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Uno de los entornos paisajísticos más impresionantes de la comarca de Barbanza es el parque natural de Corrubedo. Posiblemente, esa fuese la principal razón por la que alrededor de una veintena de jóvenes han elegido el lugar para formar parte, este verano, de un campo de trabajo internacional. Es el caso de las gallegas Cristina Vázquez y la ambientóloga Ana Gómez, o el de la zaragozana Sofía Aldea, la cual afirma que «buscaba algo que me impresionase y, sin duda alguna, ha cumplido todas mis expectativas. El sitio es muy bonito».

Una actividad que acoge a personas de diferentes sitios: «La gran mayoría somos gallegos, pero también hay gente de otros lugares de España, una chica de Francia, una de Serbia y otra de Rusia», cuenta la joven bióloga Cristina Vázquez. Asimismo, los hay de distintas edades, abarcando desde los 18 a los 30 años. La única condición, el interés sobre el cuidado de la naturaleza: «Lo que estudies no es un requisito. Los que vienen a estos campos de trabajo están concienciados y llegan en busca de experiencias nuevas, para conocer el lugar, para aprender o ayudar. La gente quiere conocer culturas, aunque les mueva el contenido medioambiental», relata la ourensana Ana Gómez.

Llegados al ecuador de este encuentro, que finalizará este sábado, las tres voluntarias tienen claro que falta mucha concienciación social. Una labor en la que tanto los propios participantes como los monitores se ven implicados intensamente: «Facilitamos información y orientación a los visitantes del recinto, recogemos todo tipo de basura que nos encontramos en la playa y eliminamos las especies invasoras de la zona», explican las chicas.

Y es que el descuido del ser humano lleva a encontrarse con desperdicios de lo más variado: «Principalmente son deshechos antrópicos, cosas que se tiran y en cantidades impresionantes», dice la zaragozana. La directora del campo de trabajo, Ánxela González, añade que «lo peor son las colillas. La gente hace un cenicero en la arena, las amontona allí y no las lleva. Hoy recogimos diez botellines de agua rellenos de ellas, en solo cinco horas». Cartuchos de tinta de impresoras, bolsas y un sinfín de residuos que se amontonan en el bonito arenal de O Vilar.

Unas tareas que hacen más fácil el trabajo de los guardias de este parque natural, que se esfuerzan durante todo el año para que la playa se encuentre limpia, y a pesar de ello este hecho es imperceptible. Alberto Fernández, vigilante de este paraje protegido, se muestra entusiasmado con la actuación de los jóvenes y destaca que «realizan una labor altruista y es una ayuda más para nosotros. Puede parecer que no pero el entorno está mejor».

 

Más persistencia

Ayer, visitó el lugar la directora general de Xuventude, Participación e Voluntariado, Cecilia Vázquez. Tras un primer agradecimiento a los integrantes del grupo, se interesó por las quejas y sugerencias que tuviesen acerca de esta iniciativa. Ana Gómez, estudiante de ciencias ambientales, reclama continuidad más allá de los meses de verano, aunque parece ser que hay un proyecto similar en marcha para ampliarlo en el tiempo. Los voluntarios hablaron de su gran experiencia en este curso, con el que además de ayudar al medio ambiente, disfrutan del tiempo de ocio.

Tres integrantes del grupo de Corrubedo. Es la primera vez, desde el 2005, que se lleva a cabo un campo de trabajo estival en Corrubedo. Las plazas se han cubierto exitosamente, recibiendo a participantes extranjeros y de diferentes regiones de la Península, como es el caso de Ana Gómez, Cristina Vázquez o Sofía Aldea.

 

Fuente: La Voz de Galicia.

 

 
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