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Los gases de efecto invernadero que calientan la atmósfera, cuya gestión es crucial, son difíciles de medir. Sin embargo, en los últimos años los instrumentos satelitales y de aviación han comenzado a monitorizar remotamente el dióxido de carbono y el metano. Es más, proyectos como el Sistema de Monitorización de Carbono (CMS) de la NASA, una línea de investigación de 10 millones de dólares al año, han ayudado a unir las observaciones de fuentes y sumideros a modelos de alta resolución de los flujos de carbono del planeta. Tal y como apunta el medio Science la administración del presidente Donald Trump, de manera silenciosa, ha acabado con el CMS, ya que como reza el dicho, no puedes administrar lo que no eres capaz de medir.

Trump cancela CMS Nasa 1

La medida pone en peligro los planes para verificar los recortes nacionales de emisiones acordados en los acuerdos climáticos de París, dice Kelly Sims Gallagher, directora del Centro de Medio Ambiente y Política de Recursos de la Universidad Tufts en Medford, Massachusetts. "Si no puede medir las reducciones de emisiones, no puedes estar seguro de que los países se adhieran al acuerdo", dice. Cancelar el CMS "es un grave error", agrega.

La Casa Blanca ha lanzado un amplio ataque contra la ciencia del clima, proponiendo en repetidas ocasiones recortes al presupuesto en materia de ciencias de la tierra de la NASA, incluido el CMS, y cancelaciones de misiones climáticas como el observatorio Orbiting Carbon 3 (OCO-3). Aunque el Congreso defendió el presupuesto, el acuerdo de gasto firmado en marzo no mencionó al CMS. Eso permitió que la medida de la administración entrara en vigencia, dice Steve Cole, portavoz de la NASA en Washington, DC. Cole dice que las subvenciones existentes se llevarán a cabo, pero no se respaldará ninguna investigación nueva.

La agencia se negó a proporcionar una razón para la cancelación más allá de "las restricciones presupuestarias y las prioridades más altas dentro del presupuesto de la ciencia". Pero el CMS es un objetivo obvio para la administración Trump debido a su asociación con los tratados climáticos y su trabajo para ayudar a las naciones extranjeras a entender sus emisiones, dice Phil Duffy, presidente del Centro de Investigación Woods Hole en Falmouth, Massachusetts. Y, a diferencia de los satélites que proporcionan los datos, la línea de investigación no tenía un contratista privado para presionar por ello.

Muchos de los 65 proyectos respaldados por la CMS desde 2010 se centraron en la comprensión del carbono encerrado en los bosques. Por ejemplo, el Servicio Forestal de los EEUU ha trabajado durante mucho tiempo en la que es la principal evaluación mundial basada en el carbono de suelo forestal, pero la intensiva labor de inventarios de suelos y madera no se extendieron al remoto interior de Alaska. Es con la financiación del CMS que los científicos de la NASA pudieron trabajar con el Servicio Forestal para desarrollar un generador de imágenes láser con aeronaves para contabilizar las reservas de carbono de estos bosques. "Ahora han completado un inventario de carbono forestal en Alaska con una fracción del coste", dice George Hurtt, un investigador del ciclo del carbono de la Universidad de Maryland en College Park, que dirige el equipo científico de CMS.

Trump cancela CMS Nasa 2

El programa también ha apoyado la investigación para mejorar los inventarios de carbono de los bosques tropicales. A muchas naciones en desarrollo se les ha pagado para evitar la deforestación a través de mecanismos como el programa REDD+ de las Naciones Unidas, que se centra en reducir las emisiones derivadas de la deforestación y la degradación de los bosques. Pero los limitados datos y herramientas para monitorizar variaciones en los bosques tropicales a menudo significaban que las reducciones reivindicadas eran difíciles de tener crédito. Stephen Hagen, científico senior de Applied GeoSolutions en Newmarket, New Hampshire, formó parte de un equipo que, junto al Instituto Nacional de Aeronáutica y del Espacio de Indonesia, desarrolló herramientas de mapeo láser para detectar automáticamente nuevas carreteras y lagunas en los bosques tropicales, monitorización que ayudó al gobierno de Indonesia a solicitar financiación REDD+. El final del CMS es decepcionante y "significa que seremos menos capaces de rastrear los cambios en el CO2", dice Hagen.

El CMS también mejoró otras monitorizaciones de carbono. Apoyó los esfuerzos de la ciudad de Providence para combinar múltiples fuentes de datos en una imagen de sus emisiones de gases de efecto invernadero e identificar formas de reducirlas. Ha rastreado el carbono disuelto en el río Mississippi mientras fluye hacia el océano. Y ha apoyado financieramente a los investigadores dirigidos por Daniel Jacob, un químico atmosférico de la Universidad de Harvard, para refinar sus observaciones de metano basadas en satélites.

Es un momento irónico para matar el programa, dice Jacob. La NASA está planificando varios observatorios de carbono espaciales, incluido el OCO-3, que se instalará en la Estación Espacial Internacional a finales de este año, y el Observatorio Geoestacionario del Ciclo de Carbono , que se lanzará a principios de la próxima década. El CMS ayudaría a unir todas estas observaciones. "Sería una total lástima liquidarlo", dice Jacob.

Es probable que este tipo de investigación continúe, agrega Duffy, pero el liderazgo pasará a Europa, que ya opera un satélite de monitorización de carbono, con más en camino. "Realmente nos disparamos en el pie si dejamos que otras personas desarrollen la tecnología", dice, dada la importancia de las técnicas para gestionar las economías bajas en carbono en el futuro. Mientras tanto, Hurtt tiene esperanzas de que la NASA restaure el programa. Después de todo, dice, el problema no desaparecerá. "El tema de la mitigación del clima y la monitorización del carbono quizás no sea la mayor prioridad ahora en los Estados Unidos", dice. "Pero está en casi todos lados".

 

Por Paul Voosen para Science Magazine

 

 
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