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Hace algo más de once años, el 13 de noviembre de 2002, el 'Prestige' se hundía y todos aprendimos el significado de la palabra 'chapapote'. La tragedia medioambiental conmovió a miles de voluntarios repartidos por todo el país, que decidieron hacer el petate y marcharse a las costas gallegas. A mancharse las manos. Fueron muchos los granadinos que se sumaron a la causa; los granadinos que contagiaron un espíritu constructor que aún hoy resuena en la sociedad.

Granada aportó 495 voluntarios, en 59 autobuses, a las tareas de limpieza del fuel vertido por el petrolero 'Prestige' en las costas gallegas, del total de 5.280 andaluces que participaron, según datos de la Consejería de Gobernación.

«Todavía tengo agujetas pero ha merecido la pena. Lástima que nos tuviéramos que ir tan pronto porque apenas pudimos limpiar una mínima parte del chapapote que cubría la cueva. Volveríamos allí mañana mismo». Han pasado cuatro días desde que Gema Salazar, estudiante de Ciencias Ambientales, regresó a Granada desde tierras cántabras pero aún su rostro refleja el cansancio del viaje y la satisfacción de haber hecho algo por el medioambiente.

Sus manos, aún doloridas por el esfuerzo físico, se hundieron en las manchas de fuel agolpadas en la playa de Ubiarco, Cantabria, junto a las de 41 compañeros de facultad y 17 miembros de Ecologistas en Acción de Granada. Esta ONG fletó el pasado viernes un autocar de voluntarios granadinos con destino a Cantabria para limpiar la playa de Ubiarco, ribera cántabra afectada por el vertido de fuel del 'Prestige' pero sin catalogar como zona catastrófica.

«Nada más llegar, los miembros de Ecologistas en Acción de Cantabria nos explicaron la situación y nos organizaron de forma que nuestro esfuerzo no fuera en balde», explica Gema Salazar. Desde las nueve de la mañana y durante dos días estos jóvenes sacaron con espátulas, palas y similares utensilios las manchas de fuel casi solidificadas de la cueva, cuyas características topográficas dificultaban aún más la labor: «El olor a tierra mojada de la cueva, tapada durante días por el chapapote, era insoportable y hacía difícil la respiración, a pesar de que disponíamos de mascarillas. Por ello, nos organizaron por grupos que se turnaban cada veinte minutos para trabajar dentro», recuerda Lorena García.

 

De inspiración poética

Una cadena humana se encargaba de retirar los cubos llenos de chapapote desde la cueva hasta la cima del acantilado, punto a partir del cual el paisaje era mucho menos desolador:« Aquella zona tiene una vista de inspiración de poetas» apostilla Gema Salazar.

La retirada del fuel, incrustado hasta la última grieta de las rocas, se hacía con minuciosidad y relativa rapidez porque la subida de la marea impedía a los voluntarios continuar trabajando. Además, el deseo de encontrar en el interior de la cueva algún ejemplar marino vivo aceleraba las manos manchadas por el chapapote, aunque no llegaron a encontrar ninguno.

Sin embargo, no todo fue de color chocolate para estos granadinos. De hecho, el compañerismo latente en cada movimiento y las muestras de agradecimiento de los cántabros que se acercaron hasta la playa de Ubiarco así lo demostraron. «¿Habéis estado doce horas de viaje para venir a ayudarnos?Gracias», le dijo un vecino de la localidad de Santoña a una voluntaria.

Con todo, lo que más ha sorprendido a los 'chapapoteros' granadinos es que los habitantes de los municipios colindantes no eran conscientes de que sus costas han sido seriamente dañadas por la marea negra: «Cuando nos preguntaban qué hacíamos allí y le respondíamos que veníamos a quitar el fuel se sorprendían».

 

Botas sucias

Acabada la jornada, a los voluntarios les esperaba otro arduo trabajo, limpiar el fuel de las botas sucias para poder reutilizarlas.

Pese a la impresión de que su esfuerzo puede ser echado por alto por un capricho de las mareas, los voluntarios de Granada, ya en casa, aseguran que repetirán la experiencia: «Sabemos que el mar puede arrastrar más manchas de fuel hasta la playa y, de un sólo golpe, borrar las huellas de nuestro esfuerzo pero es lo único que se puede hacer ante este tipo de catástrofe», lamenta Gema. Dicen que regresarán para continuar el trabajo que dejaron a medias en vísperas de Nochebuena «porque debemos salvar nuestra playa».

 

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