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En de septiembre de 2015 la EPA comunicaba que el grupo Volkswagen manipulaba el software de medición de NOx de 487.000 coches con motor diésel, caso conocido como el dieselgate. Las compensaciones y los recortes a asumir tras el escándalo y el giro estratégico del grupo, y de la industria en general, hacia los vehículos eléctricos o híbridos enchufables hacía difícil de defender las inversiones en ambos campeonatos.

La tormenta desatada por el escándalo se convirtió en huracán en pocas semanas e hizo al grupo alemán revisar todas sus inversiones. Quince meses después, el grupo Volkswagen ya ha cerrado de forma oficial y confirmado por el juez Charles Breyer estadounidense la recompra de los modelos trucados en EEUU. El precio a pagar: 15.000 millones de dólares.

 

Audi abandona Le Mans

La filial del grupo, Audi, será la encargada de cerrar el dieselgate en EEUU donde todavía hay 85.000 Audi, Porsche Cayenne y VW Touareg con motor diésel con emisiones trucadas y deberá recomprar parte de ellos y arreglar el resto. Consecuencia: alrededor de 1.500 millones de costes extraordinarios, según los analistas del sector. He aquí la primera clave para que Audi deje el Campeonato del Mundo de Resistencia (WEC, por sus siglas en inglés) que incluye la mítica carrera francesa de Le Mans, que la firma de los cuatro aros ha ganado 13 veces. La segunda clave deriva de la primera. El dieselgate ha sido la puñalada en el corazón del diésel, una tecnología eficiente hoy en día pero a la que la Unión Europea va a penalizar restringiendo las emisiones de NOx y CO2 de los vehículos equipados con estas mecánicas.

Estas restricciones han provocado que se acelere la transición hacia el coche eléctrico, incluido el paso intermedio de los llamados plug-ing hybrids, o híbridos enchufables: vehículos propulsados por la combinación de un motor de gasolina y otro eléctrico.

Por lo tanto, las inversiones para continuar el desarrollo de la tecnología diésel se van a ver reducidas drásticamente. Y Audi equipa a sus prototipos de Le Mans y del WEC con un propulsor híbrido basado en un motor de combustión diésel TDI. Ahora, para el grupo Volkswagen ya no tiene sentido continuar la evolución de un prototipo híbrido basado en la tecnología diésel. De ahí, que haya decidido dejar el campeonato del mundo de resistencia.

Por otro lado el consorcio alemán cuenta con otra marca en el Campeonato de Resistencia, Porsche. Los prototipos de la categoría LMP1 de la firma de deportivos, basados en la propulsión híbrida combinando motor de combustión de gasolina y eléctrico, han ganado las dos últimas ediciones de Le Mans. Además este año lleva 6 victorias en el WEC esta temporada. Para el grupo Volkswagen sí tiene sentido continuar con el desarrollo de la tecnología híbrida basada en la gasolina ya que en ella se basan los Porsche Cayenne, Panamera plug-ing hybrid o el superdeportivo 918. Pero también los Audi A3 e-tron o los VW Golf GTE y Passat GTE. 

 

Volkswagen deja el WRC

La nueva estrategia de Volkswagen hacia la movilidad, el vehículo eléctrico y autónomo también se ha llevado por delante cuatro años de éxitos de la firma alemana en el Campeonato del Mundo de Rallies (WRC, por sus siglas en inglés), con cuatro campeonatos y dejando a Sebastian Ogier, el actual campeón, sin volante para el año que viene.

Con el prototipo de VW Polo ya diseñado para la próxima temporada, la decisión, para muchos precipitada por algún acontecimiento no desvelado de última hora, tiene los mismos argumentos que la tomada en Audi, según el consorcio alemán. Para el grupo, la marca Volkswagen va a ser la que pare el golpe del dieselgate. En el próximo lustro ya ha anunciado recortes por al menos 3.700 millones de euros en costes de producción. Recortes que se harán, sobre todo, en Alemania. Allí es donde fabrica, bajo la enseña Volkswagen, los motores de cuatro cilindros TSI y TDI que suministra al resto de las marcas del grupo. Fábricas de motores que van a sufrir una enorme y rápida transformación: los propulsores eléctricos son infinitamente más sencillos de fabricar. Se necesitan menos piezas y menos empleados. Lo mismo ocurre con la producción de las cajas de cambio, tanto manuales como las automáticas DSG.

El consorcio alemán se ha propuesto que en 2025 un tercio de sus ventas sean de modelos electrificados. Una apuesta decidida por el vehículo eléctrico. Así, Audi tendrá un equipo propio en la Fórmula E, la competición de monoplazas 100% eléctricos. El giro hacia la Fórmula E es lógico según la estrategia empresarial, dada la transferencia de tecnología de la competición a los vehículos fabricados en serie. Al fin y al cabo, la reestructuración de la participación del grupo Volkswagen en las competiciones de automovilismo no es sólo una cuestión de ahorro. El consorcio alemán ha ganado en los tres primeros trimestres del presente ejercicio 5.900 millones de euros a pesar de las provisiones del dieselgate. Es una cuestión de cambio de filosofía empresarial hacia el vehículo eléctrico y la conversión del fabricante de automóviles en proveedor de movilidad.

 

Fuente: modificado de Expansión.

 

 
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