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Para el ambientólogo Francesc Baró, los espacios verdes en la ciudad de Barcelona son insuficientes para que puedan tener efectos positivos relevantes sobre la calidad de vida de las personas. Es lo que se desprende de la tesis doctoral que ha presentado el investigador del ICTA-UAB, y que ha sido galardonada en los Premios Ciencias Ambientales 2016.

El trabajo de Baró ha cuantificado y cartografiado los beneficios que aporta el verde urbano y periurbano de Barcelona, como la mejora de la calidad del aire, la mitigación del cambio climático o las oportunidades para el ocio y concluye que por la poca cantidad de espacios y elementos verdes en Barcelona, sus efectos positivos sobre la calidad ambiental y el bienestar de las personas son muy limitados.

El estudio propone considerar los parques, bosques, arbolado viario y otros espacios verdes como una infraestructura verde e integrarla de manera explícita en la planificación y gestión de la ciudad y su área metropolitana para potenciar sus beneficios.

De hecho, según Baró, la aplicación del concepto de infraestructura verde como una red de espacios verdes planificada y diseñada para ofrecer múltiples beneficios se considera, por parte de un creciente número de responsables políticos, profesionales y científicos, como el camino que seguir para hacer frente a muchos de estos desafíos urbanos.

La tesis doctoral, galardonada en los "Premios Ciencias Ambientales 2016" como la mejor actividad de investigación por el Colegio de Ambientólogos de Cataluña (COAMB) y la Asociación Catalana de Ciencias Ambientales (ACCA), indica que el impacto de la infraestructura verde urbana para hacer frente a los problemas urbanos es a menudo muy limitado en ciudades densas como Barcelona. Por ejemplo, la contribución del verde urbano de Barcelona en la mejora de la calidad del aire o la mitigación del cambio climático es inferior al 3 %.

La tesis sugiere diversas acciones para planificar y gestionar la infraestructura verde de Barcelona, como el desarrollo de nuevos espacios verdes en superficies construidas (por ejemplo jardines y huertos en azoteas y cubiertas), y asegurar la conservación, pero a la vez el uso público de espacios periurbanos como Collserola. "Para ello es imprescindible una armonización de los instrumentos de planificación y gestión ambientales a diferentes escalas", señala el estudio.

 

Fuente: modificado de La Vanguardia.

 

 
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