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Tras la pared blanca del frigorífico hay un aislante tóxico y su compresor, esa pieza oscura que hay detrás, contiene un aceite contaminante; la pieza principal de un microondas también es nociva para la naturaleza, igual que el gas refrigerante de los aparatos de aire acondicionado o las baterías de un ordenador. En cuanto los aparatos eléctricos y electrónicos dejan de funcionar se convierten en un agente contaminador en potencia, en chatarra perjudicial para la salud y el medio ambiente. Pero es que otros componentes como el hierro, el cobre o el plástico son aprovechables, lo que da a entender que la chatarra electrónica, cada vez más presente en rincones y cajones de nuestras casas, necesita de un sistema de gestión eficaz que revalorice lo que es aprovechable y neutralice lo que contamina. Según los últimos datos disponibles, en Extremadura estos sistemas integrales de gestión se hicieron cargo de 2,74 kilos por habitante en 2016.

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Esta tasa es menor que la media nacional, que ese año fue de 2,7 kilos de chatarra electrónica por habitante. Lo llamativo es que un año antes Extremadura llegó a reciclar el doble, 4,99 kilos por habitante, por encima de la media nacional, que en 2015 fue de 3,85 kilos, siendo entonces la extremeña la segunda comunidad del país que más chatarra electrónica recicló por detrás de Navarra, que lleva liderando esta clasificación tres años seguidos, según las estadísticas de los sistemas integrados de gestión que operan en el sector.

En general, los países de la Unión Europea que se rigen por la misma normativa triplican estas tasas.

Pero hay más datos que indican que hace falta mejorar el compromiso con esta nueva basura. Según los datos de la Junta de Extremadura, la comunidad aún no cumple los objetivos estatales de recogida que marca el Ministerio de Agricultura, Pesca, Alimentación y Medio Ambiente atendiendo a la población de cada comunidad. Si en el ámbito profesional no se llega al 57% del objetivo marcado, en el doméstico se cumple de sobra, con un 105%. Sin embargo, este último índice favorable es engañoso. Se debe a la gestión que hace la región de sus paneles fotovoltaicos, los cuales Extremadura ha conseguido reciclar muy por encima de lo asignado, hasta un 441% de más.

El déficit llega por los residuos más habituales en las casas y donde Extremadura no llegó a los objetivos estatales. Es el caso del umbral fijado para grandes electrodomésticos (lavadoras, neveras...), para los que el objetivo en 2016 fue de 3.569 toneladas y se recogieron 2.930. Tampoco en pequeños electrodomésticos, de los que se recogió 455 toneladas sin llegar a las 458 fijadas por el ministerio. Ni en equipos informáticos, donde el objetivo fue de 317 toneladas y solo se alcanzaron 230. Ni en juguetes o equipos deportivos y de ocio electrónicos, de los que se recogieron 19 toneladas, sin llegar a las 112 toneladas deseables.

Son los RAEE

Este tipo de basura cada vez más común se denomina RAEE (Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos) y su recorrido suele comenzar en las tiendas que venden los aparatos y que recogen el viejo cuando hacen una venta, por lo que el consumo tiene una incidencia decisiva.

Otras veces el reciclaje de estos enseres es cuestión de incentivos o de comodidad pues el viaje del aparato hasta su reciclaje final comienza en los domicilios particulares y son los ciudadanos quienes deben transportar su viejo ordenador, impresora, monitor, teléfono, plancha o batidora, por poner algunos ejemplos, normalmente hasta un ‘punto limpio’, instalación que es relativamente nueva. El del Ayuntamiento de Badajoz, la ciudad más grande de la región, funciona desde 2011.

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Allí se hace la primera clasificación y desde este lugar viajan lotes de productos haciendo escala en puntos de almacenaje autorizados, un paso previo hasta la instalación donde se desguazan para separar sus componentes, descontaminarlos y ponerlos de nuevo en valor. No todas las comunidades autónomas tienen una instalación con autorización para tantas actividades consideradas peligrosas.

Lugares para almacenarlos

Para hacernos una idea, con chatarra electrónica procedente de toda España solo Extremadura en el año 2016 gestionó 10.900 toneladas de este tipo de residuos, el 2,48% del total que se movió en el país. Y es que hay que saber que a Extremadura llegan residuos de todas partes de España, concretamente hasta Movilex RAEE, S.L.U, en Lobón, donde existe una planta para reciclaje y valorización de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos.

La ley que regula cómo gestionar todo este material es el Real Decreto 110/2015 sobre residuos de aparatos eléctricos y electrónicos. Incide sobre todo en la documentación para obtener la trazabilidad de cada producto. Tiene más de cien páginas y solo la lista de productos afectados ocupa cuatro y media con categorías y subcategorías en las que sería raro no reconocer como habituales en nuestro hogar muchas de las referencias.

De entre las miles de toneladas de la estadística anterior, una gran parte se debe a lavadoras y neveras viejas, los dos electrodomésticos que más volumen y peso representan en este sector de los RAEE. Teniendo en cuenta que en Extremadura solo hay dos fragmentadoras, hay que guardar cola hasta que llegue el momento del desguace total.

Según la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Extremadura, actualmente existen dos instalaciones que realizan el tratamiento de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE) en Extremadura. Una es la citada de Movilex en Lobón, donde disponen de una planta para reciclaje y valorización de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos. La otra es A.G. Siderúrgica Balboa S.A, en Jerez de los Caballeros, planta siderúrgica que desde sus orígenes cuenta con una fragmentadora para el tratamiento de RAEE no peligrosos, separando los residuos metálicos aprovechables por la fundición y valorizando el resto a través de otros gestores.

En cuanto a centros de almacenamiento temporal (CAT) de RAEE existen instalaciones en Segura de León, Monesterio, Fuente del Maestre, Mérida, Plasencia, Zafra, Lobón, Monesterio, Villanueva de la Serena, Cañamero, Villafranca de los Barros, Cáceres, Plasencia, Miajadas, Montijo, Talavera la Real, Cáceres, Valencia de Alcántara, Navalmoral de la Mata y Badajoz. Además, también es posible el almacenaje de estos RAEE en los ecoparques que gestiona la empresa pública regional Gespesa en Badajoz, Cáceres, Mérida, Mirabel, Navalmoral de la Mata, Talarrubias y Villanueva de la Serena. E incluso existen otros gestores autorizados para almacenamiento de RAEE considerados peligrosos. Uno de ellos está en Sierra de Fuentes, a unos diez kilómetros de Cáceres, donde solo se guardan aparatos viejos a la espera de enviarlos a un gestor autorizado para manipularlos. Es la empresa de Valentín García, Soluciones Extremeñas de Recuperación. Se dedican a la chatarra, a los metales básicamente, desde hace décadas. Sin embargo, prestan como servicio la recogida de electrodomésticos.

"A mí me interesan los metales, pero cuando la gente limpia la parcela y me traen la chatarra pues también traen una lavadora o un frigorífico. Yo se los recojo, aunque no les puedo pagar nada por ello porque me cuesta más el seguro medioambiental de la nave donde los guardo que lo que le saco. Los cojo como servicio"

Valentín García, Soluciones Extremeñas de Recuperación

Ejerce por tanto como centro de transferencia. Según cuenta, cuando hay un lote suficiente viene la empresa de Lobón que los valoriza y se los lleva. Aún así, García no ve rentable esta parte de su negocio porque afirma que le pagan unos 50 euros por cada tonelada, lo que significa que a un frigorífico de unos 40 kilos apenas le saca dos euros. En su opinión, el mundo del reciclaje ha cambiado mucho en los últimos años, pero afirma que si los particulares no obtienen compensación económica aún seguirán viéndose muchos electrodomésticos por descampados y cunetas de caminos.

Otro centro de transferencia está en Mérida. Allí existe Logiraee, en el polígono de El Prado desde hace dos años. Esta instalación pertenece a una red con sede en Burgos de gestores que hacen de intermediarios. Según los datos que maneja su gerente, Gregorio Fernández, solo el año pasado movieron 1.100 toneladas, la mayor parte frigoríficos y aparatos de aire acondicionado (400 toneladas) y también lavadoras. 

"Aunque las cifras crecen todos los años es porque cada vez se consumen más aparatos de este tipo, pero duran menos, ya no hay lavadoras que duren treinta años. Sin embargo, el porcentaje de los aparatos que se reciclan debería ser mayor. Si no lo es es porque aún se mueven muchos en el mercado ilegal"

Gregorio Fernández, Logiraee

A través de las entidades del sistema integrado de gestión por el que se rigen los RAEE, esta empresa acude periódicamente a recoger aparatos electrónicos y eléctricos a centros comerciales como Carrefour, El Corte Inglés y diversos puntos limpios de la comunidad. Básicamente se encargan del transporte y almacenaje, para lo cual deben contar con permisos especiales. De su nave llevan estos electrodomésticos sin uso a plantas que están en Sevilla, Madrid, Zaragoza o Lobón, en Extremadura.

Casi todo se aprovecha

Según el listado de la Junta de Extremadura, hay solo seis gestores autorizados para almacenamiento de este tipo de residuos considerados peligrosos. Están los dos mencionados de Sierra de Fuentes y Mérida, también en Badajoz, Miajadas, Llerena y Lobón. Pero solo el de esta última localidad –Movilex– está además autorizado para la valorización de estos residuos, esto es, despiezarlos, fragmentarlos y enviarlos por partes a gestores autorizados.

Pasear por esta planta del polígono industrial de Lobón es contemplar de cerca y de manera ordenada las tripas de los aparatos que usamos a diario. Así, las piedras de las lavadoras pueden verse agrupadas en sacas, igual que las carcasas de televisores, cientos de placas base de los ordenadores, metros y metros de cables de cobre, o el cristal de las pantallas, que al llevar plomo no puede tratarse como un vidrio sin más que vuelve a convertirse en botella.

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Esta planta situada junto entre Mérida y Badajoz, que desde la autovía A-5 muestra cientos de lavadoras y neveras viejas apiladas, es una de las siete que están en funcionamiento ahora mismo en España y está en pleno proceso de expansión en América Latina (Colombia, Panamá y Brasil), donde afirman que van varios pasos por detrás en esta cuestión.

La extremeña comenzó su actividad en 2010 y en la actualidad tiene tres líneas de trabajo: centro de descontaminación de vehículos, reciclaje férrico y desde 2012 residuos eléctricos y electrónicos (RAEE). Se trata de un negocio familiar impulsado por cuatro hermanos de Mérida. La premisa para iniciar un negocio así es obvia: cada vez hay más aparatos electrónicos y duran menos. Según explica Luis García-Torremocha, consejero delegado de Movilex, ellos recogen material en distintos puntos de España, principalmente en Galicia, Castilla y -León, Valencia, Madrid, Andalucía, Murcia y Extremadura. Después de procesar los residuos, la materia prima que recuperan la exportan a otros puntos de España y al mercado asiático.

Francisco Ávila, responsable de Medio Ambiente, Calidad y Seguridad Laboral en esta planta, explica que no a todos los componentes de los aparatos se les saca dinero. En el grupo de «residuos negativos» cita, entre otros, la espuma que tienen los frigoríficos, que una vez separada se tritura y da lugar a un compuesto que acaba como combustible en cementeras, pero por el cual hay que pagar para que se lo lleven, igual que por el gas que termina en otro gestor autorizado.

En el grupo de «residuos positivos», que sí dejan ganancias y que justifican este negocio, estarían, por ejemplo, las baterías de plomo, que sí tienen un precio en el mercado, el cobre de los cables o la clásica piedra de las lavadoras, un bloque de hormigón de varios kilos de peso que se separa del electrodoméstico y que va a las plantas de residuos de la construcción y la demolición.

Todos los miembros del sector consultados coinciden en que hay que facilitar al ciudadano el reciclaje de sus aparatos electrónicos. En Promedio, el consorcio medioambiental de la Diputación de Badajoz recogen muebles y enseres entre los que se incluyen los RAEE, pero solo en una localidad (Alconchel) acuden al domicilio de la persona que avisa previamente. En el resto dejan un contenedor a modo de ‘punto limpio’ y varios días después lo recogen. Según subrayan en Promedio, los establecimientos que venden aparatos electrónicos están obligados a recoger el viejo, incluso cuando la venta se hace por Internet.

Por su parte, Francisco Ávila, de Movilex, insiste en la concienciación sobre este tipo de residuo propio del siglo XXI. Él estudió Ciencias Ambientales, carrera que acabó hace cinco años. Según reconoce, durante su formación se insiste mucho en los residuos sólidos urbanos, la gestión del agua o la contaminación atmosférica, pero apenas abordó cuestiones sobre los efectos en el planeta de los residuos electrónicos o su gestión.

Un Sistema Integrado de Gestión para cada tipo de residuo

En estos momentos existen diferentes entidades sin ánimo de lucro especializadas en el sistema de gestión de un determinado residuo. En España algunos de los más representativos son Ecoembes (envases), Sigre (medicamentos), Sigaus (aceites usados) o Signus (neumáticos), por citar varios. En el apartado de residuos eléctricos y electrónicos también hay variedad: Ambilamp (lámparas), Tragamóvil (teléfonos), Ecoasimelec (residuos electrónicos), Ecopilas (pilas y baterías portátiles), Ecofimática (impresoras, copiadoras, faxes), Ecotic (electrónica de consumo y profesional aire acondicionado o juguetes electrónicos) o Ecolec (pequeños y grandes electrodomésticos), entre otros.

 

Fuente e imágenes: Hoy.es

 

 
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