Karina es la ambientóloga convertida en maestra compostera

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Karina Pereira Martínez lanza una carcajada cuando recuerda cómo logró su trabajo. Y no es para menos la cosa. Todo ocurrió cuando esta joven, natural de Torroña, una aldea de la parte interior del municipio de Oia, Pontevedra, estaba estudiando la carrera de Ciencias Ambientales. Como tantos otros universitarios, se decidió a viajar con una beca Erasmus. Su destino era Eslovaquia. Con el viaje ya en marcha, tocaba una de las grandes pruebas de fuego: explicarle a la abuela que su única nieta cogía las maletas hacia Europa central.

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Y ahí surgió la anécdota: "Mi abuela no entendió lo que iba a pintar allí. Y lo primero que me preguntó fue si había una guerra. Dijo que si había una guerra que no me dejaba ir". Sin contienda de por medio, Karina dejó Ourense, donde estaba estudiando Ciencias Ambientales, y partió para Eslovaquia con la bendición familiar, aunque dejando detrás a unos padres que, según cuenta, "tienen karinitis aguda". El caso es que fue su primera incursión viviendo en el extranjero. Y le gustó la experiencia. Consciente de que tendría que bregar con el inglés, Karina se había preparado a fondo el verano anterior con un profesor nativo, así que llegó con el idioma fresco. Le llamó la atención la multiculturalidad, la buena acogida y lo difícil que era hablar eslovaco. Aprendió alguna que otra palabra suelta, pero de ahí no pasó.

Intentó trabajar a la par que estudiar en Eslovaquia, tal y como había hecho en España desde la adolescencia. "Aquí siempre he trabajado los fines de semana en hostelería, tanto en una tapería como en restaurantes, y en algún momento también de noche. Pero allí finalmente no me atreví porque no lograba defenderme con el idioma eslovaco". Ya de vuelta, se dispuso a acabar el Grado en Ciencias Ambientales. Hizo entonces una investigación curiosa. Apoyándose en datos de un laboratorio ourensano, investigó sobre el deshielo en el Polo Norte a causa de los llamados ríos atmosféricos. Se le pregunta si hizo trabajo de campo, si se plantó en el Polo Norte, y entonces vuelve a reír: "Ojalá, eso me faltó...".

Tras terminar el grado, y como la abuela ya tenía asumido que su única nieta debía seguir volando, cogió rumbo a Grecia. No fue una elección al azar. Resulta que el Erasmus puso a un joven griego en su vida. Y tras sus pasos se fue hasta la isla de Corfú, donde se establecieron ambos durante unos meses. Él hacía entonces -y todavía hace ahora- el servicio militar y ella se empleó enseguida vendiendo tiques a quienes viajaban de la isla al continente. Empezó entonces a chapurrear griego, que le pareció bastante más asumible que el eslovaco. "Me entendí muy bien con la gente", cuenta. Tocó regresar. Y tocó ponerse a buscar trabajo de lo suyo, como suele decirse. Entonces, pese a su vitalismo y optimismo natural, casi cunde la desesperación. Reconoce que no llevó bien llamar a las puertas y ver que no surgían oportunidades laborales más allá de la hostelería. Decidió anotarse al plan Revitaliza para intentar convertirse en maestra compostera y, así, trabajar en la Diputación un tiempo. Estudió, compitió y lo logró. La felicidad anida desde entonces en ella. Máxime, cuando comprobó cómo iba a ser su día laboral.

"Estou encantada nisto"

El primer destino que tuvo, que acaba de dejar, fue O Grove. Se instaló en Pontevedra y viajó cada día al municipio grovense para medir temperaturas, remover compost y concienciar a la ciudadanía de la importancia de gestionar los residuos orgánicos. Dice que la experiencia no puede ser mejor: "Estoy encantado con esto. Hay mucho futuro en el campo de la gestión de residuos, y para mí es algo que me gusta mucho. Además, me gusta tratar con los vecinos, explicarles qué es el programa y cómo pueden compostar, que es algo muy simple", explica.

Tras O Grove, a esta ambientóloga le toca viajar a Mondariz como maestra compostera y luego irá por los distintos concellos de la provincia que tienen el plan Revitaliza. Da igual el que le toque. Karina sonríe con cada nombre de cada municipio que visitará como si fuese su destino soñado. La alegría parece venirle de serie. La exhibe al hablar de trabajo. La muestra cuando cuenta que le gusta montar a caballo y marchase de ruta con su yegua Chela. Y la evidencia, cómo no, al citar al soldado griego que en agosto dejará de serlo y se vendrá a Galicia.

 

Fuente e imagen: La Voz de Galicia

 

 
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