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Hace tiempo que escuchamos que el cambio climático puede afectar nuestra vida en muchas de sus facetas, pero ¿sabemos las consecuencias que puede tener el cambio climático en enfermedades como el paludismo o la malaria? Analizamos la difícil relación de estos dos factores con motivo del día mundial del Paludismo, que se celebra cada 25 de Abril.

El paludismo es una enfermedad infecciosa transmitida por la picadura del mosquito hembra que provoca fuertes fiebres de manera intermitente, incluso pudiendo llegar a la muerte. Se considera la enfermedad transmitida por mosquitos más importante, por ello es fundamental disminuir su efecto para acercarse a los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Por otro lado, el cambio climático lo podemos definir como una variación de la temperatura media del clima que permanece a lo largo de unas décadas. Este cambio se debe a factores naturales internos, externos y a la acción del hombre sobre la atmósfera y el uso del suelo. La temperatura mundial ha ido en aumento en el último siglo.

La variación en las condiciones climáticas, como la temperatura, los patrones de lluvia y/o la humedad, puede tener un efecto positivo en la vida de los mosquitos y en la colonización de nuevos hábitats, aumentando así su distribución geográfica. Un aumento de las temperaturas alterará el ciclo de crecimiento del parásito en el mosquito, lo que le permitirá desarrollarse más rápidamente, aumentará la transmisión y, por lo tanto, tendrá consecuencias sobre la carga de enfermedad.

El fenómeno de El Niño y los mosquitos

El cambio climático influye además en el fenómeno de El Niño, asociado con un mayor riesgo de algunas enfermedades transmitidas por mosquitos, como el paludismo, el dengue y la fiebre del Valle del Rift. En climas secos, las lluvias torrenciales pueden desarrollar buenas condiciones de reproducción para los mosquitos. El aumento de la humedad y las sequías pueden convertir los ríos en grandes charcas que se convierten en los lugares de reproducción preferidos de los mosquitos, aunque por otro lado, en algunas zonas, las fuertes lluvias pueden llevarse consigo los lugares de reproducción y reducir la incidencia de la malaria. En general, los cambios en el ciclo de El Niño tienen la capacidad de aumentar el potencial malariogénico, lo que provoca epidemias de malaria.

La enfermedad en Europa fue eliminada en 1975 a consecuencia de las mejores condiciones de riego, de drenaje, el aumento de la economía, los nuevos métodos de cultivo y un mejor servicio y mayor calidad de medicinas. En cambio, la posibilidad de que se produzcan epidemias de malaria en los países tropicales que en la actualidad son susceptibles a la enfermedad es real. El cambio climático y el aumento de los viajes en todo el mundo puede hacer que se vuelva a introducir la malaria o aumente su transmisión en países tropicales y templados que la han eliminado o controlado. Estos países serían propensos a las epidemias, ya que la vigilancia y la preparación para el control de la malaria pueden no ser tan intensas como cuando la malaria era un problema importante de salud pública en esos países.

En conclusión, tal vez no sea posible cuantificar en qué medida el cambio climático afecta a la transmisión de la malaria, puesto que depende de muchos factores, como la población y la dinámica demográfica, la resistencia a los medicamentos, la resistencia a los insecticidas, las actividades humanas como la deforestación, la irrigación, el drenaje de tierras pantanosas, etc., por lo que es en este contexto en el que es más necesario subrayar la importancia de la vigilancia y la preparación y no ponerlas en riesgo, especialmente en los países en desarrollo, que tienen que buscar un equilibrio entre los diversos intereses que compiten por los escasos recursos.

 

Fuente: modificado de ONU.

 


 
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