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Despertar el lado erudito de los más pequeños, encender sus bombillas y, de repente, convertirlos en minicientíficos impacientes por construir su propio cohete. Ese es el objetivo de dos divulgadoras científicas, una de ellas ambientóloga, de museos como el Nacional de Ciencia y Tecnología, MUNCYT, de Madrid o el de la Ciencia y el Cosmos de Tenerife. Con una pequeña chispa se desatan sus primeras inquietudes e incursiones en el mundo de la ciencia, a través de un sinfín de talleres y campamentos que se desarrollan en campamentos semanales por ejemplo en las vacaciones de Navidad.

MUNCYT actividades

El primer contacto puede ser durante el fin de semana, en actividades de una hora. «A los de menor edad, les gusta y sorprende todo porque es diferente, nuevo, les divierte y porque pueden tocar y experimentar», explica Miriam Orejón, licenciada en Ciencias Ambientales y responsable de divulgación del MUNCYT. «Ya en primaria, sólo algunos empiezan a preguntar qué hay que estudiar para ser científico y a partir de los 13, aproximadamente, es cuando vemos qué niños despuntan y muestran especial interés por determinadas áreas de la ciencia».

Precisamente para los más fascinados por esta temática, existen campamentos semanales (en Navidad, Semana Santa o verano) en los que se pasan toda la mañana experimentando a través de juegos, excursiones, veladas astronómicas e inmersos en su propio proyecto de investigación en el que tienen la oportunidad de crear y construir hasta donde llegue su curiosidad.

Ya con tres años pueden iniciarse en la investigación. «Se trata de que trabajen en libertad, sondeen, toquen, prueben y saquen sus conclusiones», argumenta Orejón. Por ejemplo, en una sala de experimentos disfrazados de juegos, un elefante de 100 kilos. El reto consiste en levantarlo con una mano. «Tiran de la trompa, de las orejas y después de un rato jugando a base de prueba y error, descubren una palanca y aprenden para qué sirve y cómo funciona». A partir de esta edad, también pueden ejercer de químicos. Preparan mezclas en el laboratorio, intentan hacer explotar un volcán, inflan un globo sin soplar o crean un arcoiris. Si algo les gusta, son las pompas de jabón y sus secretos: de qué están hechas, qué hay en su interior o por qué tienen esa forma.

Perder el miedo a equivocarse

Experimento tras experimento, el objetivo es estimular su creatividad, fomentar su interés por la ciencia y que aprendan los valores de la misma. «Trabajar en equipo (implica escuchar, argumentar, cooperar, repartir tareas y organizarse), con perseverancia, pensamiento crítico y autonomía, pero también compartiendo la información con los compañeros», destaca Alejandra Goded, astrofísica y divulgadora de la asociación educativa Planeta Ciencias, identidad que imparte actividades didácticas en el Museo de la Ciencia y el Cosmos de Tenerife y que también cuenta con un programa propio de talleres científicos en Madrid. «Es importante que pierdan el miedo a equivocarse porque no se puede innovar sin cometer errores previamente». Además, para que también perciban la ciencia como algo cercano, «aprovechamos material reciclado fácil de encontrar en casa. Por ejemplo, construyen aviones con hélice capaces de volar y lo hacen con botellas de plástico, clips, poliespán, cartón, gomas elásticas y tapones».

Con el mismo principio de acción y reacción con el que fabrican un cohete, los pequeños Newton también pueden construir un coche. «Se las tienen que ingeniar para hacer las ruedas y conseguir que sea el más rápido», apunta Goded. Aquí, señala esta divulgadora, «les hablamos de la importancia de la repetición en ciencia para poder concluir resultados y también les mostramos la necesidad de aislar parámetros para poder establecer asociaciones de causa-efecto».

Según van creciendo, tienen la oportunidad de averiguar por qué el sonido no puede viajar en el espacio, generar electricidad, visualizar ondas de sonido o analizar cómo las cámaras digitales procesan la información que capturan. Una de las áreas más fascinantes para ellos desde su primer contacto con la ciencia es la Astronomía. Descubren los diferentes tamaños de los planetas, aprenden por qué la Tierra es una esfera ligeramente aplastada, cómo se mueven los astros, cómo y por qué se producen los eclipses e incluso logran calcular la distancia a las estrellas más cercanas.

En el Museo de la Ciencia y el Cosmos de Tenerife, entre los seis y 14 años, los niños pueden pasar una noche de acampada para explorar las estancias, visitar el planetario y construir con sus propias manos, y según sus edades, un planisferio, una brújula o un selenoscopio. Pero el plato fuerte de esta actividad es la observación de las estrellas desde la azotea con un telescopio y prismáticos. «De todas las actividades que desarrollamos en este museo de Tenerife, los niños se sienten más científicos cuando están mirando a través del telescopio y cuando plantean sus hipótesis».

Su carrera como biólogos y genetistas también puede comenzar en Primaria, a través de talleres en los que aprenden a realizar la extracción del ADN de diferentes frutas como la fresa o identificando su propio grupo sanguíneo con un mínimo pinchazo en el dedo y la mezcla con reactivos.

A medida que estos pequeños de bata blanca se hacen mayores, los talleres se van complicando y les muestran el complejo mundo de la nanobiología y la nanotecnología. Profundizan, por ejemplo, en lo que ocurre en el interior de una célula. Así, la ciencia puede ser divertida, inspiradora y creativa e incluso lo que empieza como un juego puede convertirse en su vocación. Probablemente, este tipo de talleres sean la primera semilla que inspira a nuestros futuros Einstein y Marie Curie.

Aprender mediante el método científico

La mente infantil se sorprende de casi todo y, aprovechando esta capacidad y la curiosidad que les motiva, en los talleres y campamentos científicos, se les enseña a pensar con el método científico, universalmente utilizado en la ciencia y la investigación. Como auténticos investigadores, biólogos, astrónomos, ingenieros, físicos y químicos, en este tipo de actividades, los niños empiezan explorando. Observan un suceso asombroso y que despierta su interés, emiten hipótesis sobre las causas que lo pueden provocar, diseñan un experimento para comprobarlo, aprender a rectificar si sus ideas previas estaban equivocadas y utilizan lo aprendido para construir un invento o conseguir un objetivo.

 

Fuente: El Mundo

 


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