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En julio de 2016, la Comisión Europea presentó una propuesta de Reglamento sobre las reducciones anuales vinculantes de las emisiones de gases de efecto invernadero por parte de los Estados miembros junto con otra sobre la inclusión de las emisiones y absorciones de gases de efecto invernadero resultantes del uso de la tierra, el cambio de uso de la tierra y la silvicultura, lo que denominó propuesta UTCUTS, todo en el marco de actuación en materia de clima y energía hasta 2030.

2030 es el año en el que la Unión se comprometió en París a alcanzar una reducción de sus emisiones de gases de efecto invernadero de, al menos, un 40% tomando como base los niveles de 1990, lo que supone, según datos oficiales, una reducción del 43% de las emisiones actuales procedentes de los sectores incluidos en el régimen de comercio de derechos de emisión de la Unión y en un 30 % en sectores no incluidos.

Pues bien, el caso que nos ocupa se refiere a uno de esos sectores no incluidos en ningún régimen de comercio de derechos de emisión europeo: la agricultura, uso de la tierra y silvicultura. El contenido de ambas propuestas es mayor, pero la novedad y lo interesante de la inclusión de este sector es lo que hace que nos centremos en ello.

El Acuerdo de París introduce, junto a la obligación estricta de mantener el calentamiento global muy por debajo de 2ºC y proseguir los esfuerzos para limitar ese aumento de la temperatura a 1.5ºC, el aumento de la capacidad de adaptación a los efectos adversos del cambio climático y la promoción de la resiliencia al clima y un desarrollo con bajas emisiones de gases de efecto invernadero, de un modo que no comprometa la producción de alimentos, por eso para el Comité, «es importante abordar la necesidad de una mayor resiliencia en el sector agrario al mismo tiempo que se mitiga el cambio climático».

En palabras del propio Comité Económico y Social, la inclusión del uso de la tierra, el cambio de uso de la tierra y la silvicultura (UTCUTS) aporta un nuevo y destacado elemento a la política climática de la Unión, de manera que el uso sostenible y la gestión activa de los recursos naturales de origen biológico (lo que denomina el Comité bioeconomía) son elementos clave de esta transición y se deben abordar cuidadosamente a fin de lograr un crecimiento sostenible desde el punto de vista medioambiental, económico y social; es decir, la inclusión de la agricultura y la silvicultura exige que la política climática de la Unión adopte un enfoque integral: atendiendo a todos los puntos de vista y teniendo en cuenta desde la reducción de las emisiones a la captura de carbono, así como los retos en materia de adaptación y seguridad alimentaria.

Añade el Comité en su dictamen que también el sector forestal «puede desempeñar un papel fundamental a la hora de reducir las emisiones de dióxido de carbono, aumentar la energía renovable y promover el consumo sostenible. Los recursos forestales de la Unión van en aumento gracias a las inversiones a largo plazo en gestión forestal dirigidas a incrementar los niveles sostenibles para su aprovechamiento en el futuro». El uso de la biomasa como materia prima para distintos tipos de productos biológicos y como fuente de energía renovable, incluido el uso de la bioenergía sostenible junto con la descarbonización de los transportes, ayudaría de pleno a esta reducción de emisiones y aumento del almacenamiento de carbono.

También en París se trató este tema y allí los Estados parte se autoimpusieron el lograr un equilibrio entre las emisiones y la absorción, (mediante lo que denominan sumideros, del cual el mejor ejemplo serían los bosques), para la segunda mitad del siglo. Por ello, «es indispensable mantener los bosques como sumideros y evitar la saturación de carbono en los bosques que están envejeciendo».

En este sentido, el uso y acceso a éstos bosques y recursos forestales no debe ser restringido, al contrario, según expone en su texto, el Comité considera que «a largo plazo, la restricción del uso de los recursos forestales tendría como resultado la disminución de los sumideros debido al envejecimiento de los bosques y, por tanto, la ralentización de su crecimiento», o en el caso de los cultivos y los pastos, el ciclo del crecimiento y la recolección de la cosecha garantizarían que la absorción del dióxido de carbono siguiese siendo lo más eficiente posible.

Ahora bien, a fin de evitar que el remedio sea peor que la enfermedad y terminar dañando el equilibrio ecológico de nuestro entorno, el Comité apela a la prudencia y advierte que en ningún caso «las emisiones fósiles de otros sectores se deben compensar con los sumideros forestales de modo que se reduzca la disponibilidad de madera para los fines de la bioeconomía».

Junto a todo esto, hay otras dos observaciones del Comité Económico y Social Europeo altamente interesantes en torno a este tema; en concreto, y en primer lugar, la relativa a la relación de cambio climático y seguridad alimentaria, pero por otro lado también, el fomento de la adaptación y capacidad de resiliencia de estos sectores de cara a seguir siendo motor de absorción de éstos gases y de desarrollo social y económico.

Respecto a la seguridad alimentaria y su «estrecha vinculación» con el cambio climático, el Comité considera necesario atender a ambas circunstancias de forma conjunta, «de modo que la disponibilidad de tierras para el cultivo y la presión urbanística deberían impulsar el aumento sostenible de la productividad para que Europa pueda contribuir a abordar el reto mundial de la seguridad alimentaria».

En cuanto a la resiliencia y capacidad de adaptación ante el cambio climático de la agricultura y silvicultura, los sectores más castigados por los fenómenos meteorológicos adversos, para el Comité es urgente «fomentar una actuación encaminada a la mitigación que tenga el mínimo posible de consecuencias negativas en la producción» de estos sectores, realizando, como indicaba el Acuerdo de París, una evaluación global, «especialmente en lo que respecta a la integridad medioambiental y los posibles efectos negativos de la fuga de carbono».

Finalmente, como medio necesario para obtener los objetivos deseados, el Comité considera importante «que la emisión y la absorción de los gases de efecto invernadero se evalúen de manera científica, con transparencia y empleando parámetros comunes», así como la gestión especial en concreto, mediante la elaboración de unas normas contables adecuadas; dichas normas han de reflejar «las tasas reales de crecimiento forestal y captura de modo que se evite el problema que presentan las normas actuales, esto es, que en determinados casos hay sumideros que están definidos como fuentes de emisiones».

Pide así un esfuerzo a la Unión Europea y sus Estados miembro «por racionalizar unas normas contables globales para el UTCUTS», con lo que además todo ese trabajo pueda exportarse, haciendo que se unan países terceros con mayor facilidad.

También en esa internacionalización del sistema, el Comité considera de gran utilidad para la protección del medio ambiente mundial la contribución de la Unión con sus propios conocimientos en materia de inventarios de recursos forestales y métodos de seguimiento y, en especial, desarrollar un sistema satelital que pueda proporcionar datos reales a escala mundial y avanzar en conjunto en esta lucha contra los gases de efecto invernadero y el cambio climático.

 

Por Sara García García, Doctoranda en Derecho de la Universidad de Valladolid, para Actualidad Jurídica Ambiental.

Dictamen completo.

 


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