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Un estudiante de Ciencias Ambientales, Rubén Hidalgo, y otra de Biotecnología, Verónica Mosquera, han creado un bioestimulante del crecimiento vegetal a partir de materias primas procedentes de residuos de la industria alimentaria. Los estudiantes de la Universitat de Vic – Universitat Central de Catalunya desarrollaron el proyecto en el marco de sus Trabajos Finales de Grado, y fueron tutelados por Marta Cullell, profesora de Biociencias y miembro del grupo de investigación TR2Lab. La UVic-UCC, además, ha obtenido una patente que protege el proceso de producción de dicho bioestimulante.

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Imagen: Interempresas.net

Cierto es que en el mercado ya existen bioestimulantes como el desarrollado por la UVic-UCC pero, tal y como afirma la profesora Marta Cullell, “La principal diferencia entre nuestro bioestimulante y los que ya están en el mercado es que se produce usando materias primas procedentes de residuos de la industria alimentaria, como el suero de la leche, que es la parte líquida resultante de la industria quesera que se descarta puesto que es una fracción que no cuaja, o las melazas, unos jarabes ricos en azúcares obtenidos de vegetales como la caña de azúcar o el maíz”. Como ella misma relata, estas materias primas, antes de ser usadas, se tratan con tal de eliminar otros tipos de bacterias que puedan contener. Este tipo de materias primas tienen una ventaja, “por ser residuos, se obtienen a un precio muy bajo, nos permiten llegar a cantidades similares o superiores de bacterias por mililitro de producto en comparación a productos similares ya presentes en el mercado”, relata Cullell. Esto se traduce en un menor coste de fabricación, permitiendo un precio de comercialización más competitivo.

Por tanto, la innovación de este bioestimulante radica en su proceso de obtención, más concretamente en el uso del suero de leche como materia prima. Como detalla la profesora, “se demostró que parte de las proteínas del suero de la leche no son consumidas durante el crecimiento de la bacteria y forman parte del producto final. Estas proteínas, una vez en la tierra, actúan como biofertilizante ya que aportan una fuente extra de nitrógeno”. Además, el origen vegetal de las materias primas, sin llegar a emplear productos químicos, facilita que el bioestimulante sea usado por agricultores ecológicos.

Funcionamiento del bioestimulante

El bioestimulante que se obtiene del proceso patentado se aplica a la tierra a través del agua de riego y aumenta el crecimiento de las plantas en porcentajes que pueden llegar al 30% en algunos casos. Este efecto se consigue gracias a la simbiosis establecida entre la raíz de la planta y la bacteria que se le adhiere, que se proporcionan respectivamente nutrientes que de otro modo no obtendrían o lo harían en menor cantidad.

Como relata Marta Cullell, “el componente principal de esta clase de bioestimulantes son unas bacterias completamente inofensivas para el hombre que pertenecen al grupo PGPM (Plant Growth Promoting Microorganisms), microorganismos promotores del crecimiento de las plantas”. Los microorganismos se adhieren a la raíz de las plantas o en la tierra próxima después de ser subministrados de forma líquida, dado que contiene organismos vivos, mediante el agua de riego, y ayudan así a que la planta capture nutrientes del suelo como el fósforo o el nitrógeno. La profesora aconseja “aplicarlo por primera vez en las plántulas antes de que estas se planten en el campo. De esta forma se concentra la primera dosis de bacterias en la raíz y la pequeña porción de tierra que acompaña cada plántula. Posteriormente, hacen falta otras dosis de recuerdo que se pueden mezclar y aplicar con el agua de riego”.

Este sistema de uso no afecta al trabajo posterior del agricultor que puede seguir trabajando como de costumbre, puesto que no tiene que modificar el tipo de fertilizante que usa ni ningún otro procedimiento.

Ventajas de usar un bioestimulante

El tipo de microorganismos presentes en el bioestimulante, tal y como relata Cullell, se encuentran de forma natural viviendo en simbiosis en las raíces de las plantas, pero en una cantidad baja. “Esto implica que los cultivos con bioestimulantes aprovechan más los nutrientes aportados por los fertilizantes reduciendo la proporción que se puede filtrar hacia los acuíferos subterráneos”, asevera Marta Cullell. Para corroborar sus efectos, se realizaron pruebas de campo en un campo de golf en el que se analizaron muestras de suelo. Al respecto de esos análisis realizados, la profesora afirma que: “Las muestras recogidas en un área delimitada del campo de golf y tratada con nuestro producto, en comparación con muestras de otra zona cercana pero no tratada, demostraron la detección de niveles un 49% superiores de nitrógeno amoniacal, que es la forma de nitrógeno que más fácilmente asimilan las plantas. También se observó un 53% más de absorción de fosfatos del suelo”.

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Imagen: Interempresas.net

Las consecuencias de una mayor obtención de nutrientes, como explica Cullell, deriva en distintas ventajas que varían en función de la clase de cultivo. Por un lado, según las pruebas realizadas en el campo de golf, la mayor ventaja recaería en la necesidad de un menor uso de fertilizantes puesto que, con el bioestimulante, “el césped es capaz de aprovechar más los nutrientes ya presentes en el suelo”, matiza la profesora. Por otro lado, en cultivos hortícolas, “el agricultor obtendrá hortalizas con un mayor peso total y peso seco, como observamos en el caso de las lechugas y las acelgas”, expone. Además, se realizaron estudios en tomateras, obteniendo unos resultados interesantes. “Documentamos, por un lado, que los tomates tenían un mayor diámetro y peso, en comparación con los que no habían recibido nuestro producto. También detectamos que una mayor proporción de tomates maduraron antes con el tratamiento”, explica. Esta maduración temprana es una gran ventaja, dado que permite sacar más producto que la competencia al inicio de la temporada, momento en que los precios son más altos, generando así más beneficios al agricultor.

Marta Cullell matiza, además, que “si se utiliza un bioestimulante, se está aplicando una cantidad de microorganismos beneficiosos muy superior a la que se podría encontrar en la naturaleza. Esta elevada población evita que otras bacterias u hongos causantes de enfermedades en las plantas puedan adherirse a las raíces de estas y, por tanto, también actúan como Agentes de Control Biológico”.

En definitiva, como expone la profesora, “las ventajas de utilizar un bioestimulante compensan con creces el coste del mismo, y permiten al agricultor obtener frutos más grandes y que maduran antes, así como ahorrar en fertilizantes”. Además, y debido a las situaciones climáticas que se están viviendo, con unos veranos (2015 y 2016) documentados como los más cálidos y secos del siglo, y unas heladas e inundaciones que aumentan los precios de las hortalizas, “cada vez será más necesario el uso de bioestimulantes para rentabilizar más los cultivos”, sentencia.

En el ámbito agrícola no es demasiado habitual el uso de este tipo de productos, pero tampoco es nada nuevo. En el caso de la patente, su valor diferencial reside en la ventaja económica y ecológica que representa la utilización de residuos biológicos industriales en el proceso de elaboración del bioestimulante, tal y como aseveran desde la Universidad. El producto obtenido a partir de este proceso “consigue muy buenos resultados en la aplicación en el campo pero además es beneficioso para el medio ambiente, porque da salida a residuos que de otra forma no serían recuperables”, explica Verónica Mosquera, una de las estudiantes encargadas de la realización del proyecto.

De TFG a propietarios de una patente

Como expone Cullell, "la idea inicial del proyecto –que ha derivado en la patente– la tuvieron los estudiantes, vinieron a mí con un estudio bibliográfico hecho en la asignatura Creación de Bioempresa sobre el potencial de la Pseudomonas putida como bioestimulante y su posible interés comercial". A la profesora Marta Cullell le pidieron que les dirigiese el trabajo de final de grado con el fin de producir la bacteria y probar su viabilidad en el campo. Porteriormente, como ella misma relata, "de la idea salieron dos trabajos, uno sobre el cultivo del microorganismo mediante suero y melazas, y un segundo trabajo para testar la eficacia del producto en pruebas de campo realizadas en cultivos hortícolas y en campos de golf". Además, y como exponen desde la Universidad, profundizaron la idea a través del Startup Programme de la Unidad de emprendeduría de la UVic-UCC, que durante ocho meses les acompañó y asesoró en el desarrollo de su plan de negocio. Su proyecto además fue el finalista de la UVic-UCC en la Competición Interuniversitaria de Emprendedores Start-Up del mismo programa, celebrada en Madrid, donde obtuvieron el premio a la viabilidad del proyecto.

Al finalizar el TFG, explican desde la Universidad, alumnos y profesora iniciaron los trámites para patentar el resultado obtenido bajo el paraguas de la UVic-UCC. Una vez conseguida la patente, la Universidad la ha licenciado a la empresa biotecnológica Ecobium Biotech S.L, impulsada por los dos ex estudiantes. Actualmente es la única empresa en Cataluña dedicada al desarrollo y a la comercialización de productos innovadores que actúen como bioestimulantes y biofertilizantes agrícolas, y sustenta sus productos en el proceso patentado del cual la biotectóloga Verónica Mosquera y el ambientólogo Rubén Hidalgo son copropietarios.

“De momento nos hemos centrado en el uso de los productos en los que, después del TFG, hemos invertido más tiempo y recursos de I+D+i, mejorando el proceso. Seguimos investigando para sacar al mercado nuevos productos, perfeccionar técnicas y poder cubrir todas las necesidades de nuestros clientes”, aclara Mosquera. La empresa lanzó su primer producto al mercado el pasado mes de septiembre, y cuenta con cuatro gamas, dirigidas a cultivos hortícolas, plantas ornamentales, plántulas y semillas, y césped.

Como sentencia la profesora Marta Cullell: “En un mundo cada vez más contaminado, y que sufre los efectos del cambio climático, es de vital importancia invertir y desarrollar proyectos que den lugar a productos que mejoren el rendimiento de los cultivos, que sean en sí mismos ecológicos y que, además, nos permitan reutilizar residuos que, de otra manera, tienen que ser tratados antes de verterse al alcantarillado”.

Protección de la propiedad intelectual: patentar el bioestimulante

La patente obtenida por el proceso de producción del bioestimulante es propiedad a partes iguales de la Fundación Universitaria Balmes, entidad titular de la UVic-UCC, y de dos ex estudiantes de la Universidad: Verónica Mosquera, del Grado de Biotecnología, y Rubén Hidalgo, del Grado de Ciencias Ambientales. Ambos desarrollaron el proyecto en el marco de sus Trabajos Finales de Grado (TFG), y comparten la autoría con la profesora de Biociencias que tuteló el proyecto, Marta Cullell.

Ésta es, además, la primera patente que consigue la UVic-UCC, que en diciembre de 2014 aprobó su normativa de propiedad intelectual, para proteger tanto a profesores e investigadores como a alumnos. Para el vicerrector de Investigación y Profesorado, Jordi Villà, esta primera patente “es el fruto de la apuesta de la Universidad por una investigación de excelencia y por una transferencia de conocimiento real y bien enfocada a las empresas y a la sociedad en general. Hemos abierto una nueva vía de colaboración tecnológica con el territorio”.

 

Fuente: modificado de Interempresas.net

 


 
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