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Ayer domingo 17 de junio se celebró el Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía, una efeméride que nos recuerda las graves consecuencias de estos dos fenómenos al impactar sobre recursos claves para nuestra supervivencia, como el agua:

"La degradación del suelo y de los recursos hídricos, tanto en calidad como en cantidad, están íntimamente ligados"

Son palabras de Aziza Akhmouch, responsable de la División de Ciudades, Políticas Urbanas y Desarrollo Sustentable de la OCDE y miembro del Consejo de Estrategia y Supervisión de Fundación Aquae.

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La desertificación -proceso por el que tierras anteriormente fértiles pasan a ser cada vez más secas e improductivas- provoca, por ejemplo, que el aumento de la salinidad del suelo y su contaminación por agentes químicos afecte a la calidad del agua que se almacena en los acuíferos; o que el sellado del suelo por la urbanización reduzca considerablemente las áreas de filtración del agua hacia los acuíferos, reduciendo así la cantidad de recursos hídricos.

Según las Naciones Unidas, los efectos de la desertificación afectan ya a 169 países, con China a la cabeza: unos 250 millones de personas la sufren de forma directa y unos 1.000 millones se encuentran en zonas de riesgo. La ONU también nos recuerda que la Tierra pierde cada año 15.000 millones de árboles y 24.000 millones de toneladas de tierra fértil. Respecto a nuestro país, el Tribunal de Cuentas Europeo (TCE), que a finales de 2018 publicará los resultados de la auditoría que está realizando actualmente para analizar si se está combatiendo eficientemente el riesgo de desertificación en la UE, indica que hasta el 44 % de España corre un gran riesgo de erosión del suelo.

La escasez de agua y la desertificación son retos tan importantes que ambos han recibido especial atención en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS): ODS 6 Agua Limpia y Saneamiento y ODS 15 Vida de los Ecosistemas Terrestres.

«Organizaciones como Fundación Aquae, que desarrolla en España ‘Sembrando Oxígeno’ para fomentar la reforestación y reducir las emisiones de CO2, trabajan desde hace años para contrarrestar los devastadores efectos de la desertificación y la sequía. Una línea de actuación alineada con la meta 15.3 de los ODS, que aboga por luchar contra la desertificación, rehabilitar las tierras y los suelos degradados, incluidas las tierras afectadas por la desertificación, la sequía y las inundaciones, y lograr un mundo con una degradación neutra del suelo, de aquí a 2030», destaca Akhmouch, que en 2017 inició su colaboración con Fundación Aquae como miembro de su consejo asesor.

Sembrando O2 reforestacion Aquae

Desde 2015, ‘Sembrando O2’ ha llevado a cabo reforestaciones en el Mirador de Fuente el Sol (Valladolid), donde se plantaron 500 árboles para compensar la huella de carbono de los asistentes al Aquae Campus de ese año; y en Pego (Alicante), donde se sembraron 4.000 árboles que restauraron ocho hectáreas de bosque tras el incendio de mayo de 2015. En 2016 se recuperó un paseo de 1.200 m2 en la zona de Arcas Reales (Valladolid) con 1.000 árboles y plantas citadas en los textos de Miguel Delibes y en 2017 en Granada se plantaron 700 árboles, uno por cada participante al Aquae Campus de 2016. Este año se han plantado 800 árboles en Valderrey y Valorio (Zamora) para recuperar más de 10.000 m2 de superficie forestal. Además, se ha acometido una reforestación en el Parque Natural de la Mata (Torrevieja) y a finales de año se llevará a cabo un nuevo proyecto en Avilés.

El 40% de la población mundial, bajo estrés hídrico «Las proyecciones de la OCDE indican que el 40% de la población mundial vive en cuencas hidrográficas bajo estrés hídrico; el 50% vive en China e India», señala Aziza Akhmouch. Otras zonas como la región mediterránea, Oriente Medio, Asia Central, África subsahariana, Australia, o el oeste de América del Norte también sufren de grave estrés hídrico.

«Los promedios engañan y hay países, como Brasil y Chile, donde las distribuciones espaciales de recursos hídricos y usos enmascaran realidades muy distintas. Brasil es un país con una diversidad enorme, que concentra el 12% de los recursos hídricos del mundo y algunas de las cuencas más grandes (Amazonas, Paraná, São Francisco). Y con todo, el país sufre un alto riesgo de escasez agua», subraya la responsable de la División de Ciudades, Políticas Urbanas y Desarrollo Sustentable de la OCDE.

Las previsiones de la OCDE apuntan a un aumento de la demanda del agua en un 55% para 2050, lo que se espera siga exacerbando estas tendencias de estrés hídrico. «Para hacer frente a esta demanda se está implantado un menú de opciones que combina básicamente tres elementos: puesta en marcha de soluciones técnicas, implementación de políticas para gestionar el agua de forma eficiente y mejora de la gobernanza del agua», resalta Akhmouch.

Las soluciones técnicas van desde infraestructuras más eficientes, incluyendo verdes y grises, hasta el riego por goteo, pasando por otras más innovadoras como los sistemas inteligentes de gestión de los servicios del agua. El segundo elemento se basa en la implantación de políticas encaminadas a hacer un uso más eficiente del agua. «Un ejemplo claro lo vimos cuando en 2015 y 2017 trabajamos con Brasil, donde el Gobierno quiere mejorar los regímenes de asignación de recursos hídricos para lidiar con los riesgos hídricos futuros. Nosotros les recomendamos definir la disponibilidad de recursos y las prioridades para la asignación; crear estándares consistentes para los permisos de utilización de agua; mejorar el monitoreo y la aplicación; fortalecer la capacidad del Estado; e involucrar a los usuarios», explica la responsable de la OCDE.

«Los países también se han dado cuenta de que mejorar la gobernanza del agua es clave para poder implementar las soluciones de las que hablábamos», concluye Akhmouch. La OCDE ha examinado los marcos de gobernanza del agua en 17 países de esta organización y 13 países de América Latina. Asimismo, ha apoyado procesos de reformas nacionales de agua en México (2013), Países Bajos (2014), Jordania (2014), Túnez (2014) y Brasil (2015 y 2017).

 

Fundación Aquae es una organización sin ánimo de lucro creada en 2013 con el objetivo de impulsar iniciativas frente al cambio climático; promover y apoyar el talento y la innovación. Trabaja como un think tank que aspira a despertar la inquietud, la creatividad y el espíritu colaborativo para conseguir un modelo social, económico y medioambiental sostenible.

 

 
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