La sostenibilidad se ha consolidado como un eje estratégico para las empresas. Sin embargo, mientras muchas organizaciones avanzan en sus planes ESG, persisten impactos ambientales que no suelen formar parte de los diagnósticos formales: los generados por los hábitos cotidianos dentro de las oficinas.

Pedidos frecuentes y poco agrupados, material almacenado sin utilizar, consumibles de un solo uso, embalajes excesivos o compras poco optimizadas. El entorno de trabajo acumula pequeñas prácticas diarias que, aunque puedan parecer menores de forma individual, impactan en la generación de residuos o en las emisiones asociadas al transporte y la logística cuando se repiten a gran escala.

Con motivo del Día Mundial del Medioambiente, desde Lyreco Iberia, compañía líder en la distribución de soluciones para espacios de trabajo y seguridad laboral, destacan la importancia de prestar atención a esta “sostenibilidad invisible”, aquella que no siempre forma parte de los grandes discursos corporativos, pero que influye directamente tanto en la huella ambiental de las compañías como en la percepción que tiene la plantilla sobre el compromiso real de sus organizaciones.

Cada vez existe una mayor sensibilidad hacia la sostenibilidad dentro de las empresas, pero el reto ya no está solo en definir objetivos o compromisos, sino en trasladarlos a la práctica diaria. Los equipos perciben rápidamente cuándo existe coherencia entre lo que una empresa comunica y lo que realmente sucede en el entorno de trabajo”, explica Marta Flores, QSS Manager de Lyreco Iberia.

En paralelo al aumento de las políticas de desarrollo sostenible dentro del ámbito corporativo, comienza además a ganar peso un fenómeno cada vez más presente en los entornos de trabajo: la ecofatiga. Este concepto hace referencia al desgaste o frustración que experimentan algunas personas cuando las iniciativas ambientales se perciben como insuficientes, poco prácticas o alejadas de la realidad cotidiana de la oficina.

Las nuevas generaciones valoran especialmente la coherencia. No esperan grandes gestos, pero sí decisiones realistas y sostenidas en el tiempo que demuestren un compromiso auténtico con la sostenibilidad”, añade Flores.

Aunque muchas compañías han avanzado en medidas visibles como la compra de productos y servicios de economía circular o la reducción del papel, todavía existen otros focos de impacto ambiental menos evidentes que siguen estando presentes en el día a día empresarial. Uno de ellos es el desperdicio asociado a una gestión poco eficiente del material y los consumibles. Productos almacenados durante meses o que caducan sin llegar a utilizarse, compras duplicadas o pedidos urgentes que multiplican embalajes forman parte de una realidad frecuente en las organizaciones.

A esto se suma el uso continuado de artículos de corta duración o de un solo uso que multiplican los residuos generados en oficinas y espacios de trabajo. Muchas veces, además, se trata de prácticas tan normalizadas que terminan pasando desapercibidas dentro de la operativa diaria.

En muchos casos, el impacto no proviene de grandes decisiones, sino de dinámicas repetidas que no se revisan. Analizar los hábitos reales de consumo permite identificar ineficiencias que pueden corregirse con cambios sencillos”, señala Marta Flores.

Para Lyreco Iberia, el reto ya no está solo en “parecer” sostenible, sino en integrar hábitos responsables de forma real y constante dentro de la operativa diaria. Reducir el impacto ambiental de las oficinas no siempre requiere grandes inversiones ni transformaciones complejas, sino cambios progresivos y sostenidos en la gestión diaria.

Entre las medidas que pueden ayudar a las compañías a reducir su impacto ambiental real, Lyreco Iberia destaca las siguientes recomendaciones:

  •  Centralizar y optimizar las compras para agrupar pedidos, evitar desperdicios y exceso de stock.
  • Apostar por productos reutilizables y de mayor durabilidad frente a artículos desechables o de un solo uso.
  • Analizar los hábitos reales de consumo dentro de la organización para detectar ineficiencias invisibles en el día a día.
  • Reducir pedidos fragmentados y embalajes innecesarios para minimizar residuos y reducir la huella de carbono.
  • Trabajar con proveedores comprometidos con el desarrollo sostenible, que cuidan el medio ambiente, respetan a las personas y a la comunidad y actúan con integridad en todas las operaciones.
  • Implicar a la plantilla en hábitos responsables que puedan mantenerse en el tiempo de forma natural y realista.

La sostenibilidad que funciona es la que se integra de forma natural en los procesos y facilita decisiones responsables. Cuando las empresas proporcionan alternativas más eficientes, aumenta también la implicación de los equipos”, concluye Flores.

En un momento en el que la sostenibilidad ocupa un lugar cada vez más relevante en la estrategia empresarial, el reto para muchas compañías pasa ahora por trasladar ese compromiso a acciones concretas, visibles y coherentes dentro de los propios espacios de trabajo. Y es que, en muchas ocasiones, los grandes retos ambientales de las empresas no están en las estrategias más visibles, sino en esos pequeños hábitos cotidianos que todavía pasan desapercibidos.

 

Fuente: Lyreco