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La Fundación Princesa de Asturias abraza la lucha contra el cambio climático concediendo el galardón en Cooperación Internacional al Acuerdo de París de la ONU. El jurado -presidido por el jurista y diplomático Marcelino Oreja- quiso que el clima sea algo más que el tema de conversación más recurrente en los ascensores de las comunidades de vecinos. Por eso, el miércoles de la semana pasada decidieron que el trabajo de Naciones Unidas para la mitigación, adaptación y resiliencia de los ecosistemas a efectos del calentamiento global se merecía el galardón.

Se aplaudió la labor de la ONU de mediar en las negociaciones que aceptaron los 195 países invitados en diciembre al Acuerdo de París. Es un premio al trabajo, al entendimiento, al optimismo y, en cierta medida, a la esperanza por conseguir cambiar la situación. Expertos asturianos en medio ambiente valoran «positivamente» la elección del galardonado. «Hace falta darle visibilidad. Es un tema que da la sensación de estar muy presente, pero siempre se trata superficialmente, en conversaciones vacías», indica Paula Baldó, presidenta de la Asociación de Ciencias Ambientales de Asturias. «Hace falta mucho trabajo en materia de concienciación», expone, y alerta de que «mantener el ritmo actual de consumo y actividad traerá consecuencias perceptibles a corto y medio plazo».

Una de ellas, quizás la más llamativa, será el cambio en la definición clásica de las estaciones del año. «Que un verano venga muy lluvioso o caluroso o que un invierno traiga consigo temporales que pongan a prueba los diques de contención de los puertos no es preocupante hasta que se convierta en una constante», explica. A día de hoy, en Asturias, sí puede ser tomado en cuenta un hecho tan simple como el de tener que regar la huerta, algo que «hasta hace unos años no era necesario», apunta. También alerta de que podría haber más fenómenos atmosféricos adversos e, incluso, menciona la posibilidad de que aumente el nivel del mar. Ella, como otros expertos, cree que los cambios de estacionalidad pueden tener consecuencias como las que ya se vienen observando en Asturias en los últimos años: floración a deshora y, por ende, el caos en la polinización de las plantas y el desorden vital animal.

Alerta de estas consecuencias en la naturaleza y de la previsible alteración en la temperatura y las precipitaciones José Luis Acuña, director del Observatorio Marino de Asturias. Él ve, además, un riesgo en la apuesta que la región mantiene por una industria «fuertemente basada en combustibles fósiles y, por tanto, en un modelo poco sostenible». Por ello, propone un paquete de medidas destinado a invertir la tendencia: incrementar la apuesta por energías renovables, facilitando la situación para un aumento del uso de la bicicleta y dando más énfasis al trasporte público -«que hay que mejorar en Asturias»- son tan solo algunas de ellas.

Joaquín Arce, miembro de la Asociación Asturiana de Amigos de la Naturaleza (ANA) y presente en París cuando se firmaba el acuerdo de la ONU, menciona también las alteraciones en la fauna y la flora y, por tanto, en la ganadería, la agricultura y la pesca en el apartado de potenciales peligros. Dice que «habrá especies que desaparezcan de la costa cantábrica», y menciona dos de ellas: las algas laminarias y los oricios. «Es increíble que mientras hablamos de que la clave está en tomar medidas para frenar la tendencia, en Asturias se apuesta por lo contrario, como desdoblar la autopista 'Y' y mantener el carbón y las centrales térmicas», apunta el miembro de ANA.

En cuanto a las soluciones, todos coinciden en que hay que concienciar a la sociedad, desde los políticos a los ciudadanos de a pie. «Para empezar a actuar tenemos que diferenciar qué es consecuencia de nuestras acciones y cuáles son hechos puntuales debidos a los propios ciclos del medio», explica Baldó, quien recuerda que en Asturias, por ejemplo, puede llover casi en cualquier época del año. Revertir la tendencia parece imposible, pero sí se puede trabajar en frenar su avance. «Algunas empresas empiezan a barajar cómo afrontar estos problemas ecológicos en sus estrategias, el problema es que a los asturianos nos cuesta ver el beneficio a largo plazo», asegura Baldó.

Ricardo Anadón, catedrático emérito de Ecología de la Universidad de Oviedo, ve «con esperanza» el trabajo de la ONU, si bien considera que las medidas no son lo suficientemente intensas como para tomar rápidamente control de la situación. «Los estados han puesto sobre la mesa lo que estaban dispuestos a aceptar, sin que un ente superior les obligara a apretarse el cinturón», argumenta.

 

Fuente: El Comercio

 

 
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