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A los bajos estándares laborales y altos costes medioambientales por los pesticidas, los tintes y la gran cantidad de agua utilizada por la "ropa de usar y tirar" hay que sumar un nuevo problema. Las prendas baratas y de mala calidad están generando una ingente cantidad de basura difícil de gestionar: en la Unión Europea, apenas se recicla el 25% de los más de 16 millones de toneladas de residuos textiles que se generan cada año. Esto llevó a la Eurocámara a establecer nuevos estándares en la economía circular y fijar nuevas reglas para la gestión y recogida de esta basura.

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La industria del fast fashion ha hecho que en apenas 15 años la producción de ropa en todo el mundo se haya multiplicado por dos, según un estudio de la Fundación Ellen MacArthur. Si en el 2000 se fabricaban 50.000 millones de prendas, en 2015 alcanzaron las 100.000, y todo apunta a que el ritmo ha seguido creciendo. El informe, elaborado en colaboración con la consultora McKinsey&Company, y a partir de datos del Banco Mundial, muestra además otra preocupante tendencia: la ropa está masivamente infrautilizada. En concreto, en esta última década y media, el tiempo de uso que le damos a las prendas antes de tirarlas ha disminuido un 36%, y hoy las usamos menos de 160 veces de media antes de deshacernos de ellas.

En España, este modelo está muy presente. El año pasado, Primark, una de las grandes marcas de ropa lowcost, se consolidó como la segunda firma textil por ventas en el mercado nacional, solo por detrás de Inditex, y es además una de las que más está creciendo: un 7,6% en su último ejercicio fiscal. Unas cifras que se reflejan en su megatienda de la Gran Vía de Madrid: con cinco plantas y 12.400 metros cuadrados, es la segunda más grande del mundo de la firma solo por detrás de la de Manchester.

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Según indican desde la Asociación Ibérica de Reciclaje Textil (Asirtex), cada español genera 14 kilos de residuos textiles al año, y de ellos, apenas el 20% se puede reciclar, un porcentaje inferior al de la media de la UE, y muy lejos del objetivo del 50% fijado por el Plan Estatal Marco de Gestión de Residuos (PEMAR) para el 2020. La utilización de fibras sintéticas y derivadas del petróleo, como el poliéster, explican desde Asirtex, dificulta e incluso impide su reciclaje. Y deshacerse de ellas, mediante la incineración, es altamente contaminante. Si en 2015 el sector era responsable del 2% de las emisiones de CO2 en el planeta, para 2050 se estima que generará el 26%. Eso sin contar con la cantidad de microfibras que acaban en los océanos que las prendas sintéticas sueltan en cada lavado: 22 millones de toneladas de estos plásticos se verterán al mar de aquí a 2050, según calcula la Fundación Ellen MacArthur.

Eliminar la basura textil no es el único problema. Darles una segunda vida también se está complicando. India sigue siendo el primer mercado en recibir ropa de segunda mano, pero algunos países de África Oriental (como Kenia, Uganda, Tanzania o Ruanda), segundo destino mundial, ya están poniendo coto a su importación.

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Fuente: texto de CincoDías; imágenes de Underdog y Asirtex.

 

 
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