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En octubre de este año entrará en vigor la marca de certificación europea que unificará los criterios en todos los países de la UE para que un producto pueda contener en su denominación las palabras biológico, orgánico o ecológico. La fiebre verde por los productos naturales ha hecho proliferar la cantidad de espacio y productos que prometen ser "eco" o "bio" en los supermercados, así como los establecimientos especializados en todo tipo de productos ecológicos, biológicos u orgánicos. ¿Son realmente así?

productos verdes

Imagen de El blog de Montse

A partir de octubre de este año, no habrá dudas sobre la procedencia de los productos que, junto a su nombre, lleven estos adjetivos o las abreviaturas eco o bio. Entonces será cuando entre en vigor la marca de certificación a nivel europeo, cuyo objetivo es armonizar la regulación existente en los diferentes países de la UE, según explica Laetitia Lagarde, asociada de propiedad intelectual de Baker McKenzie. En España, explica esta experta, este sistema de protección ya está regulado y se conoce como marca de garantía. Sin embargo, no es igual a la de, por ejemplo, Francia o Alemania.

Eso hace que al final sea relativamente fácil registrar un producto con el apellido bio sin saber realmente si cumple o no con los requisitos para ostentar esa categoría. Sin embargo, Lagarde asegura que, a partir de octubre, todos estos artículos "corren el riesgo de que su marca de certificación sea cancelada por ser engañosa para el consumidor", algo que ya ocurrió en Estados Unidos cuando entró en vigor una normativa similar. Allí, las compañías incluso se expusieron a multas millonarias, tras alguna demanda colectiva por usuarios que se sentían engañados.

El papel de las definiciones

Pero, ¿qué es en realidad un producto ecológico, biológico u orgánico? Según la normativa, estos tres términos son muy similares y tienen en común que se refieren a artículos en los que no se han empleado compuestos químicos o productos que dañen de alguna forma el medio ambiente. En Europa, estos aspectos están regulados desde 2009 y se tienen en cuenta a la hora de catalogar un artículo. Sin embargo, el cambio actual se refiere al uso de estas palabras o sus abreviaturas como parte de una marca, aun cuando el producto ni siquiera está considerado biológico.

Aunque la normativa entrará en vigor después del verano, la cancelación de este tipo de marcas que no cumplan con esta definición no será automática, ya que los reguladores no revisarán los registros ya aprobados. Sin embargo, cualquier competidor, e incluso una organización de consumidores, así como cualquier particular, puede presentar una demanda de cancelación alegando que la denominación es engañosa. El titular tiene derecho a demostrar que sí cumple con la normativa pero, si no lo logra, tendrá que renunciar a denominarse eco o bio.

Por otra parte, la asociada de Baker McKenzie explica que esta armonización en las marcas de certificación sólo afecta a los productos alimentarios. Por tanto, sectores como el de la cosmética o el textil, donde se emplea con frecuencia este tipo de adjetivos para referirse a ciertos productos que sí llevan o se han fabricado utilizando compuestos químicos, quedan al margen de este cambio.

Aun así, Lagarde asegura que España está a la cabeza en este tipo de regulación y, en general, el nivel de cumplimiento de las compañías es alto. Es más, considera que son muchas las firmas que, pese a no estar sometidas a este tipo de exigencias, sí cumplen con unos estándares altos en este sentido, por lo que pasarían el examen en caso de que la normativa europea también se les aplicara en el futuro. Además, hay organismos certificadores que establecen sus propios requisitos para estos sectores.

Los productos verdes son tendencia

Son muchas las compañías que utilizan vocablos verdes para definir su propio nombre o marca. En el caso de Naturgreen, por ejemplo, sus artículos cumplen con la nueva normativa comunitaria, por lo que no tendrán ningún problema cuando las marcas de certificación entren en vigor en la UE y podrá seguir utilizando el término natur como parte de su nombre. Sin embargo, no ocurre lo mismo en muchas compañías que han utilizado estas palabras como reclamo para asociarse a la vida sana cuando sus productos, realmente no pueden considerarse naturales, orgánicos, biológicos o ecológicos. Donde más se abusa de estos términos es en otras industrias, como la textil, donde es habitual encontrar, junto a la marca, el eslogan 100% algodón orgánico, cuando ni siquiera saben si en el cultivo, lavado o producción del tejido se ha empleado algún tipo de elemento químico.

Indemnizaciones en EEUU por engañar al consumidor

En EEUU, la regulación sobre las marcas que llevan algún tipo de apellido ecológico, biológico u orgánico está más evolucionada, según explican desde Baker McKenzie. Pero las empresas no han tomado verdadera conciencia de la normativa hasta que este tipo de asuntos ha llegado a los tribunales, saldándose con multas millonarias para las compañías. Entre ellas, la más importante es la que afecta al fabricante de pasta de dientes Tom's of Maine. Un tribunal de Florida condenó en septiembre de 2015 a este fabricante porque en sus productos promocionaba a través del etiquetado que todo era natural. Un consumidor demandó a la compañía alegando que esta afirmación era "falsa y engañosa" porque los productos contienen ingredientes procesados químicamente, como el zoals xilitol y el laurilsulfato de sodio. Tras entablar una demanda colectiva, el juez terminó aprobando el 9 de septiembre de 2015 un acuerdo de indemnización de 4,5 millones de dólares (alrededor de 4 millones de euros).

 

Fuente: modificado de Expansión.

 


 
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