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Cantábrico, la nueva película que Joaquín Gutiérrez Acha estrena el próximo 31 de marzo, hace un recorrido por los cerca de 500 kilómetros lineales de cadena montañosa, pero pone el ojo en todos los rincones, no deja bosque, costa, río o cima sin mirar. Cantábrico es la segunda parte de la gran trilogía sobre la naturaleza española, la primera apuesta firme por la fauna y la flora ibéricas que se ha hecho para ser vista en los cines. Después de Guadalquivir, que recorría el curso del río desde la Sierra de Cazorla hasta la desembocadura en el Parque Nacional de Doñana, la nueva película de Gutiérrez Acha dará el testigo a La Dehesa, que será la última de las tres piezas filmadas por el director junto con la productora Wanda.

El lobo ibérico

No hay una sola hoquedad dentro de un tronco u hormiguero bajo un prado en el que no se haya metido una cámara de Gutiérrez Acha. Pero los grandes mamíferos brillan en la película con una maestría equivalente a con la que se ocultan en la cordillera. La cacería de un ciervo adulto -armado con buenos cuernos- por parte de una pequeña manada de lobos sobre la nieve y a plena luz del día es, además del momento dramático más potente del documental, otra de las joyas que ofrece Cantábrico. Nunca antes se había grabado una escena similar en el mundo salvaje español. Incluso ha ofrecido nuevos datos a los científicos que estudian el comportamiento y la biología del lobo ibérico.

"Que los individuos que cazan son los adultos, la hembra y el macho reproductores, es algo que ya se había visto en Yellowstone, pero nunca se había visto en España. Estas imágenes, a plena luz del día y con una calidad buenísima, nos confirman que los lobos ibéricos tienen este mismo comportamiento, no son tan distintos de los de Estados Unidos u otros lugares", asegura Juan Carlos Blanco, miembro de la Iniciativa de los Grandes Carnívoros para Europa de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.

El urogallo

Al amanecer comienza una espera tantas veces antes infructuosa. Apenas calientan los primeros rayos de sol cuando sorprende el primer taponazo. Y después, repetida como pocas veces en estos tiempos tan complicados para el urogallo, la secuencia entera: redoble, tableteo, taponazo y seguidilla. Es sólo el augurio de lo que vendrá en pocos minutos.

Una escena única, que quizá no se vuelva a repetir en el Cantábrico. Un cortejo de hasta siete machos de Urogallo en el mismo cantadero, aunque las cámaras no captan más de cinco en un mismo encuadre. Una absoluta anomalía para una población que roza ya la extinción. Un documento que puede quedar para los anales científicos y de la biología e la conservación.

"Es casi imposible saber exactamente cuántos machos cantan al mismo tiempo", asegura Gutiérrez Acha. "La escena nos coge con la óptica que tenemos en ese momento y allí no se puede cambiar nada. Cualquier mínimo movimiento o ruido los haría volar y perderíamos la secuencia". Ya en ese momento el propio director era consciente de la trascendencia de ese breve instante de la vida del la cordillera cantábrica. Esta grabación, uno de los momentos álgidos de la película desde el punto de vista naturalista, la hicieron durante el segundo año de rodaje. "En el primero no vimos nada durante semanas", reconoce Gutiérrez Acha. "Ese año esperábamos ver algún urogallo, pero ni por asomo esperábamos grabar peleas, cortejos... hasta apareamientos y cómo salen volando. Fue un golpe de suerte, una escena increíble", dice.

Para el director, las imágenes pueden ser un acicate para que se ponga un mayor énfasis en la conservación del urogallo cantábrico, de la que apenas quedan ya unos pocos ejemplares en la parte occidental de la cordillera cantábrica. "La escena muestra cómo se verían este tipo de cortejos hace 50 años. Los cantaderos debían ser así de forma habitual", imagina. "Esta película es un canto a la vida. Quiere mostrar que como sigamos por este camino, perderemos todo esto. Esperemos que no sea ya tarde para el urogallo cantábrico".

Grandes medios

Sería impensable una obra semejante sobre la naturaleza española sin el empeño de su productor, José María Morales. "La primera vez que pensé en este proyecto fue en el año 1999 hablando con Jacques Perrin cuando él estaba preparando Nómadas del viento", cuenta Morales. "Entonces me di cuenta de que había que hacer las cosas bien, con la última tecnología y los mejores medios", asegura.

Y es precisamente lo que han hecho en Cantábrico. Helicópteros dotados de estabilizadores para los paisajes aéreos, drones para volar por dentro de los bosques, cámaras de ultra alta definición y alta velocidad para ralentizar movimientos inapreciables por el ojo humano, como un pequeño mirlo de agua atravesando una potente cascada, o el time lapse para mostrar en pocos segundos acciones que duran días.

Más allá del contenido naturalista, que ha captado por primera vez el parto de una víbora o los siete segundos de la freza del salmón tras un viaje de miles de kilómetros por océanos y ríos, el resultado de estas escenas es estéticamente bellísimo. Nadie en la cordillera se escapa al ojo de Cantábrico. Rebecos, gatos monteses, lirones, sapos o una osa dando de mamar a sus cachorros y protegiéndolos de los machos en celo... La vida privada de un mundo salvaje a las puertas de nuestras casas queda al descubierto en Cantábrico, el film de Gutiérrez Acha que se estrena el 31 de marzo.

 

Fuente: modificado de El Mundo.

 


 
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