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Hace un tiempo en una entrevista para EFEverde, el catedrático de Psicología Ambiental de la Universidad Autónoma de Madrid, Jose Antonio Corraliza, definía Ecofatiga como la saturación mental que provoca en la sociedad la proliferación de mensajes alarmistas que apelan a la responsabilidad ecológica del individuo y que genera, por el contrario, una rebaja en su conciencia ambiental.

Cambiar el cambio climático está en tus manos, ¿Lo llamamos Medio Ambiente porque el otro medio lo hemos destruido?, Reciclar no es una obligación, es tu responsabilidad o Salva el Ártico son ejemplos de campañas reales (no citaré fuentes, ya que soy muy discreto :) que podrían ser incluidas entre este tipo de mensajes.

Aunque no haya estudios serios (o por lo menos, yo no los he encontrado) sobre el grado de ecofatiga existente en los ciudadanos españoles, no parece que el sentimiento se encuentre muy extendido en nuestra sociedad; sin embargo, ésto no debe significar que no nos debamos replantear la forma en que comunicamos las campañas de sensibilización. Y es que cuando las barbas de tu vecino veas cortar...

Por ello, a la hora de diseñar las campañas del futuro se debiera tener en cuenta esta tendencia y por ello:

  • Evitar cargar exclusivamente la responsabilidad del cuidado del medio ambiente al ciudadano. Todos compartimos esa responsabilidad y en mayor medida el Gobierno con sus políticas medioambientales. O dicho de otra forma: los administradores tienen más responsabilidad que los administrados, por lo que no parece justo cargar sobre los hombros de los segundos los errores de los primeros, ¿no?
  • Evitar caer en el catastrofismo para no insensibilizar a la sociedad. Como triste paralelismo puedo comentar el progresivo aumento de imágenes escabrosas emitidas por los medios de comunicación y que hace que veamos habitual un sinfín de escandalosas desgracias. ¿Qué fue de aquel...las siguientes imágenes pueden herir su sensibilidad?

En cualquier caso, lo dicho no significa que debamos relajarnos a la hora de transmitir las problemas ambientales, más al contrario, tiene que empujarnos a los profesionales del medio ambiente a ir más allá y presentar estas cuestiones acorde a los nuevas tendencias y sensibilidades de la sociedad. En definitiva, esto nos debe ayudar a mejorar en nuestro trabajo y no caer en la complacencia y en la comodidad de los hábitos adquiridos.

Por otro lado, pienso que hay que tener cuidado a la hora de calificar lo que es ecofatiga y lo que no es. Pongo algunos ejemplos con los que me he topado a lo largo de mi vida, tanto en el ámbito profesional como en el personal:

  • "Te entiendo, pero como comprenderás ahora mismo solo puedo pensar en cómo sobrevive mi empresa y los pocos trabajadores que quedamos". Esto no es ecofatiga, esto es (en buena parte de los casos) la dura y desagradable consecuencia del periodo de interminable crisis que estamos sufriendo.
  • "¿Utilizar riego por goteo en lugar de aspersión? Si hombre, si el ahorro que hiciera yo lo gastaría mi cuñado con su aspersión". Esto no es ecofatiga, esto es ser idiota. Él y el cuñado (que seguro que pensaba lo mismo).
  • "El responsable de que no recicle es el ayuntamiento porque los contenedores de colores los han colocado al final de la calle, mientras que aquí abajo tengo el de toda la vida. Si pago mis impuestos quiero contenedores aquí, como los vecinos de allí". Esto no es ecofatiga, esto es fatiga a secas.

 

Fuente: comunicarsostenibilidad.com

 


 
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