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En 2015, 193 países se pusieron de acuerdo para trazar un plan que erradicara los problemas más graves que azotan al planeta. Se trata de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible en la que la Asamblea General de Naciones Unidas aprobó una estrategia a 15 años vista con 17 objetivos prioritarios (Objetivos de Desarrollo Sostenible, SDG’s). Acabar con la pobreza, con el hambre, mejorar la salud y el bienestar de la población, llevar una educación de calidad a todos los habitantes, la igualdad de género, el cambio climático o la gestión del agua son algunos de esos 17 puntos para los que los Estados comprometieron poner los medios necesarios, y para los que sin la participación activa del sector privado será imposible conseguirlos.

Objetivos desarrollo sostenible

“Somos la primera generación que puede acabar con la pobreza o con los efectos del cambio climático. Los SDG’s son la clave y nos atañen a todos”, afirma Marcos Neto, director del Centro Internacional para el Desarrollo en el Sector Privado en Estambul, perteneciente al Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, y cuya labor es atraer a la empresa privada y fundaciones para contribuir a la consecución de los objetivos de 2030.

Neto, invitado junto a otros líderes empresariales a la jornada Doing Good Doing Well, pone cifras a estos objetivos: cumplirlos en su totalidad requería de una inversión anual total de entre cinco y siete billones de dólares hasta 2030. Y en la actualidad, este experto estima que todavía será necesaria la aportación de 2,3 billones cada año. “No hay dinero público suficiente. El sector privado es el motor del mundo: crea el 90% de los empleos y genera el 60% del PIB mundial. Su innovación, su creatividad, su experiencia tecnológica y su inversión son esenciales. Sin la aportación del sector privado no hay SDG’s”.

En contra de la asunción general de que la inversión de impacto social es a fondo perdido, Neto estima que, de conseguirse todos los objetivos marcados para 2030, se desbloquearían 12 billones de dólares cada año en posibilidades de negocio potencial para las compañías privadas. Los nuevos modelos de movilidad, las nuevas soluciones sanitarias, la eficiencia energética y las energías limpias son, entre otros, los sectores que más se podrían aprovechar de ello. Además, se podrían crear hasta 380 millones de empleos

“Los objetivos de desarrollo sostenible no son donaciones. No son responsabilidad social corporativa. Son una cuestión de dinero y de negocio. Las empresas implicadas en esto podrán manejar mejor los riesgos, anticiparse a las oportunidades de negocio, diferenciarse de la competencia, o ir a la par de los cambios legislativos”

Marcos Neto, director del Centro Internacional para el Desarrollo en el Sector Privado

Las grandes empresas

El cambio climático, los desastres naturales, los ciberataques, el robo de datos, son amenazas a las que las compañías ya se enfrentan hoy, y que están íntimamente relacionadas con la hoja de ruta planteada por Naciones Unidas. De ahí la necesidad de que también el sector privado se involucre de una mayor forma en ella, empezando por actuar en sus propias operaciones. Sobre todo, las grandes compañías. Es el caso del gigante alimentario Pepsico, propietario de más de una veintena de marcas de comida y de bebida, quien ha adoptado el tercero de los objetivos de desarrollo sostenible: la salud y el bienestar, en su negocio.

“Una de las grandes preocupaciones del sector es la obesidad y la malnutrición. El 27% de nuestra gama de productos es ahora frutas, verduras, bebidas para deportistas… Y cada año, crece más rápido que el resto. Es la base sobre la que queremos transformar nuestra gama de productos”

Juan Amat, responsable del área de nutrición de Pepsico para Europa

A juicio de Amat, la transparencia es hoy una exigencia, y los consumidores cada vez están más concienciados y se aseguran que la empresa en la que gastan su dinero trabaje en objetivos reales de sostenibilidad. “Una compañía sin un mensaje de este tipo y sin una estrategia no va a tener futuro, porque esto no es solo marketing”, comenta Amat.

Otro punto crítico de debate, y motivo de una gran preocupación, es la sequía. Se calcula que la escasez de agua afecta al 40% de la población mundial. Un problema que no es ajeno a AB Inbev, la mayor cervecera del mundo en producción, con marcas como Budweiser, Corona o Beck’s, entre otras. Para producir un hectolitro de cerveza, necesitan más de tres hectolitros de agua.

En 2012, este ratio era de 3,5, y ahora de 3,1. “El agua es nuestro ingrediente principal, es el 90% de la cerveza”, describe Tony Milikin, responsable de sostenibilidad del grupo. La mayor parte de ese gasto se produce en el cultivo del resto de ingredientes, por lo que han tenido que invertir de forma intensiva en mecanismos más eficientes, además de en la producción de energías limpias.

Las pequeñas compañías

Las compañías de menor tamaño no pueden ser ajenas a estos cambios, aunque sus recursos sean manifiestamente inferiores a los que manejan las grandes multinacionales. Como explica Jordi Tomás, el responsable de marketing de Cooltra, la compañía de scooters compartidas que emplea a 600 personas, “las empresas medianas o pequeñas también tenemos responsabilidad en el cumplimiento de los SDG’s”. Y añade que, sin embargo, las de menor tamaño no están tan al corriente de esto y tampoco pueden permitirse equipos específicos. “En Cooltra, nuestra misión, que es mejorar la calidad de vida a través de la movilidad sostenible, va muy ligada con esos objetivos”, describe Tomás.

La sostenibilidad de las ciudades es el objetivo de desarrollo número 11. En ese camino, Cooltra ha incorporado 3.000 motocicletas eléctricas a su flota. “Es una de las formas que tenemos de reducir la contaminación de las ciudades. La otra deberá ser limitar el transporte privado en el centro de las ciudades, e incentivar a la gente a que use métodos alternativos”, añade Tomás.

“El transporte privado solo se usa el 5% de tiempo. No tiene sentido. El futuro debe ir hacia una movilidad autónoma, compartida y eléctrica. Eso permitiría eliminar coches, mejorar el aire de las ciudades y liberar el espacio que ahora es ocupado por estos”

Juan Galiardo, responsable de Uber para España y Portugal

Las empresas empiezan a dar pasos serios para llegar a un mundo más justo y sostenible, pero aún queda camino por andar. Como recuerda Marcos Neto, representante de Naciones Unidas, hay dos obstáculos aún por salvar. Por un lado, “la falta de confianza entre sociedad, sector privado y gobiernos. Son tiempos de polarización, y la agenda de 2030 solo se podrá cumplir con la colaboración de otros”. Y, por otro lado, la visión a corto plazo de muchas empresas. “Estas medidas son rentables, pero su ejecución lleva tiempo. Los líderes empresariales deben, por tanto, romper con esa visión”. Buena parte del futuro del planeta dependerá de ello.

 

Fuente: modificado de CincoDías.

 

 
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