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El COAMBA participó la pasada semana en la jornada que bajo el título 'Retos ante el Cambio Climático', organizada por el diario Ideal, y que pone de manifiesto que las medidas de adaptación y mitigación del cambio climático no solo dependen de las instituciones y gobiernos, sino que, fundamentalmente han de ser de carácter personal. Si la sociedad no es consciente de que la lucha contra los efectos del cambio global comienzan por uno mismo, la batalla está perdida de antemano.

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Lluvias torrenciales, calor y frío extremo, alteración en las pautas estacionales, cambios drásticos en el comportamiento de animales y plantas, desaparición de especies, escasez de agua y alimentos, subida de mar, avance del desierto… Son algunos de los efectos de una realidad que hasta hace muy poco tiempo casi nadie quería aceptar. El cambio climático ha llegado para quedarse. Los expertos aseguran que la evolución del clima y el cambio global que comporta es una situación ante la que la sociedad solo tiene una posibilidad: adaptarse e intentar reducir el impacto sobre el entorno, con el objetivo de paliar las consecuencias, y poner en marcha las medidas para que influya lo menos posible en el estado del bienestar.

Bajo el título 'Retos ante el Cambio Climático', organizada por el diario Ideal con el apoyo del Ministerio para la Transición Ecológica, a través de la Fundación Biodiversidad, participaron especialistas que forman parte del Colegio Oficial de Ciencias Ambientales, ingenieros de la UGR y el Centro de Cooperación para el Desarrollo, ayuntamientos y técnicos de Medio Ambiente.

La delegada de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía en Granada, Inmaculada Oria, fue la encargada de inaugurar la sesión de trabajo. «Mientras que hace siglos las variaciones climáticas se debían fundamentalmente al efecto de acciones de carácter natural, desde finales de la década de 1950, está demostrado que el incremento de CO2 en el aire se debe a la acción humana, a nuestro modelo de desarrollo, a la forma en la que vivimos, un 90% de los actuales desequilibrios climáticos, del cambio global se deben a la acción humana», dice Oria, que reconoce que los nuevos escenarios ambientales climáticos requieren escenarios políticos, «el cambio en las políticas ambientales es ya la única alternativa». Recuerda que los estamentos políticos, y la sociedad, tienen una obligación ecológica, ética y estética para abordar los problemas ambientales, pero añade un nuevo parámetro «ineludible en la ecuación, la economía.

La delegada de Medio Ambiente pone un especial énfasis en la próxima aprobación de la nueva Ley de Cambio Climático que está a punto de aprobar el Parlamento de Andalucía, que pone sobre la mesa el marco legal para tratar la adaptación a la nueva realidad, llena un vacío legal, integra la acción por el clima de forma transversal en la planificación de la Junta de Andalucía y otras entidades. Recuerda que ya desde 2007 está en marcha el Plan Andaluz de Acción contra el Clima, con programas de mitigación, adaptación y comunicación.

Más calor, más frío

En el sur de la península Ibérica, las temperaturas pueden subir entre dos y seis grados en los próximos 30 años. No es una variación despreciable, con solo un grado más, algunos animales, como los mejillones, no serán viables, algunas plantas no crecerán y el consumo energético se disparará. Son algunos de los datos ofrecidos por el especialista en medio ambiente, Andrés Ferrer Santiago, miembro de la Junta del Colegio Oficial de Ciencias Ambientales de Andalucía. Los estudios comparativos elaborados por la Plataforma sobre Adaptación al Cambio Climático (AdapteCCa) una iniciativa de la Oficina Española del Cambio Climático y del Ministerio para la Transición Ecológica a través de la Fundación Biodiversidad. Según explica Ferrer Santiago, el incremento de temperaturas hasta llegar incluso a máximas medias permanentes de entre 31,5 y 35 grados, provocaría mayor número de días de calor con oleadas de hasta 14 días continuados, así como la disminución de precipitaciones, de los setenta días de lluvias de media en los últimos 75 años, pasaríamos en 2050, a 30 días, lo que supone una impresionante pérdida en recursos hídricos, el agua subiría de precio y también el coste de las energías.

Estos datos tienen su reflejo en el ámbito urbano. María José Linares, del Colegio Oficial de Ciencias Ambientales, indica que «las personas no somos conscientes de cómo nos afecta esta nueva realidad y necesitamos un cambio en el modelo energético antes de llegar a la actuación personal», pero los ciudadanos, en general, no piensan que el problema vaya con ellos. «Incluso gente muy concienciada, no piensan que tengan que hacer cambios de actitud en sus comportamientos, cuando en realidad es algo que nos atañe a todos».

Ante la desigualdad

El ingeniero del Centro de Cooperación para el Desarrollo, Javier Ordóñez, cree que el cambio climático incrementará la desigualdad, por lo que habría que llegar a un modelo de desarrollo que no deje a nadie atrás. «En este sentido el cambio climático es también una oportunidad para modificar esas desigualdades. Hemos de apostar por actuaciones sociales y políticas transnacionales».

Los ayuntamientos de Granada y Motril tienen en marcha, como otros municipios, acciones encaminadas a paliar y concienciar sobre el cambio climático. Antonio Bueno, de Urbanismo y Medio Ambiente de Motril, cree que hay que convencer a los ciudadanos. Una forma es la de actuar con los niños como se ha hecho en temas de reciclado. También ha mostrado estudios realizados en este municipio sobre el consumo energético de los barrios de la ciudad, un estudio novedoso que ya se ha extrapolado a otras ciudades andaluzas.

La Agenda 21 en la capital granadina, ha sido clave para esa concienciación y puesta en valor de las necesidades ambientales. Ángela Guevara, responsable de Agenda 21 del Ayuntamiento de Granada, mostraba la labor realizada desde el año 2009, con el que se ha conseguido reducir en un 22% las emisiones de la ciudad, además de reducir el gasto energético, tanto en la iluminación urbana, como el uso de calderas de biomasa, por ejemplo, en los colegios. La capacidad de adaptación de los ecosistemas y de la sociedad personalizada en todos y cada uno de los ciudadanos, es la única esperanza para paliar los efectos del cambio global.

 

Fuente: Ideal