Durante la pandemia del coronavirus hay informaciones vinculadas a la naturaleza que se han convertido en recurrentes, como las relativas a la presencia de animales donde antes solo había seres humanos. Sin embargo, hay otros temas relacionados con el medio ambiente de mayor calado que se están obviando. Uno de ellos es el mayor riesgo de incendios debido a la ausencia de medidas de prevención por la Covid-19.

La vegetación de cara al verano: una “bomba de relojería”

La vegetación está especialmente frondosa, con caminos y bosques llenos de maleza, algo que puede ser una bomba de relojería en cuanto llegue el verano y sus altas temperaturas, según avisan los expertos de Meteored.

Esta crecida tan espectacular de la vegetación se debe a que hemos tenido una primavera más lluviosa de lo habitual (en marzo llovió un 95% más del valor normal del mes) y al incremento habitual de las temperaturas en esta época del año.

Circunstancias excepcionales

Durante el período de confinamiento no ha sido posible cuidar las fincas particulares, realizar el mantenimiento de parques y jardines o la correcta conservación de los bosques. Todas estas circunstancias suponen un peligro de cara al verano pues podrían
contribuir a la proliferación de incendios. A esto hay que sumar un interrogante: ¿dispondremos de los mismos recursos -tanto personales como económicos- para sofocar posibles incendios como en años anteriores?

¿Qué verano nos espera?

Debemos estar pendientes de las predicciones, especialmente de los termómetros en los próximos meses. Según el modelo ECMWF, este verano podría ser más caluroso de lo normal, tendencia que ya se viene observando en los últimos años. Esto sería muy mala noticia para la prevención de incendios. No obstante, este tipo de previsiones son, todavía, muy prematuras.

 

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