Plantar árboles para frenar el cambio climático no siempre es lo más recomendable . Al menos si esas repoblaciones sustituyen a pastizales . Este planteamiento, que contradice un axioma científicamente aceptado, es la conclusión de un estudio realizado por el ambientólogo murciano César Terrer (36 años), investigador de la Universidad de Stanford (California), y que ha publicado en la prestigiosa revista 'Nature' .

cesar terrer

Después de revisar los datos de 108 experimentos divulgados anteriormente, Terrer ha podido demostrar que el crecimiento de la biomasa forestal ligado a una mayor presencia en la atmósfera de dióxido de carbono (el principal gas causante del efecto invernadero) produce unas consecuencias indeseables: la 'fuga' de CO2 almacenado en el suelo.

El fundamento científico del estudio liderado por César Terrer, también miembro del Laboratorio Nacional Lawrence Livermore (Departamento de Energía de Estados Unidos), es el siguiente: cuando los niveles elevados de dióxido de carbono impulsan un mayor crecimiento de las plantas, se paga un precio sorprendentemente alto en otro gran sumidero de CO2: el suelo.

Una explicación probable, según los autores, es que las plantas 'exprimen' eficazmente el suelo «en busca de nutrientes que necesitan para mantener ese extra de crecimiento impulsado por el carbono. La extracción de los nutrientes adicionales requiere acelerar la actividad microbiana, que conlleva la liberación de CO2 de nuevo a la atmósfera que, de otro modo, permanecería en el suelo«. Por este motivo, el papel protagonista de los árboles para frenar el cambio climático estaría »sobrevalorado« por la ciencia.

La teoría más extendida hasta el momento, y puesto que el dióxido de carbono en la atmósfera estimula el crecimiento de las plantas, sostiene que a medida que aumentan los niveles de CO2, tanto el aumento de la masa forestal como las campañas masivas de plantación de árboles podrían reducir el efecto de las emisiones producidas por la quema de combustibles fósiles, la agricultura y otras actividades humanas.

Pero los investigadores fueron los primeros sorprendidos al encontrar lo contrario: « Desde el punto de vista de la biodiversidad, sería un error plantar árboles en ecosistemas de pastizales y sabanas naturales», afirma Terrer. «Nuestros resultados también sugieren que estos ecosistemas herbáceos con muy pocos árboles son importantes para almacenar carbono en el suelo. Cuando las plantas obtienen la biomasa, generalmente hay una disminución en el almacenamiento de carbono del sustrato «.

Predicciones climáticas

Terrer y sus colegas encontraron que los suelos solo acumularon más carbono en experimentos donde el crecimiento de las plantas se mantuvo bastante estable, a pesar de los altos niveles de carbono en la atmósfera. « Resultó mucho más difícil de lo esperado aumentar tanto el crecimiento de las plantas como el carbono del suelo », señala Rob Jackson, profesor de la Universidad de Stanford y coautor del estudio. Las predicciones climáticas ampliamente utilizadas hoy en día no tienen en cuenta esta «compensación», según Jackson. Como resultado, es probable que sobrestimen el potencial de los ecosistemas para extraer dióxido de carbono de la atmósfera.

Las plantas y los suelos juntos absorben actualmente un 30% del CO 2 emitido por las actividades humanas cada año. « Predecir cómo cambiará la porción subterránea de este sumidero de carbono en las próximas décadas es especialmente importante porque el carbono absorbido por el suelo tiende a permanecer allí durante mucho tiempo. Cuando una planta muere, parte del carbono que se acumuló en su biomasa puede regresar a la atmósfera, contribuyendo de nuevo al calentamiento global. En los suelos, el carbono se puede almacenar durante siglos o milenios », advierte César Terrer.

Al examinar cómo funciona el almacenamiento de carbono en plantas y suelos juntos, los científicos han descubierto que las expectativas para otra pieza del rompecabezas también deben revisarse. « Los suelos almacenan más carbono en todo el mundo del que contiene toda la biomasa vegetal y la atmósfera combinados. Necesitan mucha más atención a medida que predecimos el destino de los bosques y pastizales en esta atmósfera y clima cambiantes », sostiene Terrer.

La investigación sugiere que los pastizales pueden absorber cantidades «i nesperadamente grandes de carbono en las próximas décadas ». En un escenario en el que el CO 2 atmosférico duplica los niveles preindustriales, los investigadores estiman que la absorción de carbono en los suelos de los pastizales aumentará un 8%, mientras que la absorción de carbono por los suelos forestales se mantendrá prácticamente neutra. « Y esto a pesar de que el enriquecimiento de CO 2 da un mayor impulso a la biomasa en los bosques (23%) que en los pastizales (9%), en parte porque los árboles asignan bajo tierra una porción pequeña del carbono que absorben », insiste.

Este trabajo se basa en la investigación que Terrer publicó en 2019 en la que se estima que duplicar el CO 2 atmosférico desde los niveles preindustriales, como se espera para fines de este siglo, aumentará la biomasa de las plantas en un 12% de media, un cifra tres veces menos de lo que se predecía anteriormente. « En otras palabras, es probable que las plantas jueguen un papel mucho menos importante en la reducción de carbono de lo que se creía », explica a LA VERDAD este licenciado en Ciencias Ambientales y máster en la Universidad de Murcia que se doctoró por la Universidad Imperial College London (Reino Unido).

 

Fuente: La Verdad

 
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