La industria minero-metalúrgica, riesgos ambientales y la salud pública

Es muy fácil destruir y muy difícil reconstruir. Nos queda mucho por investigar en el campo de los residuos industriales. Los efectos que pueden producir sobre la salud pública y ambiental de muchos de los elementos químicos que conforman estos residuos, por ejemplo las denominadas tierras raras, son unos grandes desconocidos en la actualidad». Son palabras de José Matías Peñas, investigador de la Universidad de Limoges (Francia), en la que se encuentra desarrollando el proyecto 'Evaluación de los riesgos ambientales y sobre salud pública derivados de la dispersión y movilidad de los contaminantes metálicos procedentes de la industria minero-metalúrgica. Minimización de riesgos e innovación en las técnicas de restauración', financiado por la Fundación Séneca.

La actividad minero-metalúrgica ha transformado la realidad física de muchos lugares, generando importantes depósitos de residuos que por su concentración en elementos potencialmente tóxicos, como son los metales pesados o los metaloides, adquieren la condición de peligrosos.

En la actualidad estos residuos están sujetos a procesos de meteorización, es decir, la descomposición de minerales y rocas que ocurre en torno a la superficie terrestre cuando estos materiales entran en contacto con la atmósfera. Esto provoca un incremento de su capacidad de dispersión y movilidad, lo cual afecta negativamente a los ecosistemas y a la salud pública de las poblaciones próximas en las que se puede producir su inspiración.

En este sentido, existe un alto interés en torno a la evaluación de los riesgos asociados a la presencia de estos contaminantes metálicos tanto en los regolitos (capa de materiales no consolidados que descansan sobre roca sólida) asociados a la erosión hídrica, como a los aerosoles transportados por erosión eólica e incidentes, también, a través de la deposición atmosférica. Estos últimos, tienen además la peculiaridad de tratarse de material particulado fino cuyo diámetro aerodinámico es menor que 10, 5 o 2'5 micrómetros, que hace que pueden llegar a ser inhalados directamente por la población con el consiguiente riesgo de salud pública.

En el caso de la zona de estudio en la que trabaja el investigador de la Fundación Séneca está considerada por el informe '¿Cáncer de Pulmón en España. Radiografía 2008?' del Grupo Español de Cáncer de Pulmón (GECP), como de máximo riesgo «por la altísima incidencia de las patologías cancerígenas».

Salud humana

Como él mismo explica, «los objetivos de este proyecto se centran en evaluar y valorar los riesgos asociados a los mecanismos de dispersión de residuos metálicos, procedentes de la industria minero-metalúrgica, sobre los ecosistemas y las poblaciones humanas mediante metodologías geoquímicas y sistemas biológicos de referencia, con el fin último de poder aportar soluciones de restauración ambiental innovadoras y eficientes que incidan en la minimización activa de los riesgos para la salud pública asociados a su presencia y estado de abandono».

Al fin y al cabo, un conocimiento exhaustivo de la geoquímica de estos residuos permitirá definir con rigor si las elevadas concentraciones de los elementos potencialmente tóxicos que los conforman son liberados en el organismo de los seres humanos tras su exposición por las vías de ingesta, inhalación y contacto dérmico. Asimismo, dice, «su exhaustiva caracterización haría posible definir nuevas tecnologías de restauración ambiental más efectivas y que respondan realmente a su propiedades, siempre que cumplan con los principios de la sostenibilidad, ambiental, social y económica».

En base a las conclusiones alcanzadas hasta la fecha, la investigación pone en entredicho la restauración de residuos mineros peligrosos mediante el uso de enmiendas para la fitoestabilización. Tal y como han publicado, «este tipo de restauración no debería llevarse a cabo porque no reduce los riesgos para la salud humana e incluso los aumenta debido a la ruptura del hardpan (la capa de suelo arcillosa que se encuentra bajo la superficie) con el consiguiente cambio en sus propiedades fisicoquímicas y mineralogía».

No en vano, destacan la necesidad de tratar las zonas contaminadas con residuos mineros: «la falta de restauración de los depósitos de residuos peligrosos de la industria minera y metalúrgica favorece la dispersión de elementos metálicos tóxicos (EMT) debido a la erosión del viento y del agua. Como consecuencia, los suelos urbanos y las zonas públicas de recreo están contaminados principalmente por el polvo asentable y la escorrentía de los residuos mineros».

Debido a eso, los resultados de su estudio sugieren que los niveles elevados de arsénico en las muestras de suelo superficial pueden dar lugar a una exposición crónica de la población que está estadísticamente asociada con una mayor prevalencia de cáncer. Mientras que los niveles de plomo en la superficie del suelo se asocian a una mayor prevalencia de enfermedades asociadas a disfunciones renales y mentales.

Para desarrollar su trabajo , José Matías Peñas colabora con la Universidad de Ciencia y Tecnología de Bydgoszcz (Polonia); el I.N.R.A Institut National de la Recherche Agronomique de Francia;el Departamento de Vida Silvestre, Sostenibilidad y Ciencia de los Ecosistemas de la Universidad Estatal de Tarleton, Stephenville (EE. UU.) y el Centro de Estudios de Bioderecho y Medioambiente (CEBES) de la Universidad de Murcia, entre otros.

Tampoco las restricciones provocadas por la Covid-19 han pasado de alto su actividad por lo que se ha ocasionado un importante retraso en los trabajos del laboratorio. Asegura que van a contrarreloj aunque agradece que la estancia haya sido prolongada recientemente –durante 5 meses más– por Fundación Seneca.

«Hemos concluido con las investigaciones focalizadas al análisis de los riesgos para la salud de las poblaciones afectadas por la dispersión de los residuos minero-metalúrgicos y hemos iniciado la segunda fase de la investigación consistente en el desarrollo de mecanismos de restauración basados en desarrollo de geopolímeros y el empleo de nuevos minerales como la wollastonita que permitan estabilizar estos residuos y minimicen los riesgos para la salud pública», explica.

Exposición crónica. Por el momento, los resultados alcanzados advierten de la elevada toxicidad que estos residuos presuponen para la salud de las personas y los ecosistemas tras su exposición por las vías señaladas. «Toxicidad que está motivada por la elevada ratio de bioaccesibilidad que ofrecen en los casos de ingesta, inhalación y contacto dérmico. Este hecho se encuentra en consonancia con una elevada correlación espacial entre el alance de la dispersión hídrica y eólica de los elementos potencialmente tóxicos contenidos en estos residuos y la elevada prevalencia de enfermedades vinculadas con una exposición crónica los mismos (metales pesados y metaloides)», advierte.

En lo referente a la evaluación de las tecnologías de restauración ambiental que se han realizado sobre estos depósitos de residuos mineros, «hemos concluido que son ineficaces y continúan ofreciendo un riesgo no admisible para la salud pública. En especial de aquellas consistentes en la adición de enmiendas como de purines de cerdo, desechos orgánicos o lodos del corte del mármol», añade.

fuente original https://www.laverdad.es/ababol/ciencia/peligro-real-residuos-20211120224309-nt.html

 
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