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Una de las principales conclusiones del estudio 'Luz y ciudad', presentado hoy por Philips y desarrollado conjuntamente con el Instituto de Empresa, es el hecho de que la iluminación es considerada por los ciudadanos como el segundo factor más importante en la construcción de imagen de ciudad (18,5%) y que pasa a ser una oportunidad en la gestión urbana. Dicho estudio ha sido diseñado para conocer más a fondo el papel del alumbrado público en la ciudad y la percepción que los ciudadanos tienen de la iluminación de sus calles y plazas. De este análisis se desprende que la iluminación y resto de servicios urbanos básicos encabezan la lista de variables que influyen en la reputación de una ciudad, con una importancia del 18,5%, por detrás solamente del factor "atractivos urbanos", representado por un 19,8%.

 

El estudio apunta el alumbrado público como una oportunidad a día de hoy, especialmente en tiempos de crisis económica, una vez que deja de tener un uso meramente funcional y pasa a jugar un papel importante en la gestión urbana. "La iluminación es una forma a través de la cual las ciudades manifiestan su personalidad, y que juega un papel fundamental para construir su reputación urbana y para permitir que compita eficazmente con programas de city marketing", explica Gildo Seisdedos, profesor del IE Business School y coordinador de la investigación.

El alumbrado público percibido como mínimo vital

La iluminación pública aparece asociada a valor por los ciudadanos y, exactamente por ello, genera alta insatisfacción si no funciona adecuadamente. Sin embargo, cuando opera en perfecto estado se percibe como inexistente.

"Los servicios urbanos básicos, encabezado por el alumbrado público, son percibidos como un mínimo vital, que sólo despiertan nuestro interés cuando fallan, como un derecho gratuito y sin contraprestaciones. Para los ciudadanos, luz es, únicamente, seguridad sin coste adicional", afirma Gildo.

Entre los grupos de mayor edad que han participado en el análisis cualitativo llevado a cabo en este estudio, esta percepción es aún más evidente. Hay una fuerte vinculación entre potencia de la iluminación y seguridad ciudadana, asociándose ámbitos más iluminados con ámbitos más seguros. Sin embargo, en el colectivo más joven, la iluminación pública es percibida como una utilidad que, gracias a la tecnología, es susceptible de evolucionar.

España encabeza el ranking de los países más derrochadores en iluminación en Europa

El estudio también pone de manifiesto la necesidad de llevar a cabo investigaciones científicas para cuantificar los problemas generados por la contaminación lumínica en la ciudad y permitir que se tomen decisiones correctas. La sustitución de la incandescencia por LED es indicada por expertos como la "acción más obvia y sencilla" para conseguir eficiencia y ahorros energéticos, especialmente en tiempos de crisis económica como los actuales.

"Los cambios tecnológicos apuntan a que el futuro es la tecnología LED como base de sistemas de iluminación inteligente porque se encienden y apagan al instante y permite la posibilidad de que la luz funcione sólo cuando detecte la presencia de personas", afirma Eduardo Mataix, director general de Alumbrado de Philips.

La contaminación lumínica es un fenómeno relativamente reciente asociado al uso inadecuado de la iluminación exterior. El estudio revela que este problema se acentúa en países desarrollados, donde existe la errónea idea de que una mayor cantidad de luz es mejor y donde los recursos económicos son mayores. La investigación apunta, además, que el exceso de luz es más visto por los ciudadanos como despilfarro y derroche que como falta de cuidado al medio ambiente.

"Una iluminación que apunta al cielo es como una manguera de agua regando sin control. Cada vez somos más conscientes de que no hay que derrochar agua, pero con la energía no pasa lo mismo", alerta Eduardo. Según el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), sólo España contaba el año pasado con un total de 4.800.000 puntos de alumbrado exterior que, con una potencia media de 180 W y 4.200 horas de utilización anual, representó un consumo de electricidad de 3.630 GWh/año para el conjunto del país. A modo de referencia, Alemania, con más población que España, consume la mitad de energía.

Fuente: corresponsables.com

 
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