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Jacinto Alonso Azcárate, profesor titular de Geología UCLM; Andrés Díez Herrero, doctor en Ciencias Geológicas; Enrique García Gómez, licenciado en Ciencias Ambientales; y Arturo Ruiz Taboada, doctor en Geografía e Historia, son los firmantes de una solicitud enviada a los responsables administrativos dotados de competencia en las obras que se están realizando para el remonte mecánico en el Miradero.

El informe enviado anuncia sobre el hallazgo, en la zona, de un elemento «de importante valor patrimonial desde el punto de vista ambiental, geológico, cultural y prehistórico». Se trata del 'descubrimiento' de una falla -en el hueco abierto para dar encaje a las escaleras mecánicas- de contacto «donde se juntan las rocas y estructuras de dos de las principales unidades geológicas de la península Ibérica en unas condiciones de observación inmejorables». Es el lugar, explica el grupo de expertos, «donde se observa el contacto entre la Meseta Cristalina de Toledo con las campiñas y llanuras de La Sagra, es decir la unión entre rocas metamórficas de más de 300 millones de años con rocas sedimentarias de menos de 65 millones de años».

Este afloramiento «es singular y único, pues es muy difícil apreciar esto mismo en ningún otro lugar», razón por la que su mantenimiento visible, sin afectar en nada a las obras que se están realizando, «supondrían un valor añadido a la infraestructura y serviría de recurso turístico, didáctico y científico».

Por ello, solicitan que realice las gestiones necesarias «para velar por el mantenimiento del patrimonio haciendo que permanezca visible el tramo de falla relatado e integrar dicho recurso en el conjunto de la obra». Recuerdan, los autores de este documento, que el nuevo afloramiento abierto durante las obras «constituye, sin duda, un lugar de interés geológico (LIG), y está protegido por la legislación nacional de biodiversidad y conservación de la naturaleza, como parte integrante del patrimonio geológico».

De hecho, y sabedores de que este hallazgo presenta interés petrológico (afloramiento de materiales de diferentes edades, algunos de ellos entre los más antiguos de Toledo), añaden la importancia del mismo desde el punto de vista tectónico «al mostrar un ejemplo típico de falla inversa verticalizada». Pero además, presenta «interés geomorfológico y paisajístico, al ser el contacto entre dos importantes unidades fisiográficas peninsulares y su repercusión en los suelos, flora, fauna e incluso tipo de usos del suelo y actividades humanas en el territorio».

 

Contacto visible

Los expertos responsables del informe técnico remitido tanto al Gobierno regional como al Ejecutivo municipal, analizan un afloramiento que permite ver el contacto entre dos materiales rocosos de muy diferente composición y coloración.

Por un lado, aprecian hacia la parte superior de la ladera unas rocas oscuras «que corresponden a las rocas metamórficas (migmatitas) y plutónicas (gabros y leucogranitos) del denominado Complejo Anatéctico de Toledo, con edades paleozoicas (más de 300 millones de años)». Sobre estas rocas se ubica la mayor parte del recinto amurallado de Toledo, el valle y los cigarrales, prolongándose hacia el sur hasta los Montes de Toledo. Forma parte, por tanto, «de la gran unidad geológica del Macizo Ibérico o Hespérico, o la 'España silícea' de los clásicos, en concreto de la denominada Zona Centroibérica».

Por otro lado, en la parte baja de la ladera se encuentran unas rocas de colores anaranjados y amarillentos «de carácter sedimentario detrítico (arenas, arcillas y gravas), con edades cenozoicas (menos de 65 millones de años), y que localmente reciben el nombre de 'alcaén'». Sobre ellas se ubica buena parte del Toledo moderno, prolongándose hacia el norte en la comarca de La Sagra». Forma parte de la gran unidad geológica de las Cuencas Cenozoicas (o 'Terciarias'), o la 'España arcillosa' de los clásicos, en concreto de la Cuenca de Madrid, parte de la Cuenca del Tajo.

El contacto entre ambos conjuntos rocosos se produce «justo en este nuevo afloramiento, mediante una estrecha franja de apenas unos centímetros con disposición verticalizada, ligeramente inclinada hacia el norte». Se trata, recoge el documento, «de un contacto mecánico frágil, es decir, de una falla en este caso inversa, ya que cabalgan los materiales más antiguos (migmatitas y granitoides paleozoicos) sobre los más modernos (arenas y arcillas)». Incluso se puede ver una estrecha franja centimétrica de roca triturada como consecuencia de las presiones, en lo que se conoce como harina de falla.

Corresponde, destacan, «con fallas de trazado en planta fundamentalmente E-W, desarrolladas en el ciclo orogénico Alpino, más en concreto a lo largo del Mioceno (fase orogénica Guadarrama, asociada a las fases Béticas)».

 

Fuente: latribunadetoledo.es.

 

 
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