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El paisaje no puede ser una postal, ni solo un sitio bonito, sino un espacio cultural, histórico, biodiverso, donde se reconozca la interacción humana y se establezca como principio en la planificación y el desarrollo de los pueblos. Con este concepto en mente, el coordinador del Observatorio del Paisaje de Cataluña, el licenciado en Ciencias Ambientales Pere Sala i Martí ,contestó a unas preguntas de un medio colombiano durante las pasadas fiestas.

¿Qué es el Observatorio del Paisaje de Cataluña que usted coordina?

Es un organismo asesor del gobierno y la sociedad civil catalana en materia de paisaje. Intentamos conectar ideas y personas, fomentar nuevas alianzas entre actores, desde la proximidad, la experiencia cotidiana, y con la interdisciplinariedad como base.

¿Por qué estudiar y trabajar sobre el paisaje?

Nuestro punto de referencia es el Convenio Europeo del Paisaje, promovido por el Consejo de Europa en el año 2000. En el 2005 el Parlamento de Cataluña aprobó la ley de Protección, Gestión y Ordenamiento del Paisaje. En paralelo, aquel mismo año se creó el Observatorio para ayudar a implementar los principios del Convenio Europeo del Paisaje y aplicar esta ley.

¿Por qué se crea el Convenio Europeo del Paisaje?

El Convenio supuso una revolución en la forma de entender el paisaje y un revulsivo para las políticas de paisaje en el antiguo continente. En primer lugar, porque el paisaje pasa a ser todo el territorio, sin excepción. Se partía de tratar como paisaje solo los lugares más escénicos, o de mayor valor ecológico. Con el Convenio, se consideran los paisajes de calidad, pero también los marginales, que están degradados y que se tienen que mejorar, y ahí está el reto, sobre todo los espacios de la vida cotidiana, los espacios agrícolas, los paisajes urbanos y semiurbanos. Segundo: los organismos se comprometen no solo en la protección de espacios, sino a trabajar en la gestión, la planificación y la intervención, siempre que se haga con un provecho social y colectivo. Tercero: el paisaje es una construcción social, con una enorme carga cultural, lleno de valores tangibles e intangibles, que influye en la calidad de vida de la gente y en su futuro, y por tanto la gente quiere sentirse cada vez más protagonista con lo que está pasando en sus paisajes, y tener el derecho de tomar decisiones sobre su entorno. Por este motivo la participación ciudadana es fundamental para planificar el paisaje. El paisaje ya no es un elemento estético, no es una postal, no es un museo ni un fósil, estático, sino algo vivo, que influye en su calidad de vida y su desarrollo. Fíjese la ambición que tiene este planteamiento y los deberes que esto conlleva a las políticas públicas.

¿Para qué les sirve a las comunidades esta nueva forma de ver el paisaje?

Uno de los grandes retos es cómo integrar el paisaje en la planificación de la región, cuando tenemos que ordenar los nuevos desarrollos urbanos, trazar una nueva carretera, cómo promover los paisajes agrícolas, o diseñar estrategias turísticas donde el paisaje debe ser un activo de primer orden. El observatorio ayuda a la administración regional y a la local a repensar la planificación desde el paisaje y sus valores, y lo hace siempre aportando nuevas miradas.

¿Cuál es la definición de paisaje?

Paisaje es cualquier parte del territorio, tal y como es percibido por las poblaciones, cuyo carácter resulta de la acción de los gestores naturales y humanos y de sus interrelaciones. Dicho de otro modo, es todo lo que vemos cuando salimos de casa.

El paisaje no puede seguir siendo una postal. ¿Cómo es esto?

El paisaje por definición es algo vivo, es algo dinámico, donde la interacción humana es fundamental. Aquellos paisajes que se convierten en postales, en el futuro se van banalizando, pierden su sentido y significado, y acaban muriendo. Por ejemplo, si un día el Paisaje Cultural Cafetero (PCC) se quiere mostrar como una postal, dejaría de ser real. El paisaje no es una imagen solamente, sino un elemento activo en la planificación y gestión de este territorio y un elemento central para su desarrollo.

¿Es importante tener leyes, normas jurídicas, que regulen el paisaje?

Bajo nuestra experiencia, sí. Y mucho. Tener una ley de paisaje es una forma de reconocer el valor del paisaje como objeto de derecho y de disponer de una base legal sobre la cual promover estrategias y acciones para su salvaguarda y mejora. Por ejemplo, en la ley catalana, uno de los aspectos en los que más se ha trabajo son los catálogos del paisaje, y que han marcado un antes y un después en el conocimiento y la gestión del paisaje. En ellos se analizan los valores del paisaje, sus dinámicas, sus oportunidades y amenazas, con la participación de la comunidad y de los principales actores: turismo, construcción, educación, etc., y permiten definir los objetivos de calidad paisajística con la complicidad de los principales actores. Un resultado muy relevante de este trabajo ha sido el mapa de las diferentes unidades de paisaje, es decir, un mapa de la diversidad de paisajes, donde se reconoce el carácter de cada lugar y cuáles son los elementos que los definen, en el que la población se reconoce con ellos.

Entender y reforzar aquello que hace un paisaje diferente de otro es una vía clave para planificar su futuro. Instrumentos como los catálogos permiten hacer de bisagra entre el conocimiento de los valores del paisaje y las políticas de planificación regional y urbanística.

En Colombia no existe una ley del paisaje. ¿Debería de existir?

Tener una ley de paisaje es un muy buen comienzo para hacer políticas de paisaje integrales, efectivas y que tenga un resultado positivo. Y que poco a poco vayan concienciando y comprometiendo a los políticos, a los actores económicos y sociales, y a la población, para hacer las cosas mejor en el futuro. En este sentido, es muy positivo el trabajo que está haciendo la Iniciativa Latinoamericana del Paisaje (Lali), intentando promover un convenio del paisaje a nivel latinoamericano, y promover en cada país regulaciones y estrategias de paisaje.

¿Cómo debería de ser esa ley del paisaje?

No se trata de hacer leyes castigadoras, punitivas, fiscalizadoras, sino con un espíritu constructivo, positivo, que creen diálogo, que sienten en una misma mesa actores con intereses diferentes, y dotarlas de instrumentos para salvaguardar y mejorar el paisaje. En definitiva, normativas que construyan una mirada diferente al territorio y al paisaje. También es importante tener normativas a escalas: continental, de país, de región y local, porque el paisaje se gestiona desde todos los ámbitos.

¿Cómo se observa desde la visión europea el Paisaje Cultural Cafetero?

El PCC se admira como un paisaje productivo único, de gran valor histórico, cultural, patrimonial y natural, y con grandes oportunidades para el futuro de los quindianos.

¿Cómo ve el futuro del PCC?

Yo pienso que aún queda mucho trabajo por hacer. Hasta ahora se ha cubierto un primer nivel, es decir, se han reconocido sus valores universales, y a partir de este punto las administraciones deben transmitirlos a la sociedad, para que todo el mundo sea consciente de ello. Un paisaje que no es solo el del monocultivo de café, sino el de la variedad de cultivos y productos de la región, incluyendo las ciudades y los pueblos, su arquitectura y su patrimonio. Hay que tener una mirada conjunta a este paisaje y avanzar hacia su planificación integral. El paisaje del Quindío tiene todos los ingredientes para ser el eje central del desarrollo económico, social y cultural de la región. La gente debe de ser consciente de este patrimonio, no solo para que vengan los turistas y lo disfruten por su atractivo, sino sobre todo como un recurso fundamental para el futuro de la población del Quindío, además de incrementar su autoestima, identidad y calidad de vida.

¿Qué le diría a la gente del Quindío sobre su paisaje?

Que lo aprecie, que lo sienta, que lo viva, que lo redescubra, que lo cuide, que se enorgullezca de el, que sea consciente del valor extraordinario que tiene, y que transmita sus valores, que hacen del Quindío una región productiva singular y diferente a las de otras partes del mundo. Que inviertan cuanto más en la educación y la formación, eso es fundamental.

 

Extraído de la entrevista al ambientólogo Pere Sala i Martí del medio colombiano Cronicadelquindio.com

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