En todo el mundo, la gente valora la naturaleza de formas diferentes y profundas que van más allá del uso económico de los recursos naturales. Sin embargo, esas formas diversas en las que las personas valoran la naturaleza no se reflejan adecuadamente en la toma de decisiones políticas y económicas. Según un nuevo estudio publicado en Nature, esa infravaloración de la naturaleza es la base de la crisis ambiental a la que nos enfrentamos.

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La «crisis de valores» muestra el continuo predominio de un conjunto limitado de valores que se ha demostrado que son inadecuados para resolver la doble crisis de biodiversidad y del cambio climático. Asimismo, el estudio identifica cuatro «enfoques centrados en valores» que pueden fomentar las condiciones necesarias para un cambio transformador hacia un futuro más justo y sostenible: reconocer la diversidad de valores respecto a la naturaleza, incorporar esos valores diversos a la toma decisiones en todos los sectores, reformar las políticas y marcos institucionales, y cambiar las normas sociales para respaldar los valores alineados con la sostenibilidad.

En la actualidad, los valores de la naturaleza basados en el mercado (por ejemplo, los asociados con los alimentos producidos de forma intensiva) tienden a prevalecer sobre los valores que no están basados en el mercado, asociados a otras numerosas contribuciones de la naturaleza a las personas (por ejemplo, la adaptación al cambio climático o sustentar las identidades culturales), las cuales son igual de esenciales para conseguir sociedades justas y sostenibles.

Al mismo tiempo, las políticas de conservación de la biodiversidad (como la expansión de las redes de áreas protegidas) a menudo también han dado prioridad a conjuntos limitados de valores de la naturaleza. Con frecuencia han marginalizado los valores de las comunidades locales y de los Pueblos Indígenas, quienes, en muchos casos, han asegurado la protección de la biodiversidad de sus territorios.

De acuerdo con los autores del estudio, para alcanzar futuros más justos y sostenibles, es fundamental despegarse de la predominancia de los beneficios a corto plazo y del crecimiento económico a toda costa, la cual se ha mantenido en detrimento de incluir los numerosos valores de la naturaleza en las decisiones económicas y políticas.

«Es más urgente que nunca entender mejor cómo y por qué los que toman las decisiones privadas y públicas (infra)valoran la naturaleza y, aunque es algo positivo que los acuerdos globales como el Marco Mundial Kunming-Montreal de la Diversidad Biológica y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU exijan procesos inclusivos y participativos para transformar los valores de la naturaleza en acciones, las políticas ambientales y de desarrollo predominantes le siguen dando prioridad a un subconjunto limitado de valores de la naturaleza (basados en el mercado)», afirma el coordinador del estudio Unai Pascual, profesor Ikerbasque del centro de investigación BC3 y copresidente del informe sobre Valores de la Naturaleza (“Values Assessment”) de la Plataforma Intergubernamental de Ciencia y Política sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas (IPBES).

El artículo deriva de la publicación de julio del 2022 del informe «Values Assessment», aprobado por los 139 estados miembro de IPBES. En él, se resumen y destacan los resultados principales del informe, basados en una revisión de más de 50.000 publicaciones científicas, documentos sobre políticas y diversas fuentes basadas en conocimiento de Pueblos Indígenas y comunidades locales. Con esa evidencia, los autores del estudio publicado en Nature proponen combinaciones de «enfoques centrados en valores» para, en definitiva, valerse de los cambios necesarios para transformar las estructuras institucionales y decisiones actuales que tienen un impacto negativo en la sostenibilidad y en la justicia social.

En todas las sociedades hay valores profundos y muy arraigados que están basados en normas sociales e incluso normas legales (como el cuidado y la justicia), además de justificaciones específicas de por qué a la gente le importa la naturaleza. Aquí resaltan los llamados valores instrumentales (p. ej., cuando la naturaleza percibida como un activo económico), intrínsecos (p. ej., cuando se quiere cuidar la naturaleza desde un punto de vista ético o moral) y relacionales (p. ej., los valores que surgen de una relación profunda con la naturaleza, como el sentimiento de pertenencia a un territorio o las identidades colectivas).

Todos esos tipos de valores de la naturaleza se pueden medir con una amplia variedad de métodos de valoración basados en diferentes tipos de indicadores o métricas de valores económicos, ecológicos y socioculturales. Así, en el estudio se señala que no hay escasez de métodos de valoración para comprender y considerar la diversidad de los valores de la naturaleza.

«La comunidad científica ha desarrollado una amplia gama de métodos de valoración. Lo que escasea es la voluntad o capacidad de los gobiernos y otros actores clave interesados para aplicar esos métodos e incorporarlos en sus sistemas de toma de decisiones de tal forma que se tenga en cuenta la representación, la equidad y las relaciones de poder entre las distintas partes involucradas en los procesos de valoración», dice Pascual.

En base a estos hallazgos, los autores del estudio piden equilibrar los valores que cimientan las estructuras sociales (como las instituciones legales) promoviendo valores bien arraigados como el cuidado, la solidaridad, la responsabilidad, la reciprocidad y la justicia, tanto hacia las personas como hacia la naturaleza. El estudio también sostiene que equilibrar la balanza de la toma de decisiones teniendo en cuenta los múltiples valores de la naturaleza es esencial para lograr un cambio transformador real para hacerle frente a la actual crisis de biodiversidad y emergencia climática, la cual está estrechamente ligada con otros problemas como el aumento de la contaminación, la emergencia de pandemias y las injusticias ambientales.

Para ello, se necesita redefinir los conceptos de «desarrollo» y «bienestar», y reconocer las múltiples maneras en las que la gente se relaciona entre sí y con el mundo natural. Un aspecto especialmente oportuno del artículo publicado en Nature es el apoyo que ofrece a los esfuerzos recientes (como los que se indican en el Marco Mundial Kunming-Montreal de la Diversidad Biológica) para crear enfoques respetuosos y participativos en las tomas de decisiones ambientales y de desarrollo.

En este contexto, en el estudio se hace hincapié en que reconocer e incorporar visiones del mundo alternativas, los valores de los Pueblos Indígenas y las comunidades locales, y las instituciones que apoyan sus derechos y territorios también permite que las políticas sean más inclusivas, lo cual fundamentalmente se traduce en mejores resultados para las personas y para la naturaleza. Según Unai Pascual, «nuestro análisis muestra que la mejor opción que tenemos para cumplir con los objetivos mundiales como los del Marco Mundial Kunming-Montreal y los ODS es tejer conjuntamente los valores diversos de la naturaleza en todos los sectores de la sociedad y nuestras economías».

 

Contacto de prensa: Amelia Ochoa Escala

 
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