40% para 2030, en comparación con los niveles de 1990. En julio, Francia impuso una prohibición total sobre la distribución de bolsas de plástico en supermercados, una medida que ya está en marcha en varios países.

Bangladesh se convirtió en la primera nación que prohibió dichas bolsas en 2002, después de que éstas bloquearan el sistema de drenaje durante una inundación. Países como Sudáfrica, Kenia, China, Ruanda y México han seguido sus pasos, así como algunos Estados de EE.UU.

Las tiendas en Reino Unido y la Ciudad de Nueva York, por ejemplo, cobran a los clientes una pequeña cantidad por las bolsas de plástico en los supermercados. En Irlanda, la cuota de 0,17 euros por unidad aplicada a partir de 2002 redujo el consumo de bolsas de plástico de 320 a 14 por persona en 2014. La cuota ahora ha aumentado a 0,22 euros por unidad.

Científicos estiman que cerca de 8 millones de toneladas de plástico terminaron en los océanos del mundo en 2010, y advirtieron que esta cantidad podría multiplicarse por 10 a menos que la gestión de residuos a nivel internacional mejore.

 

Fuente: modificado de Fundación para la Economía Circular.

 

 
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