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Sin duda que hay estatus en los coches. Hablo en general, considerando todo tipo de coches, más pequeños o más grandes, de gasolina o diésel, de una marca o de otra... Los coches tienen estatus y este además se aprovecha para ser proyectado por quien lo conduce.Ya se sabe, hay quien decide comprarse un coche de una determinada marca, o de un determinado precio, porque tiene una imagen y un estatus diferenciadores, además de que le guste más su diseño o le ofrezca mejores cualidades. ¿Pero qué sucede con el coche eléctrico? ¿Entra también en ese "juego" del estatus? ¿Es para ecologistas? ¿Es para gente con dinero? ¿Tiene tanto que ver con la marca? Reflexionemos sobre ello.

 

¿Son todos los eléctricos coches de lujo?

Como casi seguro sabréis, el último coche eléctrico que hemos probado, el Tesla Model S, no es precisamente un coche cualquiera, es un coche eléctrico grande, potente, y en términos absolutos, caro, pues el más barato tiene un precio de 72.600 euros y el más caro sobrepasa ligeramente los 120.000 euros (ojo, que otra cosa es que comparativamente con modelos parecidos de gasolina no sea tan caro, solo me refiero a la cifra tal cual en euros, y que a un currito como tú o como yo, asusta).

Es un coche con grandes prestaciones y con algunos aspectos que son ahora mismo última tecnología en su campo, como la pantalla táctil a color de 17" de la consola central, el poder recargar las baterías más rápido que ningún otro, y ser el coche eléctrico a la venta con más autonomía, según la versión hasta 500 km.

Pero claro, es un coche de lujo. No es un coche asequible al que pueda aspirar una mayoría de la población. Se podría decir que sigue habiendo clases, y el estatus de este coche eléctrico es de una clase alta.

Pero esto tampoco tiene porqué sorprendernos, a fin de cuentas sucede como con cualquier coche de los que conocíamos hasta ahora de gasolina o gasóleo. Hay cochazos de marcas premium o de lujo (¿qué marcas queréis citar? BMW, Mercedes-Benz, Audi, Jaguar, Porsche, etcétera) que son para gente con bastante (o mucho) dinero. Hay más coches eléctricos además del Tesla Model S, a la vez que también hay más coches además de los Mercedes-Benz.

La cuestión es: ¿sucede esto con todos los coches eléctricos? ¿son ahora mismo por definición más caros? Si son más caros ¿suponen un estatus superior?

Porque el hecho a día de hoy es que el precio de compra de un coche eléctrico, incluso uno normal, sin pretensiones, pequeño y de marca generalista de toda la vida, no me refiero ya solo a uno de lujo como el Tesla Model S, sigue siendo más elevado que el de un coche similar.

De hecho el precio sigue siendo una de las principales pegas que se les ponen a estos coches, además de la recarga o de la autonomía.

 

Los coches eléctricos tienen todavía un precio más alto

Pensemos en varios ejemplos. Por ejemplo un Volkswagen e-Up!, un pequeño utilitario de 3,54 metros. Cuesta 26.900 euros, mientras que un Up de gasolina no llegaría a 14.000 euros. 12.900 euros es una diferencia grande, y muchos posibles compradores se echan para atrás por ello.

Es cierto que ahora mismo en varios países hay ayudas a la compra para incentivar las ventas de coches eléctricos, habida cuenta de que son más eficientes y de que en general generan menos emisiones del pozo a la rueda, y menos emisiones en su ciclo de vida completo, además de que por sus cero emisiones locales, son muy interesantes para las ciudades con problemas de contaminación del aire. En España por ejemplo un coche eléctrico como el e-Up! que he mencionado tendría 5.500 euros de ayuda. Pero el precio del coche sigue siendo el que es, aunque el Estado nos ayude a pagar parte.

Y así podríamos poner otros ejemplos. Un Renault ZOE, utilitario de 4,08 m, tiene un precio más ventajoso porque no compramos las baterías y luego hay que pagar una cuota mensual de alquiler por las mismas. Estimando el precio de las baterías en unos 5.900 euros (cifra aproximada), este coche eléctrico de Renault tendría un precio de 27.150 euros, cuando un coche similar, por ejemplo un Renault Clio, vendría a costar unos 16.000 euros.

Por cierto, para el que tenga curiosidad, ese valor para las baterías no lo tomo a la ligera sino que es el importe que aplica de diferencia Nissan en su coche eléctrico Nissan LEAF, entre la versión con batería en alquiler y la versión con batería en propiedad, con unas baterías por tecnología y tamaño bastante parecidas (aunque no iguales).

Y así podríamos hablar de más modelos, como el propio Nissan LEAF, disponible desde 29.900 euros, el BMW i3, que cuesta 35.500 euros, el Mitsubishi i-MiEV, por 30.490 euros, o el Ford Focus eléctrico, que tiene un precio de 39.900 euros.

Aclaro eso sí, para que no haya dudas, que en todos estos ejemplos que cito no estoy considerando descuentos que las marcas podrían aplicar para rebajar un poco el precio, y vuelvo a recordar, no estoy teniendo en cuenta los 5.500 euros de las ayudas a la compra del Estado, ni la ayuda a mayores que podría haber en algunas comunidades autónomas, y que son compatibles.

El coche eléctrico, a día de hoy, sigue siendo tecnológicamente caro y su producción es costosa, entre otras cosas porque tampoco se ha llegado todavía a las cifras de producción masiva que se han alcanzado con otros tipos de coches. No es lo mismo fabricar 25.000 motores eléctricos al año, que fabricar dos millones.

Y este mayor precio, además de otras cosas, hace que se vendan menos, que no sean tan asequibles como otras opciones, y que inevitablemente tengan otro estatus.

Es tan fácil como pensar cuántos coches eléctricos se ven por la calle: por ahora se siguen viendo pocos, y eso que da idea de que no son fáciles de comprar (por precio), también da estatus, la distinción de una clase de coche que no tiene todo el mundo y que no se puede comprar todo el mundo.

Pero no solo es una cuestión de precio. Un coche eléctrico también se merece un estatus más distinguido que el de un coche similar de combustión interna por su superior refinamiento de conducción, por su motor más suave, lineal y de respuesta inmediata, por su silencio y por su mayor comodidad. Uno nota muy bien esto cuando después de conducir un coche eléctrico tiene que volver a subirse al suyo.

 

Precio más alto no siempre implica ser más caro

Quiero terminar este artículo dejando constancia de que aquí hablo de un precio de compra más alto, pero no de que los coches eléctricos sean más caros. Me explico. Con las ayudas a la compra y los descuentos que algunas marcas ya aplican, el precio de compra se reduce notablemente y la diferencia de precio comparado con un coche lo más parecido posible (insisto, lo más parecido posible), se reduce.

Y entonces aquí el coche eléctrico hace gala de su gran ventaja, el coste por kilómetro es mucho menor. Lo es porque consume menos energía para hacer lo mismo, y porque esa energía es además algo más barata. Así, mientras que con un coche de tamaño medio de gasolina hacer 100 km puede costar unos 8,80 euros (6,0 l/100 km, 1,47 euros/l), y con un coche diésel puede costar unos 6,30 euros (4,5 l/100 km, 1,40 euros/l), con un coche eléctrico puede costar 1,10 euros (16 kWh/100km, tarifa supervalle), en todos los casos con todos los impuestos incluidos.

Así que a la larga, y haciendo muchos kilómetros, lo que se ahorra kilómetro a kilómetro va compensando lo que se ha pagado de más en el precio del coche al principio, y según el modelo, incluso se puede ahorrar mucho dinero al final (y los taxistas también se están empezando a fijar en esto).

Y eso por no hablar de que también se empiezan a encontrar coches eléctricos de segunda mano seminuevos, a precios muy interesantes (pero claro, tampoco hay gangas para todos).

 

Fuente: Xataca.

 

 
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